Libro del conosçimiento de todos los reynos y tierras y señoríos que son por el mundo y de las señales y armas que han cada tierra y señorío por sy y de los reyes y señores que los porueen · Capítulo real 10 de 15
XLIII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
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P. 63, r. 7, et p.jss.: preste juan. — Conocida es la historia de losfantásticos y celebres monarcas de ese nombre ; pero á mi juicio, nuestro franciscano es el primero que, á pesar de los informes debidos á sus hermanos Pian de Carpini y Ruisbrock, coloca al preste Juan definitivamenre en la Abisinia, donde siglos después la fueron á buscar y creyeron hallarlo los portugueses.
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P. 63, r. 10: quémame con fuego en señal de cruz. — Edris dice de los del país de Lemlem: «Los habitantes son judíos y en su mayor parte ignorantes é impíos. Al llegar á su pubertad se estigmatizan la cara y las sienes con fuego. »
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P. 63, r. 17: z dixeronme en esta cildat de gr anfión a que fueron [y] traídos los gir.oueses que escaparon de la galea que se quebró en atnenuan z de la otra galea que escapo nunca sopieron que se fizo. — La conformidad, en el fondo, de este pasaje con el tan conocido y cuestionado del Itinerario de Usodimare (Ántoniotto da Nolla), relativo á una expedición genovesa á la India, intentada á fines del siglo xm, y con un capítulo de carta del mismo navegante á sus hermanos y acreedores, fecha en Lisboa á 2 de diciembre de 1455, es evidente. Consta en aquél, según Graverg de Herasó (Ann. di Geogr., cct., t. 11, p. 287), que el « Año de 1281 (1) zarparon del puerto de Génova dos galeras mandadas
(1) El Sr. D'Avezac hubo de consultar una copia del Itinerario sacada del ms. que se conserva en los R. Arch. de Turin, en la cual está el año de 1290 por el de 1281, pero creo que haga m.'s fe que esc traslado el texto de Graverg de Hcmsó,
por D. Vadino y Guido de Vivaldo con propósito de ir, por Levante, á las partes de la India; las cuales galeras navegaron mucho. Pero cuando fueron en este mar de Ghinoia, una de ellas varó, de suerte que no pudo proseguir en su camino; la otra, sin embargo, continuó por este mar hasta una ciudad de Etiopia por nombre Menam, cuyos habitantes, que son cristianos subditos del Preste-Juan, se apoderaron de los tripulantes, reduciéndolos á tan estrecho cautiverio, que ninguno pudo regresar á su patria. La ciudad de Menam está en la marina cerca del rio Sion. » Y dice la carta: «me encontré allí [un lugar de la costa de Scngambia] con un compatriota — creo que de los de aquella galera de los Vivaldi que se perdió hace 170 años — el cual me dijo que sólo él quedaba de la descendencia (semine) de los náufragos cautivos.»
Ahora bien, si las noticias de Usodimare, consignadas 170 años después de los sucesos á que alude, se han considerado suficientes para completar la historia de la expedición náutica genovesa á la India, de que nos hablan los Anales de Jacobo Doria en el año de 1 291, es de suponer que el pasaje de nuestro texto, se admita no sólo como comprobante del hecho principal indicado por el marino genovés, sino también y en razón de su mayor antigüedad, como más genuino y auténtico, y con autoridad bastante para rectificar al Itinerario y carta en varios pormenores de especial interés; en cuyo caso las dos galeras de Teodosio Doria y Ugolino de Vivalvo que zarparon de Genova por el mes de mayo del dicho año de 1291 con rumbo al estrecho de Gibraltar é intento de abrir camino á la India por el Océano, habrían pasado de Gozóla (Djezula), en la costa de África, y llegado salvos hasta Memnan ó Amenuan, ciudad de la costa setentrional del golfo de Guinea; perdida en este punto una de ellas y hechos sus tripulantes prisioneros y conducidos al interior, la otra continuada navegando, sin que hasta hoy nada se haya sabido de su suerte. La de los náufragos debió ser, en efecto, la que indica Antoniotto da Nolla, pues más adelante,
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(p. 67, r. 16) vuelve el franciscano sobre el mismo asunto con estas palabras: en esta cibdat de magdasor me dixeron de un ginoues que dixeron sor leonis [ó Sant Leonis. cód. R.) que fuera y en busca de <u padre que fuera en [las] doss galeas de que ya conté de suso z friéronle toda onrra z este sor leonis quysiera traspasar al inperio degraciona a buscar a su padre z este emperador de magdasor non le consintió ir porque la y da era dubdota porque el camino es peligroso.
