Mis filosofías · Unidad 36 de 56

Unidad 36 · 168 MIS FILOSOFÍAS

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168 MIS FILOSOFÍAS

Cierto que en este mundo que habitamos hay muchos moscones que nos molestan, muchos comerciantes que nos roban y envenenan, muchos amos despóticos é irascibles, muchos ricos petulantes, avaros y frivolos, muchos jueces venales, y tontos á porrillo que se regodean en los placeres, mientras otros tontos se mueren de hambre; pero, tras de que no sabemos si en lejanos planetas hallaremos lo mismo, hay que pensar en que la humanidad, con relación á la vida de la Tierra, es como un bebé de dos años. ' ,

¡ Qué juicio se le puede exigir á un bebé de dos años! !

Todo ello se arreglará, pues, con el tiempo.

Tengamos paciencia ; en vez de pretender irnos á otra estrella, procuremos reformar esta y no nos muramos sin la convicción froebeliana de que, aunque sea en un átomo, hemos mejorado el mundo.

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LAS COSAS VIEJAS

LAS COSAS VIEJAS

Hay muchos que se burlan de los coleccionistas.

Esos maniacos inofensivos que reúnen timbres ó tarjetas postales, barajas y tarots, medallas y monedas, vasos antiguos, piedras... i qué sé yo ! estimulan á las veces el espíritu agresivo de los demás y son uno de los mejores blancos para las ironías. '^

Sin embargo, nada hay que ayude tanto á la historia del mundo como la colección. En la colección está el secreto de la vida íntima y de la vida pública de las razas : un hueso labrado, una ánfora rota, un silex, nos dicen con la persuasiva melancolía de su silencio, con la suave tristitice rerum de los latinos, todo el

Mi-

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poema de luchas, de impulsos, de esfuerzos, que llevaron á nuestros abuelos desde los limbos profundos de la animalidad, hasta la conquista de esa lucecita misteriosa que se fijó como estrella sobre sus frentes... y con la cual ciertos pintores adornan á los ángeles...

Hay una infinita poesía en el anillo de hierro que se advierte en el dedo seco de una momia, en la redoma de irisado vidrio que contenía los ungüentos de una cortesana antigua, en el arma imperfecta que defendió la azarosa existencia de un lacustre, en el juguete ingenuo que alegró la alborada de un niño de otros siglos ; pero además de esa infinita poesía, en tan frágiles objetos está toda la historia, porque el documento histórico no vive en la palabra vana, hija del viento, sino en aquello que sirvió y acompañó al hombre á través de su peregrinación por la tierra.

No hay colección, por insignificante que pueda pareceros, que no constituya un documento útilísimo, y esa paciencia de los mania-