Memoria sobre educación común · Capítulo real 6 de 7
CAPITULO V
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO V.
Tócame ya tratar de la parte más interesante i delicada que ofrece la cuentón de la enseñaniía primaria en Chile, a saber, los obstáculos que impiden actnaimente el establecimiento de un sistema regular de enseñanza, i los medios de combatirlos.
Esos obstáculos son numerosos, algunos calificados ya de invencibles^ i todos se hallan estre^ chámente ligados i mancomunados, por decirlo asi, para reducir la ifistíucoion ül círculo estirecho i mezquino íen que yace. Es toenester desterrarlos todos o no d^terfar ninguno, porque ía subsistencia de uno solo dejariaen el sistema tiíi vacio que le inutilizaría completamente. Pero, lo diré de una vez^ esos obstáculos no son invencibles, son de fácil remedio ; ninguno exíje par^ su remoción medidas contrarias a la justicia, iíal bi^ sentido, ni que excedan a las atribuciones dalos s^0» poderes del £st^^ : vdlühtad p^tB,
-^ 84 — hacer el bien de la patria, i comprender los verdaderos intereses de ésta, es todo lo qué se necesita.
Al mismo tiempo de esponer a la consideración cada uno de dichos obstáculos, espresaré el arbitrio que juzgo mas oportuno i eficaz para removerlo.
Falta de preceptores Idóneos.
Un hecho desconsolador se presenta a nuestra vista al echar una ojeada sobre la condición de los preceptores que rijen nuestras escuelas, i es que su nombramiento i remoción pende de los visitadores i subdelegados i se efectúa sin ningún jénero de formalidades. Este hecho nos revela la poca consideración en que aquellos son tenidos, lo cual debe nacer sin duda de sus escasas aptitudes, i asimismo que la enseñanza, sujeta a una sucesión constante de personas, carece de unidad i consecuencia^ es decir, de toda probabilidad de un éxito plausible.!
Con efecto^ si examinamos las aptitudes de dichos preceptores, las encontraremos reducidas en la mayor parte de ellos a una lectura viciosa, letra imperfecta i a unas cortas nociones de aritmética : tales preceptores^ consultando menos su capacidad profesional que la necesidad de una ocupación cualquiera para subsistir, se deciden por el profesorado primario, como que es entre nosotros una carrera espedita, i se ponen a comunicar ala infancia sus rutinarios conocímien*
— estos. De ahí es que una profesión noble en sí misma í tan digna de envidia, haya sido mirada con desprecio i reputada oscura i baja. Sin embargo, la atención que está mereciendo de las autoridades^ i el establecimiento Normal, de cuyo seno han salido ya jóvenes de algunas aptitudes, prometen elevarla al rango i respetabilidad que reclama, mediante una organización radical en su sistema.
La escuela Normal, según su plan de estudios, no puede, a mi entender, suministrar a la Repáblica preceptores primarios verdaderamente tales, Muí grato es anunciar los bienes que ese establecimiento promete al pais, pero yo he preferido estudiar sus faltas, i por desagradable que me sea, no me decidiré a callarlas^ desde que creo haberlas descubierto.
En la escuela Normal hai mas estudios superfinos que necesarios i compatibles con la profesión del preceptorado : aquellos impiden ademas el aprovechamiento en estos. £1 alumno cultiva alli dieziocho ramo», i el tiempo que en ello emplea son tres años. Hace, pues, un estudio rápido, que no puede suministrarle sino nociones incompletas, que le da en estensionj lo que le quita en exactitud. Ademas, en ese conjunto de ramos faltan algunos de todo punto indispensables al preceptorado : por manera que si algo demuestra tanto estudio respecto del alumno, es su incapacidad para preceptor. Si esto no es exacto^ nómbreseme dos de los que cursan actualmente o han salido ya destinados, que^ por
— 86 — ^mphy e0Cf iban con reguIaFidHd su i<Moma nativo ; i sí no los hai, como creo, puedo afirmar qáé sus aptitudes ño están en consonancia con su titulo de '^preceptores primapíos/^
No tengo empeño en desacreditar capticidades' ajenas, mucho menos respecto de jóvenes que han abrazado una earrefft amarga por k)d sacrrfícíos que exije i tan fecunda en bienes para lu patria, i entre los cuales tengo la hefíra de contar mis amigos toas queridos. Pero el interés qae inspira su augusta profesión me impone el d^ber de espresar con franqueza mis convicciones, ahogando momentáneamente en mi pecho las simpatías que a cada uno de ellos profeso. Por otra parte, el que recibe la enseñanza no es culpable de los vados o vicios que ésta encierra, como no lo son tampoco los elejidos para darla, sino la autoridad que la ordena.
Yo pienso que al organizar la escuela de preceptores ha debido precederse con la reflexión i tino mas profundos : ella es el plantel mas interesante que puede poseer un pais, pues está destinado nada menos que a formar las costumbres i carácter de los individuos, a cambiar la faz de los pueblos por medio de la ilustración de todas íás ciases : la profesión que alli se aprende es un verdadero sacerdocio, no sagrado como el eclesiástico, pero no menos santo i de una influencia ihas positiva en la ventura de los pueblos,
E:^ indudable que cuanta mas erudición tengan nuestros preceptores, de tatito mas lustre i respetabilidad revestirán sti profesión; peros! no
_ 87 — Be amplia e) término del aprendizaje, dándose preferente colocación a ciertos ramos indispensables que aquella requiere, nunca veremos en nuestras escuelas sino hombres medianoS;^ i seguiremos corriendo el peligro de sacar, en vez de virtuosos preceptores de escuela, sabios superficiales que pueden dejenerar en perniciosos pedantes.