Acerca de la expedición ó expediciones genovesas á la India emprendidas á fines del siglo xín, consúltense los Nouv. ann. des voy. Sct. 1859, ps. 257-289; Revista Europea, 2 de Mayo de 1875, y Revuc Critique ÍHist. ct de Litt., 12 de Junio de 1875.
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P. 68, r. ii; Parti del imperio de magdasor. — El primordial interés de este libro se encierra indudablemente en la descripción de lo» países africanos que caen al S. del Atlas, y en la enumeración de las islas de Canaria, Madera y Azores, comprendidas todas ellas bajo los calificativos de Perdidas y de la Caridat (Kalidat ó Al Kalidat de los geógrafos arábigos). Hasta hoy, el mapa florentino (1351) publicado por Baldclli en su edición del Marco Polo, el de los venecianos Francisco y Domingo Pizigani (1367) y el anónimo catalán ó mallorquín (1375- 1378), copia casi amplificada del veneciano, ó procedente, por los menos, de la misma escuela cartográfica, eran los documentos que más adelantaban la Historia en el conocimiento de dichas islas, sobre todo las Azores, que antes del hallazgo de algunos de esos mapas se creían descubiertas por los portugueses hácia los años de 1433 (1). Nuestro autor no sólo precede á los Pizigani y al cosmógrafo mallorquín en un decenio ó dos, sino que cuenta diez islas más que este último, completando el número de las que
(1) El mapa catalán de Valsee ua (143 1) fija su descubrimiento por Diego de Sevilla, piloto español al servicio del rey de Portugal, en 1+27.
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corresponden á cada uno de aquellos archipiélagos; de lo cual sin violencia se deduce que los barcos genoveses, aragoneses y castellanos debian frecuentarlos ya durante los siglos xm y xiv. No hablemos de los marroquíes y árabes españoles, uno de cuyos geógrafos, Abu-l-Hassan Narcdinlbn Said, señala ya en 1274 veinticuatro islas Afortunadas al occidente del Magreb, aunque no las nombra.
Por lo que hace al continente africano, los datos son todavía de más novedad é importancia. Consiste uno de ellos en la clara y puntual definición del famoso Rio del Oro, el Niger de Ptolomco y Plinio y de Marino Sañudo (1321); el NH Gana, de los antiguos geógrafos árabes; el Palo'us de los Pizigani ; el Ría de rOrdcl mapa mallorquin ; el Fluvius áureas del planisferio Borgiano (1452), cuyo desagüe en el Atlántico tanto ha dado que hacer al erudito, entusiasta é ingeniosísimo mantenedor de a prioridade dos descobrimentos fortuguesex na costa d'jffrica occidental. Acaso el Sr. Vizconde de Santarcm, con vista de alguno de los textos que publicamos aquí, hubiera modificado sus opiniones en el asunto; y no digo de seguro, porque ya con las noticias consignadas en el extracto del «Libro del Conoscimicnto de los Reinos z Señoríos, etc.,» inserto en la Crónica de la conquista de las islas de Canaria, tuvo bastante para dudar siquiera en que nadie, antes de sus compatriotas, conociera las costas africanas allende el cabo Bojador, y que el rio del Oro no estuviera al Mediodía de dicho cabo; y sin embargo, lejos de dudarlo ó por lo menos discutirlo, ocultó de aquellas noticias (perdóneme su ilustre memoria) todo cuanto se oponia á su modo de ver, permitiéndose respecto de las que tomaba, cuando así le convenia, ciertas interpretaciones opuestas enteramente al sentido literal, explícito é incuestionable del citado extracto (1).
