Libro del conosçimiento de todos los reynos y tierras y señoríos que son por el mundo y de las señales y armas que han cada tierra y señorío por sy y de los reyes y señores que los porueen · Capítulo real 8 de 15

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Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

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P. 54, r. 4: oro en los formigueros. — Discutiendo, hace ya tiempo [Revista Europea, 2 mayo, 1875], con el Sr. Morel-Fatio acerca de la veracidad ae nuestro franciscano, y con motivo de cierto pasaje del extracto de su libro hecho por los capellanes de Bethencourt, donde se lee: « Et selon que dit le liure du Frére quand ils furent la oú ils trouuerent fremis sur le riuage du fleuue [de l'or], dontles fermis estoient moult grands, qui tiroient grauellc d'or de dessoubs la terre, etc.», manifesté que «entendía no ser imposible que en aquellas regiones [de África], como en las indicadas por Heródoto, Estrabon, Mela y Plinio (1), haya hormigas, ú otros animales mayores, tomados por tales, que saquen afuera de sus guaridas, al cavarlas en las playas ú otros depósitos auríferos, pepitas, granos ó pajuelas del codiciado metal, facilitando así el trabajo del hombre ó indicándole los sitios donde aquél más abunda. En la Historia geográfica é hidrográfica del reino de Chile, escrita por órden del Sr. Gobernador Amat y Juinent, en 1760, y dirigida con carácter de oficial al rey Carlos III, se habla del curioso hallazgo de las minas de oro de Huillipatahua , hecho en 1 751, de esta manera: «Este mineral se descubrió ha tiempo de nueve » años por acaso; y fué en el llano, aunque no tiene agua cor- » riente, pero á pocas varas da en agua de las vertientes de las * lomas que le circuyen, razón por qué hay cangrejeras, que son

(1) Brunetto Latini pone también hormigas que sacan oro en Etiopia. (El Ttsoro, cap. clxxxij. De la formiga. — Cóá. castellanos.) S¡ no estoy trascordado, creo que también las figura en la Etiopia oriental el planisferio de Hercford (siglo xm).

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» bocas de cuevas de ciertos camarones, que no son de rio, sino de » aguas subterráneas. Estos cangrejos se alimentan chupando lo » subtil del barro, y el que desjugan arrojan por la boca ó lumbrera j de la cueva, de cuya continuación se levanta una torre cilín- " drica de barro lavado, en cada boca de las muchas que hay. £1 o modo de cazar estos camarones es dejarles caer pendiente una » carnada, y luego que la muerden suspenderlos. Sucedió, pues, ." que estando en este ejercicio persona advertida, conoció que »lo que brillaba en el barro era oro, y poniendo mayor cuidado »sc comprendió que en todo el valle pintaba este metal. »

El Sr. Morcl-Fatio, al replicarme, tomó mis palabras y esta cita como una defensa délas hormigas de Heródoto y del fraile — y probablemente también de las de Juan de Mandevüle. — Puede que me haya explicado mal, pero me parece que el sentido más recto de aquéllas no era sino este otro: que el trabajo natural de ciertos animales reales y efectivos, hormigas ó lo que fueren, podia facilitar la busca y hallazgo de los depósitos de oro y su beneficio. ¿Y para qué habia yo de defender los fabulosos instintos y hechos de las hormigas del célebre escritor griego y de los demás que le han creido y copiado, si el franciscano no alude á aquéllos en lo más mínimo? Su texto, no el de los capellanes de Bethencourt, es como sigue: ciz cojen [los mercadores] oro en los formigueros que fazen las formigas Ribera del Rio z las formigas son grandes como gatos z sacan mucha tierra. » ¿Qué hay aquí de extraordinario, fuera del tamaño de las hormigas ?

Sabida cosa es que el oro de aluvión ó corrido, como decian nuestros antiguos mineros americanos, se halla tanto más abundante y grueso, cuanto más se ahonda en el terreno donde yace; los atrevidos traficantes y marinos de la costa occidental de África iban á su negocio con gran riesgo, y, por ende, á la ligera; si ellos sabian que en determinados parajes se encontraban amontonadas por obra de cualquier animal á flor de tierra cantidades de la más profunda y más rica del depósito, claro está que allí

acudirían de preferencia á buscar el metal, con ahorro de tiempo, de hambres y de conflictos con los naturales.