Permítome indicar que se establezca en la escuela de preceptores el estudio de los diez ramos que he espresado; dándose, si se quiere, después de ellos i mediante una ampliación del término prefijado en la planta oficial, cabida ál de los demás ramos que se quiera preferir.
No hai una institución social a cuyo desarrollo deba propender se con mas decisión i prontitud que la instrucción primaria. De un golpe conviene establecer en la República un buen sistema de enseñanza que acabe con esa serie interminable de medidas parciales que, a guisa de remiendos, van dejando siempre en la institución sus defectos capitales ; i el primer paso conducente a este fin es aumentar el número de cursantes dé la Narmal hasta doscientos por lo menos. El local puede a mui pocd costa prestarse cómodamente a tal aumento.
Falta de textor.
' La instrucción escolar requiere, como la colé* jial, textos adecuados en que hacer el estudio de sus ramos : sin esos textos ella vejetaria perpe-
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tuamente en su actual estado de rutina ; no se podrá fijar un plan para todas las escuelas, uniformar la doctrina, regularizar sus clases de- estudios ; requisitos todos indispensables al progreso de la instrucción. La verdad es una, i debemos investigarla i alcanzarla recorriendo una sola via. De donde provienen tantas opiniones caprichosas i absurdas sino de la variedad de doctrina sobre una misma materia en que los hombres se han nutrido!
Conviene, pues, establecer que la doctrina elemental sea uniforme, esto es, que la enseñanza se dé en todas las escuelas por unos mismos textos i observando métodos semejantes.
No es esto pretender que se sujete la instrucción escolar a una estabilidad dañosa a su progreso : de ninguna manera. Ojalá en cada curso aparecieran nuevos i mejores textos de enseñanza, que en el acto se pospondrían los antiguos a los mas a propósito ; siendo tal sustitución adoptada uniyersalmente.
Uno de los trabajos que deben preceder a la organización de las escuelas es, por consiguiente, la formación de textos. Yo indicaría que se hiciese por comisiones de uno o mas individuos nombradas privadamente ; encargando después a otra, elejida por el consejo universitario, examinar el trabajo i proponer la recompensa pecuniaria que su autor mereciese. £1 término dado para el trabajo no deberla pasar de dieziocho meses.
Para la formación de textos debe tomarse en
— 89 ~ cuenta el tiempo que dura cada curso de instrucción i los ramos que ésta comprende, i asimismo que no es conveniente cargar a los niños con largos estudios de memoria. Breve i comprensiva la parte que baya de estudiarse, puede sin embargo ser ilustrada estensamente por medio de notas que los alumnos lean i mediten; lo cual, unido alas esplicaciones i desenvolvimiento que el maestro haga de la doctrina, hará profundo el estudio de ella.
No debiendo ser la instrucción primaria sino gratuita i gratuita, hasta el punto de que los alumnos solo costeen lo necesario para su alimento i vestido, el gravamen de comprar los tex-^ tos no ha de pesar sobre ellos. Qué obstáculo para la difusión de las luces i tan odioso a los padres de familia, es éste de los textos! Si dicho gravamen siguiera impuesto a los alumnos, los padres pobres no tendrian como satisfacerlo; i aunque su voluntad estuviera dispuesta a mante-» ner sus hijos en escuela, ese gravamen los retraeria constantemente, calificando la enseñanza primaria de una institución creada solo para ricos. Los padres algo acomodados también laco» brarian ojeriza ; pues aun hoi que no es exhorbitante el costo de los libros exijidos por los preceptores, seles vé estraer sus hijos de la escuela, cansados de las exijencias con que se les molesta a este respecto. Mientras la enseñanza primaria irrogue gastos a los padres de familia» no podemos ambicioiiar que la reciban todos los niños del pais ; siempre la mirarán aquellos
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cqit ^^v^rsion, i £^Dnq^ todind estén peoietrado» (1^ su utUidadt, solp \a^ procurarán para sus hijos los de proporciones desahogadas»
Tampoco debe pesar la compra de textos scti bre los fondos que se decreten para el fomenXq déla instrucción. Suponiendo en las escuelas dies^ ramos de estudio i doscientos mil edu-» ^audos^ el n^wej^o de ejemplares impresos para f^^^?* c^rsp .ascendería a dos millones i medio, porque siempre seria menester reservar una cantí4ad (;;iGti;isi<ierable de ejemplares para r^empla- ^ar a los ioutUÁzados o estraviados : el costo d^ eeio num^^ro tan subido absorveria, pues, mucha pfirte de. aquellos fondos. Semejante medida, a 9li modo de irer innecesaria, puede sustituirse p0r ptra, que seria también de mucho provecha al apren^dizaje de la ortolojia. Tal es la de que \qá ^wmkQB escriban en un cuaderno las leccioryea qu^ hubiesen, de aprender, dictándolas el pre* eípifae^ las horas señaladas a la escritura.
Bu el último trimestre del primer a¿o^ cuando ti alura&o da ya a la letra una £9rma regular, ciando no necesita sino de un ejercicio incesan t te para perfeccionarla^ en lugar de seguir coma al presente copiando muestras, sin otro fruto que apirendcr a trazar con destreza cuatro o seis dicdones, comentaría a escribir bajo el dictado del BMiestro : sin dejar el ejercicio mecánico del pulsa, entraría al verdadero aprendizaje déla escrí'' tuirá, que es también el de la orfolojia. Si es int éídpensahle a este aprendizaje Una práctica diam,l sostenida durante to'lo el curso, dv escritura
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pev dictada, ¿por q\ié no hábHa de didtarte loé mismos textos de enseñanza con preferencia a cualesquiera otros libros que ei maestro eHjiesé? Esta medida, sin introducir ningún^ mievo gadta en el plan que propongo, liberte al erario i á \0ñ ahimnos de un gravamen exhorbitftíite.
