Misterio · Unidad 158 de 196
Unidad 158 · 402 MISTEUIO
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402 MISTEUIO
— ;A los carbonarios, como si lo viese!
— ¡Exactamente! ¡A los carbonarios; á esa asociación que nos está minando el suelo, que tantas inquietudes nos cuesta, que continúa bajo tierra la revolución que hemos logrado abozalar en las calles y en la plaza pública y que se prepara á convertir á Francia en un volcán! ;A los que han escrito en sus estatutos: «Los Borbones han sido traídos por el extranjero, y los carbonarios se asocian para restituir á la nación francesa el libre ejercicio do su derecho!» ¡A los que tienen ramificaciones en la Cámara, Vuestra Majestad no lo ignora; que las tienen más profundas aún en el ejército, donde no i^odemos lx>rrar el recuerdo del Corso; que mantienen viva, incesante, la protesta contra el régimen establecido!
— ¿Y cómo diantres, barón, han llegado los carbonarios á meter la nariz?...
—Una contramina, señor. En Dower hallábanse apostados dos enviados de la Venta de París, de los más resueltos, uno de ellos italiano, acechando el paso de Jácome Yolpetti, á quien detestan, porque allá en Italia ha debido de hacerles algunas jugarretas inolvidables...
— Y ahí, hijo mío, se demuestra que al t^ujeto^ como usted le nombra, debió ponérsele un esbirro es])ecial, que no tuviese por enemigos á los carbonarios.
Lecazes sintió el alfilerazo de esta observación, que i^robablemente no llevaba más objeto que mortificarle, pero continuó:
— Debido á eso, y por una serie de incidentes largos de referir, unieron sus intereses los emisarios de la Venta y el mar-
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ijiiés de Brezo, j entre todos, después de haber asesinado á otro agente de policía de los dos que acompañaban, para mayor precaución, á Yolpetti, y uno de los cuales se había quedado en Londres; después, repito, de asesinar y echar al mar al agente — y observe A'uestra Majestad si se paran en barras esos mocitos — amarraron á Yolpetti, le sustrajeron el cofrecillo de los documentos y le transportaron á bordo de un barco francés, mandado también por un carbonario, para ejecutarle allí... Pero Yolpetti, que es el demontre, logró huir, arrojándose á nado; recocióle un schooner inglés: el buque francés dio caza al .^rhooner, y á cañonazos le echó á pique gin combate; el barquito no podía defenderse porque llevaba fuego á bordo...
— Lecazes, novelista - murmuró el rey.
—Es la historia, señor, la que en estos picaros tiempos, de conspiraciones y defensa social por la policía, se deja tamañita á la novela — respondió el ministro. — ;Y llegamos á lo más novelesco! A pesar del incendio del buque y del acto de piratería del carbonario, A^'olpetti logró escapar con vida. Fué arrojado por las olas á la costa bretona, cerca de Pléneuf. mientras, ignorantes de estas circunstancias, desembarcaron de Brozé, Dorff y su hija, acompañados y protegidos por los emisarios de la Venta.
— ¿Cómo se explica la alianza de los carbonarios y del sujeto?
— Yuestra Majestad no ignora que, trabajando contra el régimen, tienen los carbonarios independencia para hacerlo según les acomode. A esa idea responde la ramificación carbonaria llamada de \os Caballeros de la Libertad^ donde al individuo se