Misterio · Unidad 94 de 196
Unidad 94 · 242 MIBTEBIO
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
242 MIBTEBIO
iré, si es que voy, en un bote que fletaré á la hora más oonveniente. Digo si es que voy, porque aun no estoy seguro. Quizás oonyenga á mis intereses no salir de Inglaterra por ahora.
Estas palabras de Renato, transmitidas por Soliviac á los carbonarios, Mcieron fruncir el entrecejo á Luis Pedro, cuya suspicacia se deapertó nuevamente.
— No es amor sólo el que danza ahí — repitió, viendo sonreír á Gíiacinto. — ^Apuesto á que tiene su busilis la conducta del marqués.
— Le he manifestado — advirtió Soliviac— que el Peliphéme no le aguardará, y que se expone á quedarse sin embarcación, y me ha respondido que supone que el brick no se hará á la mar antea de la marea de la media noche.
Sobresaltados los dos carbonarios cruzaron una mirada. Criacinto, á pesar suyo , principiaba á compartir la inquietud de Luis Pedro. Hay situaciones en que cualquier incidente inesperado alarma.
T7~Bien, pues dejarle que haga lo que quiera y no perderle de vista. Nuestra tarea se diatribuye así: tú, Giacinto, quedas en tierra y acompañas á Yolpetti y á su fámulo hasta la chalupa; en ella estaremos el capitán y yo. Si Brezé quiere embarcarse al mismo tiempo no le recibiremos, porque no cabe. Se quedará en tierra y... nada más. No hacen falta testigos. Ahora... cada uno á su lugar.
Cosa de media hora después bajaba Renato de Brezé la escalera, dando el brazo á la supuesta Miss Bess O^Ranleigh, cuyo rostro cubrían el sombrero de paja y el velo y cuyo cuerpo ^^
MISTERIO 248^
gante eavoMa ancho tartán de grandes cuadros negros y verdes. Dorff, que venía atrás, también había subido el cuello de 8a capote y aplanado el ala del sombrero, y así y todo, cuando Luis Pedro les vio, cuando percibió otra vez confusamente el singular parecido, un HU)vimiento que no supo deñnir, meada de antipatía y de atracción, se produjo en su alma.
— ¡Raza maldita! — pensó para sí. ^ ¡Raza que nos ha traído y nos traerá siempre la vergüenza, la invasión, el bofetón en las mejillas de la patria!... ;Ah, si algún día puedo!... Y esta e^itraña semejanza ¿á qué se debe? ¿Ya la casualidad á jugar una carta en nuestra partida?. . . ¿Qué significa el respeto con que lee trata ese aristócrata?
Cerca ya del muelle, comunicó estos recelos el sombrío carbonario á su optimista compañero Giacinto.
— Cada vez me convence menos lo de la aventura amorosa. Aquí hay algo que no entendemos... ¡Vigilancia! Ahí quedas tú para asegurar el golpe.
Momentos después los irlandeses, Luis Pedro y el capitán se acomodaban en la chalupa del Poliphéme. Griacinto, puesto ya en alarma, fijóse en los detalles de la despedida; notó la angustia, la emoción de la joven, al estrechar de un modo peculiarísimo la mano del marqués de Brezé, y el ademán que éste hizo, involuntariamente, y que en todas partes significa:
— No hay cuidado. Se hará lo que corresponda.
— ^¿Tendrá razón Luis Pedro? —meditaba el siciliano camino del Pez Rojo, — ¿Será ésta una contramina, un hilo que pueda enredar nuestra trama?