Misterio · Unidad 159 de 196
Unidad 159 · 404 MISTERIO
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le concede la mayor iniciativa para que proceda por su cuenti y riesgo. ¡A esos únicamente temo, señor! ¡Ahí pueden ger-* minar toda clase de atentados!... Donde haya cómplices, yo indagaré , sabré y descubriré las tramas; pero el pensamiento que oculta un hombre solo... Dios únicamente lo rastreará. Recelo — no puedo afirmarlo— que los carbonarios que esperaban á Yolpetti en Dower pertenecen á esa rama. Por pronto <iue quiso Yolpetti prevenirse y girar algunas órdenes para evitar que los viajeros llegasen aquí y se pusiesen en comunicación con la mucha gente que ya han visto era tarde. El sujeto está en París, señor... bajo el ala protectora de la Venta, que tiene olfato y prepara el escándalo europeo. Los papeles deben de hallarse á buen recaudo. Sería inútil cuanto hoy se hiciese para apoderarse de ellos mediante violencia... No tengo ni la más mínima sospecha de donde pueden haberlos' ocultado.
— ¿De Brezo ha venido con el sujeto?
— Y uno de los carbonarios, el italiano.
— ¿Y la joven? ¿La Eva?
— A esa, para mejor resguardarla, la alojaron secretamente en el castillo de Picmort , que es de los Brezé y se encuentra en Bretaña. La escoltaba el otro carbonario; pero éste ya sdlió de allí para alguno de esos viajes sospechosos que ellos emI)renden.
— ¿No cree usted que la niña podrá ser la depositaria de los papeles?
— Xo lo creo. En primer lugar, por caballerosidad -y Brezo
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las da úe paladín;— nunca la fiarían á ella el cargo de mayor peligro, y además , donde esos papeles les conviene es aquí.
—Entonces, bien está la niña en el castillo — advirtió el rey.
— ¡Muy bien! Y más en atención á que la pava rellena, como dice donosamente Vuestra >Laj estad, me ha asegurado que hay un guapo /7ar.9 bretón, administrador de los marqueses de Brezé, que, valiéndose de la favorable ocasión, trata de deshancar al marqués y acaso lo consiga.
—De seguro — dijo el rey con su risa volteriana.— ;Un aldeano! ¡Un pastorcillol ¡Una égloga! ¡Qué mejor para un corazón tierno! ¡Felices los pastores!
-Y se puso á canturrear:
En el regazo de Filis Damón, desde que amanece, ramos de flores ofrece, con rocío matinal...
— ^A'iniendo á lo de los papeles, señor, eje de nuestra ya larga plática, que temo, moleste á Vuestra Majestad- dijo Lecazes sin hacer caso de aquella poética interrupción, —sostengo que están aquí, porque, entre otras razones, el sujeto podrá necesitarlos para convencer á Madama, la señora duquesa, que es la persona en quien confía...
— Y á mi sobrino Fernando...
— Ese... ese ¡ya está convencido! ¿Acaso ignora Vuestra ^íajestad que pretende que reconozcamos al mjeto? Pero esto es nada al lado de la posibilidad de que la duquesa, la hermana,