Misterio · Unidad 82 de 196
Unidad 82 · TERCERA PARTE
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TERCERA PARTE
LOS CABALLEROS DE LA LIBERTAD
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Frente al muelle de Dower, en el punto más cercano al -embarcadero, existía en aquella época, en que todavía no abundaban los buenos hoteles, uno entre figón y hospedería, que ostentaba en su muestra enorme cetáceo pintado de almazarrón •con este letrero: The Red Fish (El Pez Rojo),
La concurrencia á este establecimiento, que pronto se cerró por haber hecho fortuna su dueño, el rollizo John Sympdale, el •cual se retiró á cultivar una granja en el condado de Kent, se componía de marineros y cargadores, parroquianos del figón en ■el piso bajo, y de capitanes de barco, pilotos, negociantes de
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toda suerte, que allí descansaban de una travesía 6 esperaban el buque que había de llevarles á su destino. También solían detenerse en el Red Fish viajeros que al ir á Londres ó regresar á Francia se reponían de las molestias del mareo^ porque la travesía del Canal no se realizaba sin tales inconvenientes.
Era. pues, el Bed Fish establecimiento de mayor importancia de lo que prometían su aspecto exterior y su tradicional muestra. Sus cervezas y whiskys gozaban fama de excelentes, y asimismo su bacalao fresco, su salmón ahumado y sus sopas d& avena á la escocesa. Hallábase la cueva provista como pocas loestarían aun en el mismo Londres; sabía el rollizo Sympdale que nada atrae á la clientela de gente de mar como el aromático olor de los rancios vinos portugueses y españoles y el estrépito de los espumosos franceses, anzuelo de la bien lastrada bolsa de los marinos y de su cuerpo ávido de sensaciones, de apurar mil goces en una hora. Así es que las estanterías de la bodega del Pez Rojo se honraban con vinos de á media guinea la botella y algunos de á guinea, y no les faltaban consumidores.
Cuando ingresamos en la extensa pero ahumada y oscura sala baja del Pex Rqjo^ á hora en que está casi desierta — pues son las once de la mañana y los borrachos de la víspera se han ido á dormir la mona, — sólo hay dos ó tres mesas ocupadas y les jpresta servicio, solícitamente, la roja Kate, sobrina del hostelero. Escotada y de manga corta, enseñando las frescachonas carnazas, Kate escancia la cerveza y deposita sobre el tablero sin mantel fuentes de salmón ahumado cocido con patatas, bañado en manteca y fuertemente sazonado con moscada y jen-