Misterio · Unidad 88 de 196
Unidad 88 · MISTERIO 225
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
MISTERIO 225
yidencia de que siempre hablas y que á tantas y tan duras pruebas te ha sometido? ¿No has comprado ya tu perdón con un infinito* de dolores? ¿No has visto caer torres muy altas? ¿No has visto al gigante, al Leviatán, al corso terrible, rodar por tierra hecho añicos? ¿No está en el trono la usurpación? Ten más fe. Yo veo — y al decir esto parecía Amelia una sibila hermosa y joven. — yo veo levantado el brazo de Dios dispuesto á herir, pero no sobre ti, sobre los otros^ sobre ellos. ¡La hora se aproxima! ;La medida está colmada!
Al hablar así, transfigurábase: sus mejillas se inflamaban, sus ojos fulguraban como los de un arcángel vengador é irritado, sus labios tenían un temblor de espléndida cólera, «n estremecimiento de indignación sublime.
— Amelia... me asustas — balbuceó Dorff.
— lAfuera miedo pueril! Renato nos salvará; y si él no bastase para salvarnos, hasta de la tierra surgirán defensores. Animo, padre mío; valor y calma, Renato, mi futuro esposo. Celebremos una especie de consejo de guerra. ¡A deliberar!
Dorff, inclinándose, besó la frente de su hija.
—Contigo, al último límite déla energía humana— respondió, fascinado, como siempre, por la intrepidez de aquella criatura.
—Atiéndame el general en jefe — murmuró Amelia sonriendo seductoramente. — Aquí nos proponemos dos fines: primero, recobrar el cofrecillo; segundo, entrar en Francia secreta y seguramente ¿No es eso? ¿Qué probabilidades tenemos de conseguir ambas cosas?
- — Respecto á lo primero — contestó Brezé — hay probabilida-
226 MISTERIO
des, pero no planes; procederé con arreglo á lascircunstancias. Sólo de la voluntad estoy seguro: quiero recuperar el cofre.., y malo será que no lo consiga. Cuando á fuerza de dinero y de astucia — jahl ¡ahora yo también soy astuto!— logré saber que el ladrón se encaminaba aquí, me propuse adelantarme y que no se embarque sin recibir noticias mías. He venido á uña de caballo. Y no hay cuidado, no me expondré neciamente; ya sabré guardarme. La prudencia que tan tarde aprendí, la cautela que no debí olvidar un momento, ahora me acompañan. He multiplicado estratagemas. Para despistar, en Londres, me mudé ostensiblemente del hotel Douglas á otro hotel, de allí á una posada, de ésta á una casa particular, hasta que hice perder por completo mi rastro. ¡Y en cambio encontré el del espía! No se embarcará en paz, como sin duda piensa, para llevar á Francia el fruto de su robo. Él de cierto ha elegido este punto de la costa, por la seguridad de que aquí se encuentran á cualquier instante buques dispuestos á hacerse á la vela para Francia. [Ah, zorro! ;La trampa está armada y no te librarás!...
Y el rostro del joven marqués adquirió expresión sombría.
— El cofrecillo se recobrará, señor— añadió colocando la mano sobre el pecho y volviéndose hacia Dorff, como si prestase juramento solemne.
—A condición de que no se derrame sangre— suplicó el mecánico.— ¡Bastante se ha derramado por mi causa y por la de los míos! Oye — murmuró bajando la voz, — no creas que es piedad: es una especie de presentimiento. Si por mí se vierte más san-