Misterio · Unidad 157 de 196
Unidad 157 · 400 MISTEIIIO
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400 MISTEIIIO
rita Amolia os un jirosidiario... Poro ol amor os oioiro. y el inarquós do lírczó so nos marchó á Londros... adondo lloiró con tal oportunidad que... <|Uo salvó la vida á su futuro suegro...
— ¡La vida! — proiruntó ol rey. — ;Y quien amenazaba su vidaV
— Lo natural en TiOndros... un ataque nocturno do ladronzuelos, do malhechores vulp:ares — contestó neirli?:ontemento L<^fazes, cuya mirada, por un instante, evitóla del soberano. — No se fijo Vuestra Majestad en ose oi)isodio sin im]>ortancia: estamos Hopeando á lo transcendental... Como yo me figuraba, la niña ;T)ios nos libre de niñas!... no había echado el anzuelo al marques sino j^ara preparar, en el seno mismo de la nobleza adicta al trono, una cam])aña á favor de su padre. Desde ol ])rimor momento, los documentos graves — la verdadera granada explosiva de ese hombre —fueron confiados al marqués... y so ar»ordó un viaje á Francia, conviniendo en reunirse todos en Dower...
— ;,Y cómo sui)o usted oso, barónV
- ¡Pues lucidos estaríamos, señor, si yo ignorase algo! Mi oíic-io os saberlo todo... ;Xo he dicho á Vuestra Majestad <[ue el mejor do mis sabuesos, Jácome Volpetti, sigue al sujeta como al cuerpo la sombra? ¡Y lo que Volpetti no descubra! iVorá Yuostra Majestad (pié episodios tan novelescos! Yol])etti. que es de oro, apenas enterado, se las ingenió ])ara alojarse en ol mismo hotel donde paraba el marqués de Brezé. y valiéndose do una estratagema muy liábil, logró hacerse dueño del cofrecillo donde se guardaban los documentos.
MISTERIO 401
A pesar de sus piernas inútiles, el rey medio brincó en la poltrona.
—¡Entonces, estamos salvados!— dijo.— [Porque en el mismo instante de echarles la zarpa los habrá reducido á cenizas!
— ¡Señor!— articuló Lecazes. — ¡Gran idea, por cierto! ¡Pero cuyos inconvenientes, así al pronto, no adivina Yuestra ^hijestad! ¡Jamás me he fiado yo completamente de los instrumentos que empleo! ¡A mis espías los espío! ¡ Tienen orden de entregarme á mí mismo, á mí sólo, cuanto recojan! Porque figúrese A^uestra Majestad que se les ocurra la diabólica idea de decirme que lo inutilizaron y quedarse con todo ó i)arte en las uñas... y equivaldría á una pistola cargada y apuntada á mi i)echo. No; prohibición absoluta de inutilizar nada...
— Lo cual significa — murmuró el incorregible rey— que todas las ¡fistolas cargadas y todas las armas y todos los secretos ha do i)Oseerlos sólito mi niño Lecazes.
Rióse el ministro de policía, pero había en su risa algo de forzado.
— ¡Cuánto me place el buen humor de A'uestra Majestad! — respondió en tono afable. — Por desgracia el asunto no es jocoso.
— ¿Pues no dice usted que Volpetti se aj)oderó de los temibles documentos?
—Sí... A eso vamos. Desde este momento la intriga se complica de modo inesperado y grave... Aparece en escena una fuerza que jamás había actuado en los asuntos del sujeto; azar extrañísimo, la más rara de las ciisualidades pone al servicio
del impostor Dorff... ;á quien cree \"uestra Majestad?
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