Mis filosofías · Unidad 29 de 56

Unidad 29 · NUESTRO AMIGO EL GRILLO 155

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NUESTRO AMIGO EL GRILLO 155

de sífabas martilleantes, que significa « lejana campanita de plata », á causa del argentino rumor que produce.

En las cálidas veladas del país del Fuji, en los miradores de finas maderas ensambladas, sobre las albeantes esteras, los japoneses pensativos toman el té, mientras desde las jaulitas en que están aprisionados, los insectos amables los regalan con su inocente canción, que se dilata por la paz del ambiente, en la azulada placidez de las noches de luna.

En Madrid, el grillo no es fruto de selección : canta la canción monorrítmica de sus abuelos, pero la canta bien.

Es intensa y de un metal agudo y claro.

Diez céntimos vale un grillo cantor, jaulas hay de. todos precios, desde diez céntimos también, casi todas graciosas.

Así, pues, un niño pobre tiene por veinte céntimos un grillo enjaulado, cuya música, ingenua como su alma, le complace y alegra.

Por veinte céntimos he adquirido yo tam-

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bien, — (niño que va volviéndose maduro) — un grillo real enjaulado. ,

Mientras escribo, sobre mi mesa, la mínima jaula, verdeguea de lechuga fresca. '

El grillo la devora ávidamente y ya ahito extiende los élitros y, frota que frota, me dá un concierto. '

No creáis que es tan monótono cuando se le escucha con atención. Tiene intermitencias é intensidades variadas.

El latido del reloj le hace coro.

— ¡ Cri-cri-tic-tac !

He ahí dos organismos misteriosos que riman el desgrane de mis instantes, el fatal desgrane de los segundos de mi vida en el mare tenebrarum de la eternidad...

¡ Cri-cri-tic-tac !

El grillo es uno de los insectos más viejos, el más viejo quizá de los insectos : los paleontólogos le han encontrado en los yacimientos primarios, en abundancia, fosilizado en forma que no difiere de la actual.

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Fué, pues, esta bestiecilla humilde la que elevó primero su canto en el seno de la naturaleza genésica.

El Pitecantropus erectus la oyó, y arrullado por su estridencia cristalina se durmió en las cavernas primordiales...

¡Canta, oh buen grillo, canta tu milenaria canción que oían pensativos los primeros hombres, mientras labraban cuernos de reno ó acechaban al uro de la montaña!

¡ También yo la oiré pensativo ; también á mí me arrullarás con ella !