Falta de iiilistenia en él i^agró de vt^^ eep^toreii.
Entre las garantías de honrado desempeño áe. los empleados no es insignificante la de una dotación que ponga al empleado a cubierto de Ja riliseria; especialmente, sise trata de aquellos empleos que sujieren medios punibles de adquirir : tales empleos son un verdadero lazo puesto a la probidad de los hombres ; de modo que si éstos, cercados de la necesidad, llegan a mirar la estorcion como un suphemento iejitimo» la culpabilidad debe recaer principalmente sob?e losqtíe proveen dichos empleos : esto es por lo que res^ pecta a la probidad del empleado. Mas el int^réls racismo del servicio exije también qué aquel no^ solo esté a salvo de necesidades, sino que marche siempre estimulado por la recompensa. Todo esto se aplica particularmente a los preceprtore?,' porque son los empleados que, mas que otro^ aí¿ guno, necesitan de poderosos estímulos en étiftt^ tigosa carrera. i
Ya es av-eriguado que una dotación ftja éfíftJ»' variable, poniendo el interés del prec^tof ew opo9ieion con. el de sus di^cipi^los^ impide la cótl^=
^ 92 ~ Gurrencia de educandos ; í que un emolumenii^ eventual, como el que proviene de erogaciones particulares, creando la misma oposición entre «linteres de aquel i el de las ciencias, hace la enseñanza floja e ineficaz, e impide los progresos del aprendizaje. I luego, si aquella dotación fija es algo mezquina i el maestro es hombre de aptitudes, los resultado^ son todavia mas fatales a la difusión de las luces, pues que éste busca^ como es natural, otra carrera mas lucrativa, rompe el pacto que le liga con el Gobierno, se separa de la enseñanza i deja a los alumnos sin maestro ; o si permanece en ella, se consagra a trabajos distintos de la profesión, que descuida como secundaria.
Nada hai mas miserable en Chile que el sueldo de los preceptores, pues en muchos de éstos es inferior al que gozan los porteros de oficina ; i, cosa estraña! nada hai a^ mismo tiempo que cueste mas caro al Estado i a las familias que la enseñanza primaria. Haciendo abstracción de las erogaciones que hacen los alumnos, encontramos que en Santiago se paga por el Fisco i la Municipalidad diez mil i mas pesos para que se enseñe a mil quinientos niños, esto es, se paga como siete pesos anuales por cada un niño ; i sin embargo, la instrucción escolar que se dá en Santiago es cara por dos pesos al año. Pero aunque esa instrucción fuese satisfactoria, comprendiendo siquiera diez ramos perfectamente ensebados, no debería costar en cada niño mas de cinco pesos anuales. Nótase, pues, un mal siste*
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ma en el pago de la enseñanza primaria ; sistema que enjendra abusos, que no crea en el preceptor el interés de admitir niños indijentes, que, si hubiera de prevalecer, haría inútiles las rentas que la nación erogase para el fomento de aquella;
Yo juzgo necesario que, a mas de prohibirse ú los preceptores la admisión de un solo niño pensionista, se establezca que su sueldo este siempre en proporción con el número de educandos, sin que exceda este número de ciento noventa, i que se abone al preceptor cien pesos anuales por cada fracción de treinta alumnos que eduque.
Ligado el preceptor al interés de mantener constantemente en su escuela ciento noventa educandos, para que su renta anual no baje de setecientos pesos, i con medios eficaces de compelerlos a la asistencia ; estimulado, por otra parte, con la esperanza de ^ciertos premios que deben acordársele, es seguro que en el distrito señalado a su escuela no quede un niño en edad de educarse sin concurrir a ella, i que el aprendizaje sea pronto i profundo ; porque todos los intereses quedan asi reunidos, el del empresario, el del obrero, el de los discípulos i el de la ciencia.
El preceptor estará obligado a presentar cada trimestre a la oficina pagadora un certificado del subdelegado de su barrio en que se acredite el número de alumnos que frecuenta el establecimiento, para que en vista de ese credencial, se hagan las alteraciones oportunas respecto del sueldo, en caso de aumento o diminución del nú^ mero concurrente.
l«i|f 9 en la# eMweliM».
También contribuiría aquel sktema a estírpaf cierto espíritu de lujo queae nota en las egcuelas^ fomentado en muchas de ella» por el preceptor i]í^Í3mo, i quie en algunas ha venido a ser un obstáculo iosuperable para recibir enseñariza ; obs** táculo que por supuesto pesa solo sobre la clase mas numerosa de la sociedad, la pobre, i priva de la educación a aquellos seres mas digaos dti recibirla.
Algunos preceptores llevan ese espirita hasta lo estravagante, pues toleran en sus escuelas, por no decir crean i prptejen ciertas distinciones i prerogativas que enjendran entre los alumnos animosidades que auelen dejenerar en riñas ^1).
