Misterio · Unidad 34 de 196
Unidad 34 · 92 MISTERIO
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le habían extendido para curarle la herida, veíanse dentro de un solo marco varios inedalloncitos de miniatura, rodeados de diminutas crisolitas, piedra muj^ usada en el siglo xvui, que imita de un modo sorprendente el brillo del diamante. Uno de los medallones atrajo las miradas de Renato, y cuando ya se despedían, al reiterar Dorñ' sus protestas de gratitud, suplicó el marqués:
— Si quiere usted ofrecerme una generosa recompensa ix)r un leve servicio... regáleme ese retrato.
—¿Cuál?
—El de Amelia.
El medallón á que Renato señaló representaba á una dama de «1 ti va hermosura, con el pelo en erizón; dos anchas baterías asomaban detrás de la oreja; gruesos bucles Ciiían por los hombros; un tocado de rosas y plumas inclinado hacia la izquierda coronaba el peinado; la abertura de un jubón y un fichú blanco de muselina y encajes descubrían fresca garganta, prolongada y torneada como una columna de marfil, y el nacimiento de un seno ideal. Dorff descolgó la miniatura gravemente; puso en ella con devoción sus labios, y ofreciéndola á Brezé, en voz que velaban la emoción y la ternura:
— No es de Amelia este retrato— dijo. — Es de su abuela; de mi infeliz, de mi santa, de mi adorada madre...
Y como Renato hiciese el movimiento de rehusar por delicadeza, el mecánico añadió:
— ^No me desprendería de él por nadie, excepto por el marqués de Brezé, á quien ya miro como á hijo, llegue ó no llegue
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á formar parte de mi familia, pues los sucesos de mi vida pertenecen á la fatalidad. Ahí va ese medallón de miniatura que ha descansado tantas veces sobre mí pecho. Casi me alegro de separarme de ól. ¿Quién sabe si en el momento menos pensado vuelven á registrar por centésima vez mi casa, despojándome de lo último que me resta para documentar mi personalidad, de mis más caros recuerdos, de lo que constituye mi vida afectiva y moral? Más seguro tengo lo que deposito en otras manos honradas. Consérvalo también, como lo demás que te he entregado. Te recordará á Amelia; la semejanza es tal — á pesar de la diferencia de traje y peinado - que no extraño tu error.
Oculto llevaba Brezé sobre su corazón el medalloncito cuando llegó al Hotel Douglas, donde se alojaba. Su primer movimiento fué sacar la miniatura del amoroso escondrijo y cubrirla de 1)6808, contemplándola detenida y apasionadamente á la luz de la lámpara, y á pesar de la semejanza, en verdad asombrosa, al notar (pie el retrato representaba una dama de hacia 1780, no pudo menos de exclamar:
— ¿Cómo diablos la he tomado por Amelia? Si es á la infeliz reina á quien se parece de un modo extraordinario.
La observación dejó á Renato pensativo, pero no tuvo tiempo de sacar consecuencias de ella; encontrábase mal, abatidísimo; su cabeza se desvanecía. La pérdida de sangre empezaba á hacer su oficio; Renato se desnudó y se dejó caer en el lecho. Su curiosidad misma se extinguía; no se sentía con fuerzas ni para hojear el manuscrito que le habían confiado. Tin instinto de prudencia le movió á agasajarlo, junto con el cofrecillo.