Mis filosofías · Unidad 32 de 56
Unidad 32 · REBELIÓN
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REBELIÓN
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REBELIÓN
Las cosas no se pierden : se esconden.
Todos habéis observado, cuando se os cae un botón, una joya, un objeto cualquiera, que va á ocultarse siempre debajo de los muebles, especialmente en aquellos rincones de sombra de donde es más difícil sacarlo.
Desde allí os acecha, ve que le buscáis y parece reirse de vuestro esfuerzo.
Mientras vosotros rastreáis casi congestionados, él se acurruca, se repega á la pared ; se diría que hasta apaga su brillo metálico para que no lo veáis.
Hay ciertamente en los objetos de nuestro uso una rebeldía, una indisciplina de que no
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nos damos cuenta sino aguzando los sentidos. I
Son nuestros esclavos, pero poj fuerza. El metal ó la substancia que hemos torturado para construirlos, alienta misteriosos deseos de represalia. I
Las tijeras ó la aguja están esperando el menor descuido para pincharnos. '
El cortaplumas hace todo lo posible para que lo dejemos abierto en el bolsillo. 1
El alfiler prendido en la camisa saca la punta dispuesto á arañar. '
Se trata de una verdadera conspiración, tanto más terrible cuanto más silenciosa.
Antes de morir podrido de herrumbre, el metal de los utensilios se venga : ¡ la cacerola de cobre nos envenena, el cuchillo de mesa nos corta, el cascanueces nos muerde !...
Hay objetos que con una paciente labor acaban por hacer un agujero en los forros del chaleco, especialmente los corta y portaplumas, los lapiceros y limpiadientes. Por allí se esca-
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bullen y se sustraen así temporal ó definitivamente á nuestro dominio.
A veces, cuando ya no los buscamos, se hinchan hasta formar un bulto que nos molesta, y parecen decirnos : « ¡ Aquí estoy, imbécil! »
Entonces empieza la cacería : nuestros dedos tentalean el doble espesor de la tela y los picaros se escurren de lo lindo.
No hay manera de hacerlos salir por donde han entrado...
Suele ser preciso abrir un nuevo agujero en el forro, ó ahondar desesperadamente el primero... es decir, maltratar la prenda, que es lo que ellos quieren.
Al fin vencemos, pero con cuánto esfuerzo...
Y á la primera oportunidad el espíritu ágil, refractario y sutil de los metales, sugerirá una nueva escapatoria .. .
Así posee el hombre lo único que juzga poseer mejor : lo que, candorosamente, llama « la materia inerte ».
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Y aún pretendemos enseñorearnos de entidades ó cosas menos sumisas : del aplauso de las multitudes, de la voluntad de un amigo ó del corazón de una mujer...
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