Mis filosofías · Unidad 34 de 56
Unidad 34 · 15» MIS FILOSOFÍAS
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15» MIS FILOSOFÍAS
¡Oh singular influjo del castizo chocolate abacial !
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De cada boca que se entreabre se imagina uno que va á salir una égloga de Garcilaso, y si no sale, si surgen, cuando menos, frases mesuradas, serenos conceptos, comentos apacibles de los sucesos... I
Alguna vez, muy de cuando en cuando, se habla de enfermedades ; de tal ó cual niña anémica, láctea como el vaso que tiene delante, de tal ó cual caballero que á anteriores intemperancias en el yantar, debe un rebelde desarreglo de los órganos digestivos; pero estas son excepciones : en general, sino por su alteza, sí por su ecuanimidad y mansa índole, las conversaciones son diálogos de Platón, ó bien departimientos de una galante y atomillada aldeanía, como los que podrían tener sonrosadas parejas de pastores en un paisaje de Watteau...
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% - DIME LO QUE BEBES... 159
Pero pasad de allí á los cafés, y de allí á los hars.
¡Jesús! ¡los bars\
¡ Qué caliginoso concepto de la vida se tiene en los barsl ¡Qué descontento nervioso y exaltado de las actuales condiciones de la sociedad ! ¡ Qué espasmódicas protestas, qué azogadas aptitudes, qué airadas exclamaciones !
¡ Allí se habla del amor como de una conflagración, de la política como de un cataclismo !
La opinión, el juicio, respecto de los demás, tienen la acidez de los limones más agrios.
Y trémulo aún el oído por la displicencia de los réspices, por lo acerado de las ironías, por la intensidad de los vocablos, salís, ¡ oh buenos amigos míos!, del bar inquieto; retornáis á la leche pasteurizada, y ya en la cremería, deseosos de resarciros de la anterior ansiedad, iniciáis una de esas lentas, claras y ponderadas conversaciones, propias sin duda de las almas vestidas de blanco, que pasean, al caer de las tardes luminosas, por los Campos Elíseos !
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LOS QUE QUIEREN IRSE « DE ESTA ESTRELLA »
LOS QUE QUIEREN IRSE « DE ESTA ESTRELLA »
« Y si veía una estrella á través del cielo brumoso, la elegía inmediatamente por morada. »
Esto dice, poco más ó menos, un escritor amigo mío, en reciente artículo sobre cierto filósofo, y recuerdo sus palabras porque reflejan un estado de ánimo muy general. No solo los poetas y los artistas : la inmensa mayoría de los hombres, en momentos determinados, desea irse á otra estrella'.
El sabio, el justo, el inocente condenado por una ley llena de falibilidades, hartos de tristeza, piensan que estarán mejor en otros mundos
I. Ya sé que la tierra no es una « estrella », señores astrónomos, ya lo sé... pero dejadme honrarla con este nombre, ahora que estoy de buen humor.
lejanos, donde haya, como dice el himno protestante, á juster judge iban bere... ¡
Tenemos un alto concepto de las estrellas, hasta de las de teatro, y estimamos en muy poco nuestro planeta.
Imaginamos que todo aquel bien, que toda aquella lógica, toda aquella belleza que no han podido cuajar en este mundo, deben existir en un mundo distante, perdido en la constelada serenidad de la noche infinita...
Claro que no andamos descaminados. En realidad, la ciencia descubre cada día más estrellas que son centros de sistemas planetarios. Sirio, por ejemplo, uno de los soles más grandes que se conocen, posee un compañero que pudiera ser muy bien un gigantesco planeta, y en general muchas de las estrellas llamadas variables, que descienden ó ascienden dos ó tres magnitudes en breves plazos, la