Mis filosofías · Unidad 37 de 56
Unidad 37 · LAS COSAS VIEJAS - 173
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eos y ese entusiasmo con que se consagran á hilvanar objetos y esa fiebre con que los buscan y ese afán con que los compran y esa liberalidad con que los pagan, son útilísimos á la ciencia.
Dejad así mismo que los ricos coleccionen, estimuladlos á que lo hagan. Sin ellos, ¡cuántas preciosas chucherías que constituyen admirables indicios de vidas lejanas, se perderían!
Los Goncourt, para escribir los bellos volúmenes sobre el siglo XVIII que son aún el encanto de los espíritus cultos, coleccionaron innumerables objetos preciosos. Sus vitrinas estaban llenas de relojes, de bomboneras, de espejos, de tabaqueras, de sortijas, de miniaturas de aquel adorable siglo, frágil, elegante, artista, perverso, galante y revolucionario.
Y cada una de las naderías amables les reconstruía una existencia de hombre ó de mu-
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jer, de rey ó de cortesano, de sabio, ó de artista, de soberana ó de favorita, de monja ó de marquesa, en todos sus detalles, y aquel haz de existencias disímbolas, cuyo espíritu parecía estar como aprisionado por los objetos mismos, les contaba, en la paz de las tardes y en el silencio de las meditaciones, las deliciosas páginas sobre madama de Pompadour ó madama Dubarry, sobre Luis XV ó Watteau, sobre Luis XVI y María Antonieta, que todos conocemos. Cada uno de aquellos bibelots sabía una intimidad y repetía una historia. Para los expertos oídos de los dos hermanos ilustres no había bombonera, ni frasco, ni tabaquera, ni reloj, ni porcelanita de Sajonia, que no fuera indiscreto... ¡ y sabido es que no han sido jamás indiscreciones tan deliciosas como las que se refieren al siglo XVIII !
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Si alguna vez paseáis por Pompeya, veréis
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cuánto más os cuentan que todos los libros, esos menudos objetos, ó restos de objetos, que se hacinan aquí y allí y que luego van á los museos.
¡ Yo os aseguro que las vitrinas de los museos tienen para mí un supremo encanto ! • ■ ---•:. --^■.
¡Cuántas veces he permanecido horas enteras contemplando antiguos trajes de seda, escarpines y pantuflas en que el oro se desvanece, listones de matiz desvaído, joyas contrahechas en que los cabuchones de esmeralda ó de zafiro misteriosamente brillan con brillo apagado ! ¡ Y cómo y hasta qué punto he sido el solitario y enamorado confidente de un libro de horas, de un espejo empañado, de una sortija pálida, de una tunicela de raso, de una bombonera de ¿'/5¿:w// !
¡Ah! ¿vosotros no sabéis lo que me ha cuchicheado la tabaquera de cierto enciclopedista ? i Lo que sabía esa tabaquera, Dios Santo ! ¡ Las burlas, los escepticismos, las filo-
Sofías que salían de esa tabaquera de enciclopedista! I
Vosotros no imagináis lo que me ha dicho un viejo frasco de perfume... No os diré jamás lo que he conversado con un abanico lleno de miniaturas, ¡ ah... vive Dios que no os lo diré jamás !
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