Misterio · Unidad 149 de 196
Unidad 149 · 380 MISTERIO
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
380 MISTERIO
— Estrecha relación... Como que el viejo alucinado quería traer al ánimo del rey la convicción de que uno de los impostores era realmente el príncipe, vuestro hermano. ¡Líbrenos Dios de que el rey cayese en lazo tal! Los impostores serán despreciables mientras nosotros, con algdn paso inadvertido, no les prestemos fuerza. El ser tantos y de tan diverso origen y procedencia les roba todo prestigio, y aunque la credulidad humana es infinita, difícil ó imposible me parece que logren mover hondamente á la opinión ni causar recelos fundados en ningún gabinete extranjero. Esto último, señora, es de la. más alta importancia. Europa está contra Francia, pero la Santa Alianza nos ha sostenido, nos ha amparado, nos ha afianzado en el vacilante trono, porque somos el Principio, A oídos de los soberanos de Europa llegaron jquién lo duda! los insidiosos rumores de la evasión de vuestro hermano; no faltó quien les comunicase notas afirmando que aun vive. A poco que el interés y la razón de Estado se lo aconsejasen, no habría gabinete que no encontrase ahí socorrido pretexto para abrumarnos y abrumar á nuestro país con exigencias y amenazas de intervención, que hoy acarrearían los más funestos resultados... No podemos prestarnos una vez más á traer aquí los ejércitos, extranjeros. ¿Cómo evitarlo si cayese sobre nosotros el baldón de umirpadores?
Mientras el duque se expresaba así en voz contenida, la duquesa escuchaba abismada. Sus ojos vagaban por las rosetas del tapiz que cubría el suelo.
— Demos gracias á Dios — continuaba el duque — de que entre
ausTERio H81
esa cohorte de aventureros, de falsarios y de alucinados que se alzan en cada departamento no exista ninguno... que por arte ó por casualidad... logre destacarse de entre los restantes.. « é imponerse á la atención de Europa... porque la consigna contra nosotros ¡sería el triunfo definitivo de la impiedad y de la revolución que hemos dominado, pero que ruge ansiosa de desatarse! Señora, en apariencia pisamos un sendero llano y florido; en realidad... á cada paso que damos advertimos la agitación volcánica. Los tiempos han cambiado; tenemos que proceder con exquisito tino, pesar cada uno de nuestros actos, el más insignificante. ¡Nos miran, nos acechan! Hombres y mujeres do la casa reinante de Francia, nuestra conducta debe ser clara como la luna de un espejo y recta y templada como la hoja de una espada de combate. Tenemos hasta que transigir un poco ;lo indispensable! con el empuje de los nuevos tiempos, y por eso yo, señora, en mi proclama de San Juan de Luz, hablaba de romper cadenas y de quebrantar tiranías. Por eso, en el Mediodía, he puesto coto al celo de nuestros partidarios, que pretendían ensangrentar con venganzas y represalias nuestro triunfo. El Pfñneipio nos manda ser cautos como la serpiente y mansos como la paloma... Por eso nuestros padres — llamemos así también al rey, que de padre nos ha servido en el destierro— desean que 08 prevenga en tiempo, á fin de que un mal paso, una inadvertencia, un movimiento generoso, pero imprudente, de vuestro bondadoso corazón. . .
— ¿Tanto peligro ven en mí? — preguntó con displicencia altiva la duquesa, acentuando la frialdad de su actitud.