Mis filosofías · Unidad 30 de 56
Unidad 30 · LAS GEMAS
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LAS GEMAS
LAS GEMAS
Cuando se examinan las colecciones de piedras preciosas de los museos, especialmente las que nos muestran en la Galería degli Ufizzi de Florencia, se encuentra uno con una variedad de gemas de la que los modernos apenas si tenemos noticia.
Más de cien clases de piedras preciosas hay en la sala de las gemas de la expresada galería, y todas ellas forman parte de algún bibelot exquisito ó bien están talladas con admirable artificio para servir de algo más que de adorno.
Hay por ejemplo : una tabaquera ahuecada en enorme topacio ; una anforita de perfumes tallada en una esmeralda ; un gran alhajero
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hecho todo de una amatista ; el busto de Tiberio formado por una gran turquesa ; un pequeño ' busto tallado en un rubí, y así sucesivamente desfilan todos los hibelots soñados : arquitecturas frágiles y coquetas, cuyas bases, columnas, capiteles, frontis, son de serpentina, malaquita, jaspe, pórfido, lapiz-lázuli, sardónica, ágata, ópalo, piedra de luna, granate de Bohemia, turquesa; máscaras de jade, coral, cristal de roca ; figuras de alabastro de oriente, de feldespatos polícromos, de ámbares translúcidos, de calcedonias, de cornalinas, de zafirinas, de perlas únicas, de ónices maravillosos; cofres de marfil ornados de las más ricas pedrerías ; un joyero que perteneció á Diana de Poitiers y que talló Benvenuto Cellini ; un cofre de cristal de roca y oro, obsequio de un pontífice á Catalina de Médicis ; una columna, también de cristal, con espirales de figuras alegóricas admirables, dibujadas con diamante por el mismo
Benvenuto y en toda esta enorme colección
de piedras, que revisten las más variadas for-
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mas, ni una sola para la vanidad del adorno : todas para el encanto del arte. Cada una de ellas añade á su esencia preciosa, á su alma misteriosa y lumínica, el encanto potente que un gran cincelador ó un gran lapidario, ha sabido darle y es, no solo el guijarro caro sino la chuchería insustituible en que la pericia de una mano genial dejó el milagro de una teoría de dioses ó de ninfas, de una greca sabia, graciosa y complicada, de un rostro fijado por el buril y por el diamante.
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Ahora, en esta plutocrática vida moderna, hemos equivocado por completo el concepto de las piedras preciosas.
Para los antiguos eran ellas como dioses tutelares, como substancias llenas de misterio, y por excelencia simbólicas. Cada piedra tenía su virtud especial : la turquesa palidecía cuando su dueño estaba en peligro de ser asesinado;