Misterio · Unidad 156 de 196
Unidad 156 · MISTERIO 397
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
MISTERIO 397
])oro ya 6 ol hormano () ol mismo sujeto habían puesto on salvo los ílo verdadera transoeiidenoia. J^a policía alemana tiene de plomo los ])ies y la caheza de esto])a, porque ¿no es donosa oeurrenc/ia Imsoar pruebas de tal fuste en la casa de acjuel á (piien interesan? ¡Muy necio ha de ser si las tiene allí, y sobre todo si las tiene de manera que un registro pueda descubrirlas!... No bajarán de diez las veces que en una ó en otra forma, lo^al 6 ilegal, á pretexto de incendio, simulando robo. ;l)ios sabe (íómo! lia sido registrada y vuelta patas arriba la morada del sujeto: se le ha cogido mucho pai»el(')n, pero los de fondo... claro es (¿ue en otras manos habían de encontrarse. ¡Excejíto intimamente, en Londres, donde consta (pie los conservaba ól, en escondrijo inaccesiblel Como en Inglaterra no es fácil manejar las cosas á nuestro gusto...
— ;E1 residía en ínglaterraV
— Sí, señor. Allí se trasladó desde Prusia, convencido de (pie le convenía un país cuyo Gabinete no estuviese en tan buenas relaciones con el nuestro y donde se alardee de legalidad y de res])etoal domicilio... Allí el sujeto, cansado de escribir cartas á todo bicho viviente y de que nadie le haga caso, vivió algún tiempo tranquilo, entre la relojería y la química, á la cual es muy aficionado: ¡como que dicen que ha inventado una granada explosiva nueva!
— Y en ese caso — murmuró el rey, — ¿por (\\\6 no haberle dejado en ])az? Cuando la gente no busca ruidos...
— Sí, señor: en paz le dejábamos... Es decir, ¡en una paz relativa! porque tratándose de esos lunáticos hay ([ue temer sicni-
pre la reaparición de la manía con caracteres agudos. Nuestra suspicacia tuvo que despeinarse al saber que había enviado á Francia á su hija mayor, y que esta muchacha, que ya no es lunática, sino una intrigante muy temible, parecida á aquella célebre madama de La Mothe que tanto dio que hacer á la última 6 infeliz reina de Francia, había preso en sus redes á un noble francés que ostenta un nombre tan respetado como el marqués de Brezé, Renato de (Hac.
— ¡Ya tenemos en campaña á Eva! — articuló con picardía el rey.
eij coisrsEJo r>EL fa^o- alisto
— Vuestra Majestad coin])renclerá — prosiguió el ministro do l)olieía — que esto era serio. Los fines de la niña no podían estar más claros: armarnos aquí el alboroto. Traté de barrer la telaraña, haciendo que la duquesa de Rousillón, la mamá del galán...
—Valiente pava rellena— dijo el rey. — ¿Qué iba uste<l á conseguir por medio de esa ave de corral?
—Encargarla de enterar á su hijo de que el padre de la seño-