Mis filosofías · Unidad 35 de 56

Unidad 35 · LOS QUE QUIEREN IRSE « DE ESTA ESTRELLA » 165

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LOS QUE QUIEREN IRSE « DE ESTA ESTRELLA » 165

maravillosa de la Ballena (ó « Mira Ceti ») por ejemplo; Algol y tantas otras, no son, en suma, sino núcleos de sistemas planetarios, nublados á intervalos regulares, para nosotros, por las gravitaciones de sus mundos.

Nada tiene, por tanto, de extraño que en ese abejeo perenne de orbes que se encuentran en todos los períodos de la evolución, los haya mejores que nuestra tierra ; pero advirtamos también, porque es justo, que, cuando menos en el sistema planetario del cual formamos parte, la Tierra, lejos de merecer desdenes, es una de las moradas más amables y bellas.

En efecto, el período de solidificación en que se halla, su enfriamiento poco avanzado, su distancia del sol, etcétera, nos la vuelven confortante. Mientras que en Marte, por ejemplo, los pocos mares que quedan (si es que quedan) son mediterráneos, nosotros poseemos océanos inmensos en proporción enorme con respeto á los Continentes. Nuestra atmósfera no está, ni tan penetrada de vapor de agua

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como la de Venus ó la de Mercurio, donde el espesor de las nubes debe ser considerable, ni tan rarificada y pobre de humedad como la de Marte, donde las lluvias son muy raras y preciosas*. l

Es posible que Mercurio y Venus nos venzan en elevación de montañas y belleza de paisajes, en desfiladeros y simas dantescos, pero, ¡qué calor ! Por más que la atmósfera lo mitigue, no es de desearse un veraneo en esos mundos, desde los cuales casi nunca se pueden admirar los celestes embelesos de la noche. j

En cuanto á los planetas mayores, Júpiter está apenas en formación ; no ha perdido aún del todo su calor propio, y cuando la Tierra haya alcanzado un periodo de evolución avanzadísimo, en aquel globo chato y gigantesco, apenas se moverán entre los légamos los grandes monstruos primordiales. ,

Saturno es ciertamente un mundo admirable,

I. La humanidad marciana se muere literalmente de sed, según Percival Lowell. ,

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con SUS numerosos satélites y sus anillos concéntricos; pero el calor que recibe del sol es unas « noventa veces » menos intenso que el que logra la Tierra, y como sus días son mucho más cortos que los nuestros, el frío que sentiríamos allá no es para dicho. Un lapón se helaría en dos minutos.

Urano y Neptuno están á distancias tales del sol, que la luz y el calor que reciben son, en el primero, i6o veces y en el segundo 200 veces menores que en la Tierra, y nada digo — porque nada sé — del planeta transneptuniano, que debe existir « por fuerza ».

Claro que esto nada significa para la vida de seres especialmente organizados, ya que hay gérmenes que resisten sin morir el frío del espacio ; ya que la naturaleza y la vida tienen plasticidades sorprendentes ; pero de todas suertes, nosotros estamos mejor aquí...

¡Irnos á otra estrella, á otro planeta !

Se ve bien que á veces no meditamos en los inconvenientes del viaje.