Mis filosofías · Unidad 41 de 56
Unidad 41 · CUANDO DESCANSAN ; 193
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CUANDO DESCANSAN ; 193
La panne duró una hora. Esos sesenta minutos son los únicos en que nuestra elegante amiga X. 6 1. ha visto el mar durante el verano.
En Carlsbad, Vichy, etc., la vida no va á modificarse mucho que digamos. Se tomará cierta agua en las comidas y á determinadas horas y el resto del tiempo se pasará en el hotel y en el casino
Otros cinco kilos menos de peso, cuando ha concluido la « cura »...
Al fin llega octubre ; el grave y pensativo octubre, en que la naturaleza, según la expresión del poeta italiano, tiene la reposada y melancólica serenidad de una madre que acaba de dar á luz.
Es fuerza volver á las metrópolis, á las urbes tentaculares que nos aguardan para devorar nuestras horas.
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Y el mundano ó la mundana vuelven.
La vida social, lenta al principio, va activándose paulatinamente; pero como hay cierta normalidad dentro del movimento, los cinco ó diez kilos perdidos se recobran. I
Como, por otra parte, ha pasado el período ese de reposo en el balneario de moda, se empieza á descansar de veras... 1
No más casino. No más hotel. El mísero estómago, agradecido, procura digerir; los nervios se distienden ; la horrible fatiga de no hacer nada, desaparece. El encanto íntimo de los muebles propios, de las cosas usuales, envuelve de nuevo á la elegante blasée.
Y todo marcharía bien... ¡pero hay que partir de nuevo ! 1
Hay que ir á Pau, á Niza, á Montecarlo... á buscar un poco de calor (en los focos incandescentes de los casinos). Hay que ir á respirar las brisas tibias del Mediterráneo... en los balls de los hoteles. j
: Y asi sucesivamente, hasta que se cae, de
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golpe Ó en lenta agonía, en cualquier sanatorio, en cualquier cuarto de hotel, en cualquier hall mientras los zíngaros tocan un vals « azul » ó « rosa » y el sol se pone en las aguas como una inmensa gloria que naufraga... sin que nadie lo vea ni le haga caso...
I Hay cosa más cursi, por ventura (aun para un enfermo), que contemplar las puestas del
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Por eso yo las miro mucho, mucho, por todos los que no las ven...
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EL PECADO DEL LIBRO
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EL PECADO DEL LIBRO
¿ Cómo es esto, poetas, cómo es esto filósofos, sabios, hombres de meditación y de alteza, vosotros que amáis tanto los árboles, vosotros que soléis plantarlos con tanta solicitud, vosotros que os reposáis con tan sereno goce á su sombra ; vosotros sois precisamente los que contribuís á destruirlos?
En efecto, una gran voz comienza á oírse en todas partes ; una gran voz de alarma : el papel está matando al árbol. El libro es el enemigo natural del bosque.
Cuantos más libros, revistas y periódicos se publiquen, más inconsiderada ha de ser la tala, y no está muy lejos la visión horrible de un desierto sin fin, abrasado por un sol sin mise-
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ricordia, donde la dulzura y el misterio de los antiguos paisajes umbrosos, solo han de ser posibles ya en los lienzos de los pintores y en
, las descripciones de los poetas. i
Gracias al comercio cada día más gigantesco 4 y avasallador del papel impreso, el desmonte avanza implacable. Las actuales selvas desaparecen una á una, la tierra va quedando des-
; nuda de la verde cabellera que le formaron los milenarios y pronto será como una gran esfera eriaza y escueta, en la que acabarán por empequeñecerse hasta las mismas colosales arrugas
. de las montañas, en virtud de continuos derrumbes, que se deben á la carencia de humedad, y de esa falta de trabazón de raíces, que detiene el humus benéfico.
Todos sabemos que el primer papel al cual el hombre confió la maravilla de su pensamiento, fué la hoja de la palmera. Ese abanico