Mis filosofías · Unidad 33 de 56

Unidad 33 · DIME LO QUE BEBES Y TE DIRÉ DE LO QUE HABLAS

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DIME LO QUE BEBES Y TE DIRÉ DE LO QUE HABLAS

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DIME LO QUE BEBES Y TE DIRÉ DE LO QUE HABLAS

La acariciadora tibieza del aire y el primor de los árboles, enjoyados de retoños, incitan siempre á dejar la casa y pueblan las calles de una multitud baldía, contenta de sentirse vivir.

Los cafés, como es costumbre en cuanto la temperatura lo justifica y autoriza, instalan en las aceras el frágil moblaje de sus « terrazas », y la continua explosión de conversaciones, antes confinada en las cuatro paredes del establecimiento, ahora se produce en pleno aire y á pleno sol.

Estas conversaciones tienen muchas fisonomías para un observador medianamente curioso y tales fisonomías cambian y se diversifican, no en razón de los diversos asuntos en que las

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conversaciones se inspiran, como pudiera creerse, sino en razón... de lo que beben los conversadores mismos.

Un ejemplo aclarará este aserto :

Hay en la calle de Alcalá dos ó tres cremerías cuya clientela, en primavera y en verano, es numerosa. I

Á las seis de la tarde, abundan los que, refractarios aún á la casi unlversalizada usanza inglesa del « five o'clock », encuentran que una taza de chocolate ó un vaso de leche pasteurizada son deliciosos. '

No creáis que se trata de una clientela de viejos llenos de alifafes : hay hombres jóvenes y mujeres bonitas que bucolizan la vida con leche pura ó la regalan con el ortodoxo chocolate, castizo y abacial.

Pues bien, vale la pena oir las conversaciones de tan apreciables personas.

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¡ Quién habla allí de política ! v

¡Ni para un remedio hay descontentos de la situación actual ! No oiréis ni por asomos, exclamar :

— « ¡Si yo fuera Gobierno ! » — ó bien :

— « ¡ Sólo en España se ven cosas semejantes! » — ó :

— « \ Aquí no se puede vivir !... » Exclamaciones todas, que pronunciadas ásperamente por unos señores embozados en capas negras con vueltas azules y rojas, os solicitan el oído, á cualquiera hora, en el café.

En las cremerías, se dijera que todo el mundo está contento con su suerte, con sus gobernantes, con las orientaciones de la política : se dijera que todo el mundo experimenta la joie de vivre, se dijera, en fin, que todos los ojos expresan en su silencioso idioma de luz estas palabras :

— Et in Arcadia ego /

¡Oh poder sedante de la leche pasteurizada! .