Exijir de todos Iqs niños rigorosa decencia para ser admitidos en escuela, es imponerles una condición que muchos de ellos no podrán llenar ; es negarles cruel e infundadamente la participa* cion de un beneficio institiiido para todos. En otros tiempos no reinaba tan funesta aberración
(1) He Visto en una eFCUela tres partidos clasificados con ixiuófao estudio ; a saber, el de los caballeros, de alumnos de íntL deodnda intachable ; el de lop obreros, cuyos individuos yestian un traje bastante aseado, pero mui inferior al de los primeros en calidad : el tercer partido se denominaba los canilludos i se componía de unos pocos niños estremada mente pobres. Este último partido se veía en un sitio apartado de loe ótrós dos i «ra cohstantemente blanco de dicterios ofensivos dirijidos por katdtasolaées, i de cierta malevolencia de parte del preceptor.
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entre las preceptores : ningún niño, por misera-f ble que foese su traje, era escluido de las escuelas ; los maestros aceptaban el poncho lo miémb que la capa, i en todos los niños, ricos o pobres, blancos o negros, veian otros tantos compatriotas swyos, hijos de una República jenerosa i consecuente.
. He dicho que el método que propongo respecto del pago de los sueldos tiende a hacer desaparecer ese espíritu de lujo, tan pernicioso a la difusión de la enseñanza ; i en efecto, siendo prohibido a los preceptores recibir alumnos pensionistas, no tienen lugar de escojer entre pudientes i menesterosos ; todos son a su vista de un mismo rango, pues les dejan todos igual beneficio; su único interés se cifra en llegar al máximun señalado, para que su renta sea satisfactoria.
Ü'alta de Toluntatl para redimir «ni* tsefianza.
Otro de los obstáculos que embarazan en nuestro país la difusión de la enseñanza primaria es la incuria de algunos padres i la resistencia de otros para mandar a sus hijos a los establecimientos de instrucción. Esto sucede mas comunmente en el Campo, i hai cierta época del año en que esa re-. sistencia es tan jeneral e invencible^ que las es-, cuelas tienen que permanecer cerradas. Semejaííte fenómeno nace de la incapacidad de los padres de familia para apreciar los beneficios que la instrucción trae al individuo i a las sociedades^
— S6 -- i de la costumbre de servirse de sus hijos en sus labores domésticas, siendo tal la ayuda que estos les prestan desde la edad tierna, que para los padres todo es posponible al interés de mantenerlos a su lado.
Pero éste orden de cosas ofrece un aspecto mas triste, desde que se está sintiendo en el pais escasez de brazos para todas las industrias, porque ya no son solo los padres los que exijen de sus hijos infantes cooperación en los trabajos, son también todos cuantos necesitan de ajeno brazo para proseguir una construcción, una labor, una empresa, i la infancia acude presurosa a tomar un titulo i un salario no que pueden ponerse en parangón con el provecho que déla educación reportarla.
En vano será tratar de sistemar convenientemente la instrucción primaria, de proporcionar excelentes profesores, cómodos locales i los útiles necesarios para la difusión de aquella ; en vano arbitrar pingües rentas para estos objetos ; porque todos los sacrificios serán estériles, si los niños, ocupados durante el dia en distintos quehaceres, no asisten a recibir esa enseñanza con que se les convida.
£1 obstáculo de que me ocupo es para mi el mas terrible, porque los hombres eminentes del pais lo miran con respeto. Algunos de ellos le conceden tal poder i fuerza, que en su sentir solo la lenta acción del tiempo llegará algún dia a removerlo completamente, i pretenden que cual-^ quiera medida que se tome para comunicar dé
— 97 — pronto ala enseñanza primaria todo el desarrollo que se desea, no tendrá entre nosotros efectos perceptibles, por ese obstáculo. Otros, respetándole igualmente, buscan, sin embargo, algún paliativo con que evitar en parte el daño que los padres hacen a sus hijos absteniéndolos de asistir a los establecimientos de educación, i proponen el sistema de escuelas temporales, establecido en algunos paises. Todos piensan que el emplear medidas directas para extinguirlo seria altamente atentatorio a la libertad individual.
Yo acato esas opiniones ; pero estoi distante de seguirlas, i creo por el contrario que debemos rechazar en esta materia todo jénero de transacción con los padres que privan a su descenden^ cia de una educación que a ellos nada cuesta, i que debemos establecer la asistencia compulsoria.
Toda medida directa, es decir, toda lei es con efecto un mal, eñ cuanto coarta la independencia i libertad de los individuos i tiende a aumentar el poder de la autoridad pública; pero también es un principio de necesaria aplicación que la lei debe darse, si la suma de bienes que puede producir es mayor que aquel mal.
Tratamos aqui de hacer compulsoria la asistencia a las escuelas, o lo que es lo mismo, de quitar a los padres de familia su potestad sobre los hijos durante un corto período de tiempo^ imponiéndoles ademas ciertas obligaciones i conminandole3 con penas para su observancia : tratamos de aumentar el poder de la autoridad pública,
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estoadiéndolo hasta el recinto de los intereses domésticos.
A primera vista parece que este proyecto pugna con el buen sentido ; que nada puede haber que compense a los padres el sacriñcio que se trata de exij irles, i que justifique por otra parte ese aumento de poder en la autoridad pública, siendo que esta es tan minuciosa i detallada en su acción, i lleva tales tendencias a invadir todos los derechos individuales, que los hombres deben mostrarse recelosos de ella i adorar mas que nunca su propia libertad. Mas, recordando los bienes que reportarían las familias i la sociedad de la educación de nuestros niños ; recordando que la aversión a la enseñanza gratuita solo nace de un inconcebible egoísmo i de ignorancia despreciable, ¿quién puede desconocer que ese proyecto^ por severo que sea, tiene en su favor razones incontrastables de conveniencia i de justicia?
