Misterio · Unidad 160 de 196
Unidad 160 · 40G MISTERIO
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40G MISTERIO
la compañera de prisión, pueda amparar al quídam á (luioii la fortuna hizo dueño de tan decisivos testimonios. ¡Ante todo, lo que importa es disponer el ánimo de la duquesa con suprema habilidad, para que no sea fatal su ya inminente intervención en este asunto!
— Yenga ese plan, hijo mío. Yo, desde que se trata de hacer bueno de una mujer, me declaro inepto.
— He aquí lo que he pensado, señor, sobre tan capital asunto. Si lográsemos que la señora duquesa recibiese al sujeto...
— ¿Cómo?— interrogó asombrado el rey.
— Que le recibiese... — insistió Lecazes — secretamente... de un modo reservado... y exigióndole, para adquirir plena certidumbre de su identidad, la presentación y comunicación de los famosos papeles...
Lo mismo que si se encontrase en una representación y ocupase el «asiento de espectador» — único que declaraba pertenecerle en el teatro — el rey aplaudió; un aplauso sonoro, franco, homenaje al talento.
— I Comprendido! ¡Basta! — exclamó gozoso.
— ¿De modo que Yuestra Majestad adivina el resto?
— ¡Adivinado, criatura! Pero...
Y el rey se rascó ligeramente el lóbulo de la oreja, mientras Lecazes, radiante, absorbía una dedadita de aromático rai)é: afición que, adquirida primero por halagar al monarca, había llegado á ser en él vicio favorito.
— Pero ¿quién le pone el cascabel al gato?... ¿Quién decide á mi sobrina?...
MISTERIO 407
- La señora duquesa, probablemente, se encuentra inclinada á liacerlo. Y si no, se encargará su esposo de decidirla.
— ¿Su esposo? Lecazes, ¡usted y yo ya no somos chiquillos! ¡Estamos de vuelta! Mi buen sobrino Luis no ha tenido arte para ejercer ascendiente sobre su mujer. La ha tratado con un respeto tan profundo que... ¡naturalmente! no se han entendido ni pizca. Yo no sé á quién sale esta segunda generación tan torpe con el bello sexo... Luis, en ese punto, me avergüenza... ¡Es verdad que Fernando me honra! Y además, «luerido Lecazes, ¿no le hemos encargado á. Luis, justamente, que convenciese á su esposa de que haga como si tal aventurero no existiese en el mundo?
Antes de que replicase el ministro se oyó llamar á la i^uerta interior que comunicaba con las habitaciones particulares do! rey.
— O Fernando ó Luis— dijo éste.- -¡Cuidado!
En efecto, momentos después, la marcial y elegante figura del duque se encuadraba en el marco de la puerta, y el sobrino dol monarca entraba y besaba respetuosamente la mano de su tío.
— Llegas li tiemi>o: siéntate y danos noticias. — ¿(^)ué dice María Teresa?
— Señor... — exclamó el duque, cuyo semblante se oscureció— las nuevas que puedo dar á Vuestra Majestad no son gratas. He encontrado á la duquesa bajo el influjo de una exaltación penosa. Ha recibido una carta de ese... sujeto y la guarda sobre su corazón...