Mis filosofías · Unidad 31 de 56
Unidad 31 · 144 MIS FILOSOFÍAS '
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
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el carbúnculo libraba de las visiones nocturnas ; la amatista y la esmeralda comunicaban la virtud de la castidad ; el zafiro detenía las hemorragias y preservaba de las traiciones ; el rubí tonificaba el ánimo triste y hacía huir los malos sueños ; además, daba coraje á los cobardes ; el diamante preservaba de los venenos ; el ágata daba vigor á los miembros ; el topacio brillaba cuando el cielo estaba sereno y se enturbiaba cuando había amenazas de lluvia ; la amatista, además de comunicarla castidad, preservaba de la embriaguez ; el berilo encendía en amor á los más helados temperamentos ; el ónix causaba tristeza, pero embelleciendo el rostro...
El cristianismo adoptó muchas veces estos símbolos, con las piedras á que iban vinculados, y así vemos aún el topacio y la amatista en las pastorales, en las mitras y en las cruces.
El Renacimiento por todo extremo pagano, vio solo en la gema la hermosura, y profundamente artista, quiso añadir á ella un encanto
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más : el que podía darle un lapidario genial.
Nosotros no vemos en la piedra preciosa ni siquiera la belleza que en si tiene. Para la inmensa mayoría de los hombres y de las mujeres de ahora, la gema es tan solo un instrumento de vanidad. Tanto más mérito tiene una piedra cuanto más costosa es.
Si el hierro llegase á enrarecerse enormemente, hasta ser cien veces más raro que el platino, veríamos á nuestros gomosos, medularmente cursis, con sortijas y alfileres de hierro, encantados de mostrar que habían podido adquirirlos.
Hay piedras preciosas de una belleza ideal. El ópalo, por ejemplo, que en concepto del poeta parece una madrugada y cuya alma encierra tantos enigmas ; el topacio, que semeja una condensación de rayos de sol ; la amatista, tan llena de símbolos y tan rica en matices, desde el profundo morado episcopal hasta el gris azul de una inefable idealidad; la piedra de luna, que es acaso el más extraordinario de
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los feldespatos y que se diría que encierra en su seno todo el embeleso de la estrellada serenidad. I
Pero estas piedras tienen un enorme
defecto : son baratas ; están al alcance de todo ';
el mundo Su belleza es tan misericordiosa
que consiente en dejarse aprisionar hasta por
la mano de una mujer pobre Así, pues, el
aristócrata las desprecia y prefiere á todas ellas no importa qué guijarro caro, montado en insípido platino, porque se sentiría deshonrado si alguien pensara que llevaba consigo un objeto que no valía mucho dinero.
Y así seguiremos viendo brillar en dedos ostentosos hasta el antipático y vulgar diamante amarillo del Brasil, hasta la más chillona policromía de esmeraldas, brillantes y rubíes, antes que la gracia delicada de esas gemas que la naturaleza en su divina sabiduría quiso prodigarnos, porque, como dice el antiguo escolástico, cuanto más perfectas son las cosas con más exceso han sido creadas