Yo no encuentro medio de conciliar las cosas. La autoridad pública^ debiendo cuidar asi de lo que atañe al interés jeneral de la nación, como del destino de cada individuo, tiene obligación de formar los sentimientos e ideas de las jenera* cienes, ¿i cómo realizar el cumplimiento de esta obligación, dejando a voluntad de los padres la asistencia a las escuelas? Si se establece una enseñanza regular i gratuita, que sirva de base indispensable para todas las carreras de la vida social, ¿no sería una anomalía atroz el permitir quf^ loa padres, por un egoísmo punible, burlarán
^9» -^ la« expectativas de la patria, que se esfuerza eh dar a sus hijos el mas grande de los bienes, la educación uniformen
Ademas, sin el sistema de asistencia compulsoria, establecido por todo gobierno que ha deseado regularizar la primera enseñanza, a despecho de la resistencia de los padres^ no sé como podrían los preceptores evitar que el máximun de los alumnos, que tanto les interesa mantener íntegro, disminuyese considerablemente encada año; no sé como habría justicia para exijir de ellos que el examen anual de dichos alumnos fuese satisfactorio ; ni menos que en el quinquenio fatal, que debe comprender cada Curso, dé terminado completamente el aprendizaje.
Creo, pues, 16] ico i necesario el declarar a los padres de familia, que viven a una distancia moderada dé las escuelas, en la obligación de enviar sus hijos a recibir enseñanza; obligación que no quebrantarán por pretesto alguno, so pena de declarárseles incursos en multas que deben redoblarse por casos de reincidencia.
Para hacer efectiva esa obligación, el preceptor procederá de acuerdo con el subdelegado o inspector de su distrito. Cuando al preceptor conste que la inasistencia no proviene de enfermedad o muerte del discípulo, la denunciará al subdelegado o inspector para que aperciba a los padres o cuidadores del alumno inasistente con la fexaccion de una multa, si este no sigue concurriendo al establecimiento, o pp,ra que la haga efectiva, en caso de reincidencict. fiíistaré á eirtogr
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fancionarios la esposiciaa del preceptor para proceder.
Dlüemlnaeloii de liaMtaiiteii.
La diseminación en que viven muchas familias por nuestros campos, a gran distancia de las poblaciones^ es otra causa que impide se estienda a todos los niños la enseñanza primaria. Este obstáculo no podrá removerse en virtud de un aumento numeroso de escuelas, ni con él arbitrio de hacer cumpulsoria la asistencia de los alumnos : es necesario que se emplee alguna medida especial en su remoción.
No seria justo ciertamente que al instituir para todos los pueblos de la República una regular enseñanza^ nos olvidáramos de esos pobres niños, que por su residencia distante de las poblacionesj no pueden concurrir a recibirla. Si a ellos no es dable remover el obstáculo material que los aparta de los establecimientos, deber es del Gobierno suministrarles algún espediente que, allaiíando esa dificultad, los ponga en actitud de participar de un bien instituido para todos; (le otro modo se dejaría en el sistema un vacio cuyas consecuencias pesaran sobre aquellos habitantes mas dignos de interés, por la soledad i desamparo en que viven.
No puedo calcular qué número de niños en edad de educarse se encuentre en esas familias ; es de creer que sea subido ; en tal caso, la medida que a mi juicio debe adpptarse^ para remover
— 101 ^ el inconveniente de que hablo, no puede menos de ser parcial, i aun asi, ella absorverá parte mui considerable de los fondos que se destinen a la instrucción, si bien los resultados compensarán ventajosamente la consagración de esa parte de fondos.
Establecer en el pais pupilajes, sujeto^ al plan de enseñanza uniforme i organizados en tres grandes escuelas^ para los niños que residan a una larga distancia de los establecimientos primarios, es a mi ver el medio único de salvar aquel inconveniente.
La planta i dotación de los empleados para cada escuela será la siguiente :
ESCUELA DE SAIÍTIAGO.
Un capellán tesorero $ 700
Seis preceptores con 700 pesos
anuales cada uno ;; 4200
Seiscientos alumnos con 60 pesos
id. id • . . ;^ 36000
Un cocinero ;; 84
Seis ayudantes de cocina con 60
pesos id.id ; ;^ 360
Dos sirvientes con 48 pesos id. id. ;; Q^
Para gastos estraordinarios de la
escuela yy 4000
Costo de la escuela de Santiago. $ 45340 Id. de otra id para Concepción . . ;; 45340 Id. de otra id. para Coquimbo.. ;; 45340
■»ii. ■ II I * Total $ 136020
So^orbit^nte se hallará este gasto para educar a mil ochocientos niños. Ciertamente, el número de educandos está mui lejos de guardar proporción con la cantidad invertida ; pero la asignación que apunto para cada escuela es lá estricta* mente necesaria. Si se encuentra inaceptable el pensamiento por el gasto que exije» desprecíese : por mi parte creo que la necesidad que tratamos de remediar bien merece tal gasto. En materia de enseñanza primaria debemos parar la consii^ derácion, menos en los medios de que hai necesi** dad de echar mano, que en los grandiosos resulta* dos^ que tratamos de obtener; i nadie dudará que cada uno de esos niños^ adornado de hs instroe^* cion que se propone, lleva un jérmen de civilización i moralidad que ha de producir abundantes frutos en la vida i costumbres de las familias. Dejar subsistente el obstáculo de que nos ocupamos, rno aplicarle un remedio que lo allane por lo menos en parte, es, como antes he dicho, olvidarnos de aquella porción de habitantes mas desgraciados i dignos de interés.
