Misterio · Unidad 37 de 196
Unidad 37 · 98 MISTEKIO
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98 MISTEKIO
pero muy desgraciados. El marqués está herido y desde hace cuatro días guarda cama. No ha venido á verle sino el médico. ¡Si ya me parecía á mí que le había dado!
— ¿Eso es seguro?
— Segurísimo.
— ¿No ha recibido tampoco cartas?
— Nada. Me consta. He sabido preguntar haciéndome el bobo y he tropezado con un sieivari que es una joya por lo necio y lo parlanchín.
— ¿Y la herida ofrece gravedad?
— Creo que no. Le ha producido un poco de fiebre; pero ¡pchst! el diablo, que todo lo añasca, desvió el cuchillo medio centímetro del pulmón, ün rasguño; como que le vimos abandonar por su pie la casa de Dorff y tomar un cab en Willingtonstreet.
— Bien; ahora me vas á detallar perfectamente lo que sucedió al salir el marqués de la casa.
— Después de estarse allí dentro mucho tiempo, salió; le alumbraron hasta la puerta; había mujeres. Llegó á la mitad del square y recogió el cuchillo, que se nos olvidó allí; al hacerlo se le cayó un objeto que llevaba oculto bajo el brazo, que alzó luego del suelo; tenía la forma de una caja y produjo un sonido como de choque metálico al rebotar contra el tronco del árbol.
— ^Y cuando... cuando se defendió... ¿sabes si llevaba esa misma caja?
—Juraría que no la llevaba. Sus movimientos no hubieran sido entonces tan libres. No; esa caja debieron de entregársela en casa de Dorff.
MISTERIO 99
Al oir esto tuvo Volpetti que reprimirse para ocultar la intensidad de su júbilo. Aquello era como si una estrella asoma se en negro cielo ó como viva claridad de luna que rasga los nubarrones é ilumina el paisaje enseñando el camino al indeciso viajero. Acariciando con la mano bien cuidada su romántico tupé, (í lo ráfaga de aire, Yolpetti señaló hacia el lavabo \ las maletas y ordenó con aparente serenidad: . — Prepara todo para que me arregle y me cambie de ropa. Saca una camisa bordada, unos calcetines de seda, el frac violeta, los calzones grises. Y... con mucha cautela... mientras das vueltas por los pasillos, toma el número de la habitación del marqués y trázame un pianito de este piso principal del hotel. Estudia bien sus entradas y salidas. ¿No te han alojado aúnV Trata de obtener para ti la habitación más próxima á la del enfermo, y mejor si no le /alta chimenea. Hace demasiado frío aún en este diablo de Londres para prescindir de cosa tan indiPTensable. Ya te completaré instrucciones. Discreción y diligencia.
El satélite dejó ver una chispa de malignidad en sus pupilas y se apresuró á obedecer.