Moral social · Unidad 21 de 55
Unidad 21 · CAPITULO XV
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CAPITULO XV
POR QUÉ NO SE DA SU NOMBRE Á LOS DEBERES DERIVADOS DE LA RELACIÓN DE UTILIDAD
En Ja relación de utilidad, prescindimos del nombre del deber genérico que de ella hemos derivado, para denominar con nombres particulares todos y cada uno de los deberes especiales que corresponden á cada grupo social.
La razón que tenemos para proceder así, j no dar el nombre de deber de utilidad, al que según esta relación compela al individuo en el grupo de la familia, es más una concesión que una razón.
Como que, á primera vista, el elevar la utilidad á la categoría de deber es una cosa tan fuera del uso, por más racional j positiva que sea, tenemos que apresurarnos á demostrar que los deberes relacionados con la noción de utilidad, no sólo son reales y positivos, sino también austeros y eminentemente morales. Por eso, aunque pudiéramos llamar deber de utilidad al que cumplimos en el seno de nuestra familia viviendo para serle útil, y utilizando á,la vez los beneficios que nos vienen de ella, hemos preferido, analizando del modo más
Srofundo los caracteres de este deber de utilidad, arle e! nombre que resulta efectivamente del análisis. Ese nombre es -sacrificio, y por eso llamamos deber de sacrificio al que, en esta relación de utilidad, se nos presenta en el primer grupo social.
Para que teng:amos una firme convicción de la realidad y efectividad de este deber de sacrificio, vamos á hacer expresamente el análisis de la no-
ción de utilidad, en cuanto aplicada á conservar T consolidar los vínculos de ia familia.
Ya hemos dicho que la relación de utilidad, por nacer de las condiciones reales de la naturaleza humana, es tan positiva como la que más positiva nos parece. Por lo tanto, el instinto, el sentimiento y la noción de utilidad han de g-uiarnos por fuerza, queramos ó no queramos, en nuestras relaciones con la familia, como nos guian en nuestras relaciones con los demás grupos sociales. Si, pues, es evidente que existe esa relación, necesario será también que ella por si misma sea un deber genérico, y que de ella se deriven deberes especiales.
Dada esta doble evidencia, sólo queda por fijar y esclarecer esa misma noción de utilidad con el objeto de saber si el concepto vulgar que de ella se tiene, corresponde de algún modo á los deberes que de ella derivamos, y>si basta corregir lo que haya de incorrecto en la noción vulgar o si es necesario sustituir por completo á la noción errónea la idea verdadera de utilidad.
Útil, para el vulgo, es todo aquello de que el egoísmo deriva algún provecho; utilidad, en consecuencia, es la propiedad que las cosas tienen de ser aprovechables por los hombres- Fácil es comprender que el uso de lo provechoso para el egoísmo individual hará de esa pi-opiedad de hacer xitil las cosas, no por cierto una fuente de deberes, sino un manantial inagotable de instintos egoístas. Pero eso oo resulta de que la noción de utilidad sea inexacta, ni de que lo útil sea malo por si mismo; eso resulta de que la noción vulgar de utilidad es incompleta y de que la idea de lo útil es exclusiva.
La noción vulgar de utilidad es incompleta,