Misterio · Unidad 153 de 196

Unidad 153 · MISTEBIO 391

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

MISTEBIO 391

fino de todos, el hombre más útil que conozco y que mejor me secunda — un siciliano llamado Jácome Yolpetti, que estuvo algún tiempo al servicio de la reina de Ñapóles, — sigue como la sombra al cuerpo los pasos de ese... sujeto peligroso, y va lentamente, con golpes de destreza, de audacia y de fortuna, poniéndole en situación de no hacer daño 6 de hacer el menos I)osible, si el caso llegase... Heredé de Fouché este sabueso, y venía llenando la misión que hoy ejerce... Ya se liabía dedix?ado á no perder de vista al individuo, y cuando todavía imperaba el Corso le tuvo á buen recaudo en Yincennes: pero la primer esposa del Corso, con fines que sospecho, viendo en él un arma terrible que poder esgrimir, se consagró á seguir protegiendo al sujeto y le proporcionó la libertad. Esta parte de la liistoria sería larga de referir puntualmente... Y además, ¿qué nos importa? Yengamos a lo actual. El sujeto, después de salir de Yincennes, emigró á Prusia; desde allí podía dar bastante que hacer. Pero no tenía estado civil; no era íi-adiey y á Yolpetti se le ocurrió una idea excelente. Se hizo amigo suyo, no sé cómo (artimañas de mozo listo), y afectando prestarle servicios, le proporcionó un pasaporte que, apremiado por las circunstancias, aceptó; el pasaporte llevaba un nombre cualquiera... Bajo ese nombre le inscribieron, le autorizaron para residir en Spandau... y trabajo le mando si ha de desasirse de él. ¡Un nombre! ;No hay cárcel como esa!

— Sin embargo — objetó el rey, cuando se poseen otros documentos que prueban la identidad...

— A eso voy, señor — respondió Lecazes haciendo con la

81)2 MISTERIO

mano extendida la seña que en todas partes significa «calma?^ , — falta lo más importante. Esos documentos cuya existencia y conservación al través de tantas vicisitudes es para mí un enigma, son precisamente el nudo de esta maraña. ¿De dónde proceden? Xi el armario de hierro, ni el escondrijo abierto por el desgraciado monarca en la pared de su prisión, lograron librarse de las pesquisas revolucionarias. Mi sospecha, señor, es que los fatales papeles se los entregó Barras, que fué muy coleccionista de documentación, á la criolla, y ésta al amigo leal del sujeto, á aquel Montmorín (pie le ayudó á evadirse de Vincennes. muerto después en una escíiramuza. Sea como sea, tales i)a peles eran una máquina infernal cargada de ¡)ólvora, que i)odía hacer explosión á Ciida instante. Volpetti no descuidó un momento el grave asunto, i>ero los papeles estaban bien escondidos. Tuvo el arte de colocar al lado del sujeto á un;i mujer que, de buena fe, creyendo servirle, le aconsejó que f?o pusiese en relación con Le Coq, el su j)erin temí ente de policía, y le confiase los documentos cpie acreditaban su personalidad...

— ;Y... se los confió? ¡Xo me asombraría! ¡La mujer lo consigue todol — dijo el rey con gracia.

— ;Ah, señor! ¡Sí: le confió unos cuantos, de bastante interés... i)ero reservó, el diablo sabe dónde, los mejores, los mi'is graves! Y en medio de mil i)eripecias ha logrado conservarlos encerrados en un cofrecillo...

— Después de la mujer, el mayor x)eligro para el hombre son los ])apeles— añadió el monarca siempre sonriente.

— Prosigo... Al persuadirse del fracaso do sus gestiones con