Mis filosofías · Unidad 14 de 56
Unidad 14 · LOS RIPIOS PROVIDENCIALES 65
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LOS RIPIOS PROVIDENCIALES 65
Cuando os relatan grandes penas, un « ¡ qué tal! » opaco, acompañado de cierto grave movimiento de cabeza, viene muy á pelo...
Mas, imaginemos que encontráis á un buen amigo, á quien no habíais visto. Él se quedará encantado si tendiéndole los brazos le decís : « ¿qué tal? »
Si, en ciertos casos añadís la palabra « hombre », mejor que mejor : « ¿que tal, hombre ? » naturalmente esto depende del grado de confianza.
De una acera á otra podéis así mismo gritar á un amigo que pasa :
« ¿ Qué tal ? » Es este un grito de inteligencia, que vale tanto como :
¿Qué ha habido de aquello ?« ¿Cómo estás desde entonces? » etcétera.
No concluiría nunca esta quisicosa si apurase todos los matices y significados del famoso y cómodo ve qué tal ».
El nos libra, en unión de las otras palabras providenciales, de las más grave de las cargas á
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que obligan la cortesía y la mundanidad : de oir lo que se empeñan en decirnos los frivolos y los tontos.
INQUIETUD
INQUIETUD
Es mi amigo Máximo, hombre á quien ese factor misterioso que llamamos buena suerte, ha dado todos los elementos para ser feliz.
Naturalmente, no lo es, porque la felicidad no consiste en esos elementos, llámense riqueza, hermosura, salud, poder, sino en algo muy recóndito é impalpable que está en los confines de nuestra conciencia, y que, sin concurso alguno exterior, nos proporciona á veces una beatitud incomparable.
Mi amigo jamás ha conocido esa beatitud, pródiga de paz, que no requiere ni la belleza del paisaje ni la caricia de opulencia alguna para soñar su sueño divino.
Mi amigo es muy rico, disfruta de una salud
7b MIS FILOSOFÍAS
excelente. Sus relaciones lo encuentran ultrachic. Sus vanidades, grandes ó chicas, van por la vida con el penacho al aire. i
Frecuentemente, sin embargo, viene á quejarse conmigo de su mala suerte.
I En qué consiste esta mala suerte ?
En primer lugar, en que él cree tenerla. En segundo lugar, en una inquietud perenne.
Mi amigo sufre de la moderna y terrible enfermedad del mercurialismo (la llamaré asi por que es la palabra que la define por excelencia), es decir, que necesita moverse como la ardilla, ir, venir, viajar sobre todo.
Cuando ha pasado un mes en su espléndida casa, bajo los tutelares arboles de su parque, al borde del admirable estanque glauco en que nadan cisnes negros y cisnes blancos, al lado de amigos uUra-cbic, como él, que nunca se han vestido mas que en Londres, Máximo comienza á sentir una vibración interior, algo como el latido de la máquina de cien caballos que tiembla bajo el obstáculo de los frenos.