Misterio · Unidad 190 de 196
Unidad 190 · MISTEKIO 481
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MISTEKIO 481
quien me he dirigido y á ij[uien he visto desfallecer al solo nombre de ese individuo y de esa historia, cuyos episodios más trágicos ocurrieron en los comienzos del verano pasado en Versalles... ¿Estoy bien informado? Gomo que le costaron la vidaá un amigo mío, un caballero de veras. Renato de Giac, hijo de uno de los mejores oficiales de nuestro valeroso ejército de Condí''...
— Fernando—tartamudeó el rey, cuya tez había ido inyectándose y cuyo rostro descubría profunda contrariedad, — en cualquiera sería atrevimiento lo que haces, pero en ti es algo más: raj'a y toca en insensatez y en delirio. ¿Eres tú el llamado á sostener tales fábulas? ¿Sabes lo que significaría lo qne te has tragado como un bendito? Pues significaría ¡ahí es nada! que somos un usurpador, que lo (¡ue creímos restauración fué un robo y que, como ese impostor tenía hijos, nuestro lugar es el del que hurtó y devuelve lo huitado y se retira entre la befa, el CvScarnio y probablemente la intervención armada de Europa, que vendría á poner orden y limpiar una cueva de bandidos.
— No se trata de un impostor — repitió Fernando impávido.
.—¿Entonces nosotros somos los que detentamos lo ajeno? — gritó descompuesto el rey.
La sonrisa de Lecazes era un derrame de hiél, una crispación del infierno.
— En efecto, señor...— insistió con arranque el príncipe. — Por desgracia, es verdad... Y yo, por mi parte, no (luiero... jSobre todas las cosas del mundo de Dios abajo, sobre el poder y el trono me importa el honor, la religión de los caballeros!
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¡Seré ó no seré Alteza real, pero soy de fijo un soldado, y, á pesar de algunas ligerezas, un cristiano también; no ejercito la virtud, como mi hermano Luis, i)ero no despojaré á nadie! Y no puedo, no jmedo vivir así. He querido despreciar estas misteriosas epístolas, y ¿sabe Vuestra Majestad por qué? Porque en todas ellas resuena una amenaza y sentiría que me creyesen cobarde. Arrostro al fin esa contingencia; ya demostraré, si Dios me da vida y á Francia guerras, que vista cara á cara no temo á la muerte. Por eso quise decir á Vuestra Majestad que si esto no se arregla como piden la justicia, el derecho y nuestra dignidad, yo escribiré á... nuestro pariente... y si es menester emprenderé el viaje á Holanda y me i)oiidré á disi>osicióu de ese infortunado, ¡wr vsi puedo reparar el daño que ^ le infirió.
— Y no me extrañaran tus bizarros arrestos, sobrino — respondió el rey, ya colérico, con ironía. - Serán propios del que no ha meditado las consecuencias de sus actos jamás; del que no tuvo reparo en enlazarse en Londres con la plebeya Amy Brown; del (jue se jacta de desdeñar la etiqueta y las costumbres palaciegas y, plagiando al Corso, á fin de halagar á la populachería de los cuarteles, alardea de ideas incompatibles con lo íiue rei)resentamos. Tu desvarío me autoriza á hablarte en estos términos; tíi te lo has buscado y lo has querido. Más te importaría el porvenir del trono si, en vez de conseguir en tu esix)sii legítima sólo hijas, hubieses tenido la fortuna de darnos el heredero varón que tanto ansiamos. Pero, en castigo, te lo niega la Providencia...