Misterio · Unidad 15 de 196

Unidad 15 · 42 MISTERIO

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te entrego á las llamas... ;Si de nada servían!... Los sucesos de «sta noche han cambiado mi propósito. Puesto que con vivir retirado no logro que me perdonen; puesto que de todas maneras el puñal se esgrime contra mí y hasta mis infortunios i'ecaen sobre la cabeza de mi Amelia, de mi predilecta, la única que conoce mi secreto, porque su espíritu es varonil y su inteligen- 'tÍB. precoz y admirable... puesto que el hado me empuja á pesar mío volveré á la lucha. Pasaré á Francia secretamente, y allí, si tú crees que los papeles contenidos en ese cofre pueden servir de ftindamento á mis reclamaciones ante los tribunales. . . 6 al menos ante la Humanidad, reclamaré, gritaré; no podrán ya suprimirme calladamente. Y escucha una advertencia, hijo mío. Desde el mismo momento en que recojas este cofre y este rollo de pai)el (\ne guarda el estuche, no te creas seguro en parte alguna. Vigila, teme, no duermas sosegado, de nadie fíes. En todas partes te espiará la traición; los esbirros seguirán la huella de tus pasos para despojarte del tesoro. Yeo. qiie me miras asombrado y acaso dudas de si estoy cuerdo... ¡Piensíi en la asechanza reciente! No dudarás así que leas el manus crito enrollado. Ese manuscrito está dirigido á una mujer... á la que más quise después de mi madre; ¡á una mujer de quien Dios tenga piedad! Cuando lo hayas leído juzgarás de si puedes y debes ponerlo en manos de ella,, y serás tú el encargado de hacerlo. ¡Que jamás pueda decir esa mujer que pecó de ignorante! En cuanto al cofre, que encierra documentos importantísimos, ocúltalo, busca para él un escondrijo, en Francia, en las entrañas de la tierra... Hora y día llegará en que

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lo necesitemos. Entretanto, ;que tu mano izquierda ignore dónde lo ha enterrado la derecha!

— Juro, dijo Brezé, que nadie podrá saberlo. ¡Nadie!

— Cambia de ser, hijo mío. El que se me acerca, el que se me ofrece como verdadero amigo, debe ponei-se el antifaz, sepultarse en la sombra, vivir en el misterio. Como que yo soy todo miste-

rio, misterio profundo... Aquí tienes mis pistolas: están carga das. Y... hasta tu vuelta, porque supongo que en primer lugar quen-ás poner á salvo este depósito, que ya en mi poder corre riesgo. O mejor dicho, hasta Calais, donde estaremos sin falta dentro de una semana, en la posada del Pex Rojo^ Amelia y yo. No volvamos á reunimos en Londres; es probable que nos espían. -^ Donde yo guarde ese cofre en Francia no lo descubrirá un