(i) Mem. sobre a prioridade, etc., p. 159 de la cd. portuguesa y 170-171 de la ed. francesa. Si el Sr. Vizconde rectificó después tibiamente acerca de este particular, fue á consecuencia de atinadas observaciones del Sr. D'Avezac.
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£1 fraile español dice ahora, sin intermedio de traductores ni de intérpretes, que el Rio del Oro es un brazo que se parte del Nilo, con este mismo nombre ó con aquél, y corre de Oriente á Poniente, desembocando á ochocientas y tantas millas (i) al Se del cabo Bojador, las cuales son todas de tierra deshabitada: en sus riberas se coge el oro y el alanbar (ámbar gris), y se crian los grandes marfiles (elefantes), y de allí llevan los mercaderes los huesos y dientes de ellos. ¿Quién no reconoce en esta descripción el Nigris ó el Ntllo de los Negros, el (¿anega de la Crónica de Azurara, el Senegal, en fin, tal y como se lo figuraban los marinos de don Enrique el Navegante, y lo trazó Fra Mauro en su bellísimo mapamundi por las noticias que aquéllos le suministraron, y continuó trazándose hasta mediados del pasado siglo ; no habiendo faltado en nuestros tiempos quien sostuviera respecto de él las ideas de Plinio (2): rio semifantástico, fabuloso al nacer, desconocido en su curso y real y efectivo al morir en el Océano unido al Gambia, cual si fuesen entrambos dos brazos semejantes á los que determinan el delta del verdadero Nilo. La costa desde el cabo Bojador al Senegal es, en efecto, despoblada ó poco ménos; su desarrollo, por el cual hay que medir la distancia entre uno y otro punto, pues en aquella época se navegaba casi siempre á tierra, se aproxima al término medio que arrojan los tres números 800, 860 y 870, es decir, unos 14°; el oro en aquel rio se encuentra, y de aquella región y otra más al interior íe llevaba en abundancia al imperio de Marruecos; el ámbar gris abunda en aquellas costas de manera, que los de Cabo Blanco calafateaban con él sus embarcaciones; y en cuanto al marfil, Azurara refiere que allí lo encontraron sus paisanos, los compañeros de Gómez Pirez, y por cierto dando á entender que desconocía el tráfico que por aquella parte de Africa
(1) 860 dice el cód. S. ; 800 el cód. R. , y 870 el cód. N., variantes estas últimas, originadas, sin duda, de una mala lección del copista, y que ámí se me olvidó anotar en el lugar correspondiente.
(z) Jakson, An acount of tke empirt of Moroco, etc.
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se hacía de este precioso género, cosa sabida ya de nuestro franciscano.
No cesan aquí sus noticias acerca de la costa que vamos recorriendo. Pasado el Rio del Oro y andado gran camino, guardando siempre la ribera, hállase una isla llamada Gropis (Orango ó alguna otra de las Bisagots), y después, navegando hácia Levante, ó mejor dicho, inclinándose hácia ese rumbo, se encuentra otra isla, la de Ouiblc (Xerbor ó Cherbor), dejada la cual á mano derecha y tomando en dirección de la costa, aparece un monte muy alto (comparado, naturalmente, con el resto del litoral), por nombre Alboch (Sierra Leona), de donde nace un rio muy grande (el Kamaranka ? ) que pertenece á Gotonie, reino extensísimo, limitado por el Rio del Oro, el mar Océano y un golfo de quince jornadas de fondo, ó sean 1.500 millas (1), en el cual hay tres islas. ¿No es este el Golfo de Guinea, el Sinus atkiopkusy figurado por primera vez en los planisferios Borgiano y de Fra Mauro (1457-1459), si es que no debe considerarse como tal la inmensa escotadura que presenta la cos:a africana al Sur del Nilo occidental en el mapa florentino de 135 1? .