Se enseñará ert las escuelas que propongo, a mas de los ramos que he señalado, elementos do agricultura ijimnástica; pudiendo agregarse en la de Coquimbo un estudio sobre el laboreo de minas.
Comprendiendo la instruccioa puimaria a la educación física, que robustece la fuerza, mejora la ajUidad, desenvuelve el vigor i suelta los miembros del individuo con ejercicios corporales,, debiera establecerse el lamo de jinmástica
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en todas las escuelas del país : pero si esto no es realizable en la actualidad, debe por lo menos establecerse en las escuelas de pupilos.
£1 primer empleado de cada una de estas escuelas tendrá» a mas de sus incumbencias como tesorero i capellán, el encargo especial dé ocuparse cuotidianamente en hacer a los alom* nos pláticas doctrinales, habituándolos a la salü* dable costumbre de la oración, i de administrarles cada mes la sagrada comunión.
La escuela se dividirá en seis falanjes, cada una de las cuales^ presidida por su preceptor, obrará independientemente de las demás en las clases de estudio.
Falta de rentas.
Otros de los puntos mui debatidos que ofrece la cuestión de enseñanza escolar es la falta de fondos para su sostenimiento.
La institución de las escuelas, considerada únicamente en su relación con la seguridad interior del pais, es un auxiliar de la lei infinitamente mas eficaz que la justicia, porque si ésta tiene poder contra los delitos, aquella evita los vicios deque nacen los delitos, lo cual es ma* augusto e importante : la justicia sigue a la lei, mientras que la institución de las escuelas forma su vanguardia, i aun puede llegar con el tras* curso del tiempo a excusar el ministerio de ambas. Es, por consiguiente, fuera de duda i ha de
~ 104 — mirarse eoino un principió incontrovertible^ que dicha institución, asi como la de tribunales de justicia, debe ser sostenida con fondos del erario público.
No se diga que ella tiene un carácter puramente local, i que es mas propio de las municipalidades que de la autoridad suprema el ocuparse de su sostenimiento i difusión. Hai una diferencia enorme entre el ornato, comodidad i salubridad de un lugar, en que ningún interés toma el resto de la nación, i la educación de la infancia, ligada a los intereses mascaros i jenerales de todo el pais ; i si Ja administración de justicia, la compostura de caminos, la recaudación de impuestos jenerales, etc., (que ciertamente son ramos del servicio menos importantes i delicados que aquel) salen de la autoridad central, con doble motivo debe pertenecer a ella toda entera la institución de que hablamos, pues ella sola es capaz de regular su marcha amoldándola a un sistema único e indivisible. No obstante a las municipalidades cumple llenar un hermoso papel a este respecto, cual es el nombrar, de su seno si quiere, las juntas de educación, auxiliares del Ejecutivo tan indispensables como provechosos, a quienes incumbe velar constantemente sobre la observancia de los reglamentos que se dicten, sobre el orden interno de los establecimientos, sobre la conducta de los maestros ; premiar la consagración i buen desempeño de éstos, solemnizar, juzgar de los
— 106 — exámenes i promover su publicidad i evitar eh cuanto esté de su parte la prolongación de los cursos escolares.
Para dar a las escuelas su verdadero carácter, esto es, para que su acción sea universal, eficaz provechosa, se requiere que el erario destine anualmente a este objeto sumas considerables» de que por ahora no puede disponer. De aquí la gran cuestión sobre arbitrar nuevas fuentes dé ingresos hasta ponerlo en actitud de emitir esas sumas.
Algunas mociones se han presentado ya al Congreso del pais para resolverla : la primera de las cuales aconsejaba el establecimiento de una contribución especial hasta el monto de ochocientos mil pesos para el ramo de instrucción primaria ; i aunque ésta no era uniforme, pues debia darse en dos clases de escuelas, elementales i superiores, el proyecto tendia a difundir la enseñanza por todos los ámbitos de la República : la segunda aceptaba el sistema de enseñanza desigual i el aumento de escuelas propuestos por aquella ; pero respecto de fondos para su sostenimiento no hacia mas que elevar a la categoría de lei el sistema inasequible que en la actualidad rije.
Esta última moción prevaleció en la Cámara de diputados. Para desechar la contribución especial tuvo en consideración : 1.* que no pudiendo por varios impedimentos comunicar de pronto a la enseñanza todo el desarrollo apetecible, no habia para qué arbitrar fondosi que iban a que-
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dar sin invertirse^ i que la moción era por consi* guíente intempestiva : S."" que no era prudente ni justo imponer a los ciudadanos una contribu* cio^n directa deoebocientos mil pesos para un objeto mal comprendido i peor apreciado por la jeneralidad de esos mismos ciudadanos.
I>ebo decirlo» protestando mi acatamiento a los altos poderes del Estado : el primer fundamento era mui f6til; mas no asi el segundo que se apoyaba en razones bastante plausibles. La ma-^ yoría de los diputados, consultando como era su deber^ los sentimientos de la nación, calculando los efectos que podia llegar a producir lalei, pensó que en un pais como el nuestro^ que mira con tanta indiferencia, por no decir prevención la enseñanza escolar, consecuencia de la ignorancia de los ciudadanos i de su incapacidad para estimar los beneficios que trae consigo, un im* puesto directo, hasta hoi desconocido^ para solo el sostenimiento de aquella, les inspiraría la mas profunda repulsión i produciría un efecto funesto a la enseñanza misma.
La importancia i necesidad de la institución no mereció pues ser atendida sobre estos fundamentos.
El Senado por su parte desechó ambas mociones, pero ninguna otra indicó, i desde entonces la materia quedó del Congreso olvidada.
