Misterio · Unidad 4 de 196
Unidad 4 · 14 MISTERIO
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
14 MISTERIO
en Alstadt, en Silesia. Aquí tengo los documentos oficiales que lo confirman» — agregó mi madre, presentándome un abultado sobre.
Amelia, inmóvil detrás de la reja, cumplía su compromiso: escuchaba hasta el fin.
— ¿Has acabado? — interrogó.
— Sí... ¿Qué más puedo añadir? ¿No basta para desventura?
— Basta y sobra — replicó la joven con helada entereza. — Jamás volverás á verme, marqués de Brezé. Son las últimas palabras que cruzamos. ; Hasta nunca!
Y desprendiéndose de las manos de Renato, corriendo á todo correr, lanzóse Amelia hacia la casa, desapareciendo su vestido claro detrás de los macizos del jardín.
ib/L:E:^/LOTixA,e
Renato iKíriiianeció más do veinte minutos asido á la reja, murmurando oon ahinco el nombre de Amelia, auníjue no consintiese esperanza alguna aquella retirada en (pie se traslucían H la A'ez la indignación y el desprecio. Sintiendo que el corazón se le partía, se determinó por fin á marcharse, andando despacio, y su fiebre le impulsó á vagar por las calles próximas, sin objeto, distrayendo involuntariamente los sentidos. En el grado de exaltación en que so encontraba, imposible le era recogerse al Hotel Douglas— fonda esc^ocesii de cuarto orden, elegida expresamente para evitar que le descubriese algún compatriota; — más imposible acostarse y conciliar el sueño. Sin saber hacia
IG MISTERIO
dónde se encaminaba, vino á parar á las márgenes del río, á la confusa hilera de muelles con embarcadero, solares cercados de vallas de tablas y extraviadas callejuelas por donde se accedía á los malecones que encierran la negruzca corriente del Támesis. No hacía niebla, y las estrellas de que comenzaba á poblarse el firmamento se reflejaban centelleantes en la oscura superficie. Renato seguía la orilla, á trechos erizada de mástiles de embarcaciones.
Refrescaba su imaginaci(5n- herida por el dolor que le había causado la despedida de Amelia — escenas de la historia de aquella pasión, de su ciego desvarío por una mujer desconocida, tenida quizás en concepto de aventurera despreciable. Cerca del vetusto castillo de Brezé, cuyo parque y dominios se extienden por una de las comarcas más feraces y ricas de Francia entera, álzase el molino de Adhemar, antigua dependencia, así como la granja que le rodea, del castillo. Cuando lo incendiaron los revolucionarios, sobráronles teas y estopas embreadas para pegar fuego al molino también, porque los Adhemar, leales ásus amos, pasaban por legitimistas acérrimos. El marqués de Brezé y el conde de Lestrier, padre y tío respectivamente de Renato, hallábanse entre los emigrados, en compañía de los príncipes. Eloy Adhemar, el molinero, se había internado en Suiza, de donde volvió muy experto en su oficio; había servido de mozo en un gran molino de Berna. La efervescencia revolucionaria se calmaba rápidamente. Adhemar compuso su molino, y esperó allí á que los de Brezé, con la Restauración, retornasen á su castillo triunfadores. La familia la representaba Renato; su padre