A partir de estos lugares, sin embargo, confieso, como no puedo menos de confesar, que el relato del fraile español es confuso é incierta su ruta. El reino de Amenuan con las ciudades que en él enumera después de atravesar el golfo de quince jornadas, yo no las hallo sino en la costa septentrional del golfo; y aunque su Eufrates sea el Kuara continuado, no por el Dxoliba ó Djoli-Ba, sino por el Txada ó Binué al E., y conforme á la manera de ver de los cosmógrafos antiguos, considérase los afluentes como brazos — lo cual, dicho sea de pasada, es opinión vul-
(1) Hago esta cuenta por un tratado de Geografía arábigo y traducido al castellano, á mi juicio, en el siglo UTI, donde al describir el Mar Verde (V. Vocabulario Geográfico), se dice: « que la anchura desta mar es ochocientas leguas, que son dos mili z quatrocientas millas, que son veynte z quatro jornadas por mar con viento razonable.»
gar todavía entre los pueblos de África — tomando al Dxoliba y al Kuara por una bifurcación del Binué ( los dos brazos que circunrodean todo el reyno de Amenuan) y al Asinié ó al Volta, dirigidos imaginariamente hasta el Dxoliba , por el otro brazo que entra por medio de dicho reino, áun en este caso, repito, y en el de que Graciona corresponda al antiguo Burnú ó Burney y Malsa á la capital de A ni sin i a, no acierto con el rio Gion ni con aquellos sus dos brazos que corren el uno al Mediodía á meterse en el mar de India, el otro á desaguar en el golfo de Aden. Y no se me olvida el Nil Makadechu de Edris y Abulfeda, ni que en el mapa de los hermanos Pizigani hay por esas partes un rio Gion ; pero aquél no se bifurca y desemboca muy al S. cerca del Ecuador, y éste termina en el Nilo de Egipto y representa bastante bien el Nilo Azul ó Bar el Asrak (i). Tampoco me
(i) En el planisferio metálico del museo Borgiano, sirviendo de confínes á la región austro-oriental del Africa comprendida entre el golfo de Aden y el mare Etiope, representado por un seno de regular magnitud y de forma ovalada, hay unos montes que recuerdan las tierras del polo antartico de nuestro texto. Hacia la mitad de ellos y dejando por Oriente la provincia de Ojfir , y luego más hácia el Norte, los montes aurei, nace el Nilo Jlwvius ¡xrmaximus , que á la altura de los Montes del Oro manda un brazo en dirección de NE. á SO. que va á desembocar en el Océano meridional al Oriente y junto al mar Etiópico. Dicho brazo parece un bosquejo del Eufrates del franciscano español.
Menciono estas coincidencias , no tanto por lo curiosas , cuanto porque se fundan en datos omitidos por el Sr. Lelewel al describir, el planisferio Borgiano en su Geografía de la Edad-media (T. n, ps. 96-103). Es verdad que no lo conocía sino por el trabajo de Heerem, publicado acerca del mismo documento, pero como en su descripción el geógrafo polaco no hace más que apuntar los conceptos del sabio historiador alemán , sin perjuicio de razonadas advertencias, es muy prooable que aquellos datos falten en este también, como faltan muchos otros de innegable importancia, de los cuales me atreveré á consignar los respectivos á la hidrografía africana, por lo que interesan á nuestra cuestión.
Después de nacer el Nilo /. perm. en la forma que dejo expresada y de enviar una parte de sus aguas al Océano austral, continúa describiendo un arco de círculo con su cuerda al Oriente, hasta verterse en el Mediterráneo por dos bocas, en cuyas cercanías se ven representadas las ciudades de Damascus (mala lección quizá
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explico el que una de las islas del golfo de Aden sea la de Zinzibar y ninguna de ellas la de Socotra. ¿Vendrá aquel nombre del acíbar, cibar (as-sabár), droga que por criarse tan fina en dicha isla, la dió fama, y por su procedencia se llamó cccotrí ó socotri? De otro modo, es preciso suponer que nuestro buen franciscano se figuraba viajar por una tierra dispuesta poco más 6 m<5- nos como lo está la parte oriental de Africa en el mapa de Marino Sañudo ( 1 3 2 1 ), si bien aquí Aden no es la mayor de las tres islas .