El sin embargo reconoce cuanta influencia ejerce la instraccion primaria en las costumbres i en la prosperidad individual i nacional ; reco* noce el estado deplorable de esta instrucción en**
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tre nosotros; la obligación del Supremo Gobierno de propender a su desarrollo, i la insuficiencia de los actuales recursos para efectuarlo : por manera que debemos considerarle mui dispuesto a decretar la vida de esta importante institución tan luego como encuentre aceptable alguna moción sobre fondos.
Yo me atreveré a formular también una idea acerca de esto, con la esperanza de que alguna p^rte de ella se encuentre practicable i sirva para completar la masa de fondos que se necesita : yo mismo confieso que esa idea no puede realisreirse de pronto en su totalidad, porque habría que adicionar inmediatamente una lei recien sancionada, lo cual no es dado esperar.
Parece indispensable averiguar previamente i de un modo el mas exacto posible, que suma habrá de necesitarse anualmente para el sostenimiento de las escuelas; i el número de niños en edad de educarse que hai en el país, parece también una base necesaria para practicar esa averiguación. Según el censo últimamente levantado, bai en Chile doscientos treinta i nueve mil quinientos veinticuatro niños de ocho a catorce años de edad, de los cuales rebajando una quinta parte que calculo queden a gran distancia de los establecimientos, resulta un número de ciento noventa i un mil seis cientos veinte niños de aquella edad. Ahora si asignamoiS cien pesos anuales ^ cada fracción de treinta de ellos, el costo de todo et número subirá a seiscienCos treinta i ocho milsetefiientos pesos» Agregues^ 4 os cientp treinta
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i seis mil que cuestan las escuelas de internos i Veinte mil para gastos ordinarios i extraordinarios del ramo jeneral de escuelas, i sacaremos un total de setecientos noventa i cuatro mil setecientos pesos.
Tal es la cantidad que según mi plan se necesita anualmente para el sostenimiento de la instrucción escolar : indicaré las fuentes que pueden suministrar^.
No creo todavía conveniente establecer la contribución especial que se ha propuesto con el nombre de instrucción primaria : seria ciertamente unalei mui justa la que la impusiera, pero de seguro suscitaría en la práctica prevenciones desfavorables que la harian quizá ilusoria. Si la deferencia a las aberraciones de los pueblos es un mal, hai casos en que debe tenerse para evitar males mayores^ como la antipatía contra la lei misma i contra las autoridades encargadas de su ejecución, la disposición a rechazarla abiertamente o a evadirse de su cumplimiento por medios clandestinos. Por esto es que entre los arbitrios que se propongan para aumentar los ingresos del erario será siempre mas aceptable aquel que no establezca contribución alguna nueva, i que verifique ese aumento en los mismos ramos de entradas qiie al presente existen ; de suerte que, confundidos los fondos que se trata de destinar a escuelas en la masa jeneral de contribuciones, su exacción sea, por decirlo así, imperceptible i no existe nuevas impresiones. I cuando no fuese dado reunir 4^ esta forma los fondos suficientes
— 109 — i hubiese necesidad de apelar a un nuevo impuesto, debe preferirse aquel que, gravando en la apariencia a cierto número de individuos, lo sufran en realidad todos los ciudadanos^ sin advertirlo. Asi se evitaría todo choque con las prevenciones populares i se obtendría el resultado q.ue se necesita.
Mi idea es que se grave la propiedad territorial del pais i qne del producto de este gravamen se destine a escuelas los fondos que dejo espresadoa..
El haberse sancionado ya una lei que sujeta nuestros fundos rústicos a una contribución anual, de quinientos mil i pico de pesos hará que se. mire como intempestiva toda indicación que tienda a innovar sobre la materia ; pero la existencia de esa lei no puede obstar a la emisión de un pensamiento que coadyuve a resolver la cuestión que ventilamos, i cuya realización por otra parte no se exije de pronto, Desechar las innovaciones es negar la lei del adelantamiento i del progreso, i no conocemos entre los hombres públicos de Chile ninguno que profese semejante absurdo.
Si se gravaran los productos de la industria agrícola con un cinco por ciento, como se tien^ propuesto sobre los de la minera, obtendríamos una renta anual de un millón de pesos, i nadie pensaria que aquella cuota fuese inmoderada. Por esto los hombres mas competentes, los agricultores mismos, repetian en la discusión de la lei sobre el diezmo que la agricultura podia daf^
— lio — cansadamente dar de contribución un millón de pesos. Se le asignaron no obstante quinientos mil i pico, libertando asi a la propiedad territorial de un impuesto el mas proporcionado, aunque por su sistema habia llegado a ser el mas odioso e inmoral. Parece que la suerte de la agricultura se hacia depender esclusivamente de la reducción de aquel moderado impuesto i no de la condición de nuestros hombres de campo, de la calidad de los instrumentos empleados i de otras circunstancias semejantes ; i precisamente cuando ella comenzaba a adquirir un precio valioso i estable en sus productos i atraerse la consagración i los capitales de casi todos los ciudadanos,- quedó emancipada de un gravamen no menos justo que necesario al pais.
No por estar rijiendo ya la lei i los agricultores gozando de una exención que excede a las esperanzas de los mas cabilosos (1), dejaremos de repetir que se ha asignado a la agricultura un impuesto mui diminuto, porque es cosa que no puede disimularse en presencia de las grandes necesidades de la nación* Ademas, si esa industria va siendo cada dia de inmenso lucro para los que a ella se dedican por el aumento asombroso que ha tomado el valor de sus artículos, para la clase mas numerosa de la sociedad comienza a ser un motivo de ansiedad i desesperación incesante Cuan caro va costando al pobre su li-
(1) ¿Quién no ha oído a los agricultores felicitarse a sí mismos de pagar solo una cuarta parte de la contribución rural a a qué estabaff acostumbrados?
