Misterio · Unidad 154 de 196
Unidad 154 · MISTERIO 308
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MISTERIO 308
Le Coq, y vista la imposibilidad de recobrar los papeles que le había remitido, el sujeto se aquietó. No es de los más revoltosos, y su tendencia natural le lleva (i la inacción y al retiro... poro hoy tiene á su lado una hija que es la misma inquietud. A no ser por ella... Bien; el caso es que nuestro sujeto pareció sosegado. Dejóse de ambiciones, se enamoró, se casó y se dedica á trabajar de relojería, que lo hace primorosamente...
— Es de familia — dijo con fino sarcasmo el rey.
— Así vegetó algún tiempo... La fortuna quiso que más adelante fuese acusado de incendiario y monedero falso y sentenciado á trabajos forzados en Silesia...
— ;La fortuna?... — articuló el rey.no sin picardía.— La fortuna... ó más bien... ;Ea, Lecazes, hijo mío— solía llamarlo así, — aquí no jugamos á engañarnos!
— ; Señor... cuando los sucesos se arreglan y combinan como podría desearse que se combinasen, ni debemos (quejarnos ni perdernos en investigaciones ociosas! ;Esa condena nos sería tan favorable, si llegase el momento de tener que ventilar ante los tribunales las disparatadas pretensiones del odioso sujeto! ¡Incendiario, monedero falso, presidiario! Sólo oso es ciipaz de perderá cualquiera ante la opinión púl)lica... y de retraer álos nobles que pudieran tener el capricho de seguirle. ¿Vamos á quejarnos si nos llueve un torrezno en la boca? ¡A osa cuenta nos quejaríamos también de la nube de imi)Ostorcs y alucinados que han aparecido por todas partos, y ([ue han creado ya tal escepticismo entre la gente que uno más que jmrezca tiene mucho adelantado para (^uc no le haga caso nadie!
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Nuevamente sonrió el rey. Diríase que se complacía en desbaratar los cortesanos artificios en que iba envuelta la ex^Dlicación del ministro de policía.
—Vamos, reconozco que no debemos quejarnos... tanto más cuanto que en la aparición de la nube de falsos delfines me parece que ha intervenido no poco un Júpiter bastante conocido nuestro... ;Eh? ¡Bien, hijo mío; hablemos como hablan las personas de entendimiento, que han sabido vencer sus virtudes, anularlas, relegarlas adonde se relegan los estorbos!... Como que tenemos demasiado buen gusto para ser pedantes moralistas...
Lccazes sonrió á su vez.
— No creo que me confunda usted — prosiguió el rey inválido, cuya cabeza irradiaba intelectualidad y malicia — con mi sobrino Fernando, que sólo ansia el momento de abrazar á su resucitado primo. jPobre Lecazes! llaga usted dimisión el día en que yo falte, que pronto será...
— Vuestra Majestad — dijo el ministro— está, por fortuna, más fuerte de lo que él mismo supone. Mientras su elevado espíritu vea las cosas tan claras y no se deje subyugar por augurios como los que le trajo aquel viejo, aquel ^Lirtín... ¡largo reinado le esj^era!
Y despuós de esta Iwcanada de incienso, continuó:
— Alguna vez habíamos de tener buenas cartas en nuestro juego.. . La causa principal de la condena á presidio de ese sujeto fué la indignación que produjo en los jueces su impostura — así consta en autos. — Le condenaron, no por los delitos, que eran di-