Misterio · Unidad 120 de 196
Unidad 120 · 310 HIBTSBIO
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—Próxima está á lucir... ^declaró Amelia. — I'or más que s» esfuercen los malvados, el triunfo es nuestro. Mi padre, bajo la protección de Eenato, na4a tiene ahora que temer, y laspruebas que lleva consigo, los documentos á tanta costa rescatados son tales que, si llegase el caso de acudir á la justicia^ venceríamos desde el primer instante. ¡Oh! Aunque el esbirro haya vuelto del infierno— y sería el colmo de la mala suerte — ¿qué puede hacer?
— ¡Qué puede hacer! — repitió Luis Pedro. — ¡Todo! ¡Todo^ señora! No se forje ilusiones. Si ese hombre vive, ¡ay de nosotros! Muerto él, mudos sus labios por el candado del eterno siloncio, tenemos tiempo de revelar de un modo seguro la personalidad de su padre de usted; pero si i»esucitó y se nos adelanta, él, único que tiene en sus manos los hilos de este enredo y la historia entera del mecánico Dorff, como que es él quien le ha impuesto el nombre que usa y le ha envuelto en ese nombre como en un sudario, entonces, ¡ay de su padre de usted,, ay de nosotros, ay del capitán del Poliphémc^ que nos ha prestado tan inestimable ayuda! Es cuestión de vida ó muerte... y no pensamos dormirnos... No nos dormiremos, señora —añadía en tono significativo y profundo.
— ¿Qué quiere usted decir, Luis Pedro?— preguntó Amella.-^ Hable claro; no soy apocada ni medrosa.
— Quiero decir, señora... ¡ea, la verdad! que por algo se ha quedado atrás nuestro compañero Giacinto... Por algo se ha separado de nosotros en Dinán, y no por capricho regresó á San Malo para reunirse con el capitán del PoUphime^ que se sabfr
de menioi-ia los rincones de la costa, donde no hay escollo, cabo ni ensenada que no tenga explorados, ni pescador, marinero 6 sardinera que no estén á su devoción. El y (riacinto se dirigen á Pleneuf... Su expedición podrá dar mucho juego...
El retintín con que pronunció estas i)alabras liuis Pedro era para alarmar á Yolpetti si his liubiese escuchado.
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Mal de su grado hubo de resignarse la hija de Dorff á tener paciencia y esperar noticias. Y como la vida propende á normalizarse cualesquiera que sean las condiciones en que se desenvuelve, Amelia arregló la suya lo mejor posible para combatir las alternativas de fastidio y fiebre de una situación tan extraña.
Por las mañanas, en compañía de Juan Yilain y de Baby Dick, recorría el castillo, enterándose de sus rincones, subiendo á las torres y bajando á los subterráneos, examinando