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jaro sustento! En los mercados pormenor, cuan^» do la especie ha pasado por cien manos especuladoras^ dejando en cada una de ellas algún lucro, se ve que la ración que antes obtenía con seis centavos le importa hoi dieziocho ; i siendo sus entradas siempre cortas i eventuales, resulta que no alcanza con ellas aatender su física subsistenciai la de su familia i queesperimenta de continuo los rigores del hambre : asi óyesele lamentar el verse cercado por mil elementos que hacen cada dia mas difícil su subsistencia ; i el pan, la carnet el agua, la luz, la lumbre, todo lo compra a un precio superior que no guarda equivalencia con su salario cuotidiano.
Si estas circunstancias no pueden ser mejoradas, es justo buscar para la clase pobre alguna compensación que por lo menos le sujiera espe* ranzas sobre su suerte futura : dar educación a sus hijos para que a la vuelta de pocos años le paguen con una asistencia eficaz los adiares que hoi je cuesta su sustento, sería dispensarle un beneficio provechoso para todos^ i la industria agrícola que absorve sin una compensación equitativa todo el fruto de su trabajo, debe ser la primera en contribuir a ello.
Permíteme en consecuencia proponer que por un articulo adicional a la lei sobre diezmos se fijé en ochocientos mil pesos la cantidad con que los fundos rústicos deben contribuir al erario, en lugar de los quinientos mil que ahora pagan.
Nadie puede atreverse a sostener que aquella cantidad sea insoportable para la agricultura
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sobre todo cuando ésta ha estado erogando mucho mas de un millón de pesos i queda por consiguiente, no obstante el aumento que propongo, de mejor condiciou a la en que se hallaba. Esta medida, pues, al paso que deja* siempre sobre la industria agrícola un impuesto moderadísimo bajo todos respectos, proporciona al erario un nuevo ingreso de doscientos cincuenta mil pesos aplicable a escuelas¿ Solo falta que del seno de las Cámaras lejislativas se alce una toz enérjica proponiendo esta lijera modificación a la lei del diezmo : llevaría todas las probabilidades del éxito, pues seguramente ninguna otra surjiria en sentido adverso. ¿Qué alegación podría aducirse en su contra? Una sola se me ocurre, pero demasiado pueril para ser pronunciada en aquel lugar, i es la nueva tarea que durante dos días habria que imponer al oficial contador encargado de repartir el aumento entre todos «los fundos rústicos, la impresión de nuevas listas para hacer el cobro. La proposición seria pues acojida con unánime deferencia.
En segundo lugar se impondrá en los fundos de todas las ciudades! villas del pais una contribución de un dos por ciento sobre su arriendo efectivo o calculado, la cual será percibida por las municipalidades, debiendo estas enterar, a prorrata de sus respectivas porciones, la cantidad de doscientos cincuenta mil pesos para el ramo de escuelas.
No ignoro los. esfuerzos hechos por una de las Cfimarás para llevara cabo un^proyecto de con-
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tribiicion urbana, esfuerzos que han sucumbido ante la resistencia de la otra Cámara. Crear nuevos arbitrios a favor de las municipalidades para que atiendan al ornato i comodidad de cada población, fué el designio que hizo a la Cámara de diputados acordar en dos ocasiones un proyecto de contribución. El Senado no creyó deber secundar esos esfuerzos i devolvió desechado el susodicho acuerdo.
Establecer contribuciones forzadas para el ornato i comodidad de las poblaciones seria una medida mui útil, porque el lujo de lo agradable contribuye sin duda a dar a los paises cierta preeminencia sobre los otros, les concita el respeto i benevolencia jeneral, i atrae a los estranjeros con sus industrias, sus conocimientos i capitales ; pero niego que fuera al mismo tiempo justa, porque las contribuciones forzadas solo son Justificables en cuanto se destinan a necesidades imprescindibles i no cuando su destino es mas brillante que necesario. Asi pues el establecimiento de una contribución sobre fundos urbanos i en la escala propuesta por la Cámara de representantes, debia en justicia ser desechado, como lo fué en efecto.
Para que la contribución de que trato fuese: entre nosotros mui justificable, seria menester que una gran parte de su producto se declarara con destino a escuelas, a satisfacer esa ansia de instrucción, esa necesidad primordial de los pueblos ; i en este concepto me atrevo a decir que II. ir, 15
~ 114 — debe provocarse por tercera vez la sanción del Senado sobre el proyecto referido.
Las municipalidades pueden, una vez enterada la suma dicha, aplicar el superávit del producto al ornato i comodidad de cada vecindario, objetos ciertamente de una utilidad palpable para el incremento de la población.
Se ha susurrado que el Ejecutivo tiene la idea de proponer el establecimiento de una contribución urbana. Si es efectivo, deseamos que ese gran pensamiento obtenga cuanto antes su realización. Pero este antecedente vendria a corroborar lo que he dicho respecto de la contribución especial para instrucción primaria. ¿Quién se atrevería a proyectar un doble impuesto? No hai duda que una resolución despótica puede establecerlo; [^ mas la nación quedaría mui agoviada bajo esta doble carga, i acaso perdiendo ella su confianza i su fé en el patriotismo de los hombres públicos, prepararía una de esas reacciones que hacen a las sociedades dejenerar de su actual estado.