Moral social · Unidad 28 de 55
Unidad 28 · CAPITULO XIX
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CAPITULO XIX
EL DEBBR DB l.OB DEBERES
Hay un deber que abarca á todos los demás: es el deber de los deberes. Consiste en cumplirlos todos, cualquiera que sea su carácter, cualquiera el momento en que se presente á activar nuestros impulsos ó á despertar nuestra pereza ó á convencer nuestra razón ó á. pedir su fallo á la conciencia. No es deber que se cumple en circunstancias extraordinarias, sino en las circunstancias más comunes de la vida diaria.
EIs el deber de cumplir con todos los deberes, naturales, individuales, en el seno de la familia, en el seno de la comunidad vecinal, en el seno de la sociedad regional, en el seno de la pequeña patria, que es para cada hombre el hogar de su tribu ó su nación, y en el seno de la patria común, que es para todos los hombres el regazo de la humanidad.
Sin ese deber, que es á los demás lo que el nucléolo al núcleo, cada deber cumplido, cada caso concreto de deber agotaría nuestra actividad conscia. Entonces, paralizado !o que pleonásticamente hemos llamado la conciencia del deber, sería necesario renovarla, renovar los esfuerzos, Testablecer en sus medios de acción los efectos psíquicos de cambio y movimiento, reparar las pérdidas causadas por'el trabajo y la energía pre-
cedentes; en suma, restituir sus funciones al órgano (la conciencia), de quien son funciones Iosdeberes. Pero en virtud de ese deber de los deberes, en toda conciencia se establece una disposición constante, aunque no siempre aprovecnada, que es como la fuerza dinámica de !a conciencia, o muclio mejor, como su actividad fisiológica, ó comparando semejantes, como la actividad fisiológica y la fuerza dinámica de la razón.
Es indudable que si el ser social utilizara de continuo esa disposición á cumplir con todos susdeberes, y á tener en fecunda actividad á su conciencia, m especie humana habría llegado al último momento de sa desarrollo y habría realizada el ideal de la humanidad, que es el dar cuanto su naturaleza puede dar, y sociedades, familias é individuos harían efectivo el sueño de la felicidad, porque gozaría de la plenitud de su actividad y sus funciones el órgano supremo de la vida racional-consciente.
A eso se llegará: hav que esperarlo, porque esees de nuestra naturaleza; pero aún no estamos más allá del período inductivo de la razón, y, por lo tanto , no puede la conciencia humana "haber llegado ni estar próxima á llegar hasta aquel sumo grado de desarrollo en que el ser consciente sea lo que debe ser.
Por esa distancia á que aún está de la salud de la conciencia, el hombre social no aprovecha la fuerza dinámica que establece, mantiene y ordena sin cesar la disposición congénita de Ja conciencia á cumplir con todos sus deberes. Por eso también los incesantes conflictos entre deberes y fines de existencia, T por eso también la tardanza en civilizarnos, la irregularidad é insuficiencia del progreso y el carácter avieso de todas las.
civüizaciones, iocluyendo la que, por posterior y debida á un más alto desarrollo de razón, debiera ya ser una civilización moral.
Mas ni por ser incapaces de utilizarla deja de ser efectiva esa disposición de la conciencia ni deja de ser positivo el deber de cumplir con todos nuestros deberes, núcleo ó primer germen de todos ellos, máfi intimo, más radical, más radicular, más víto, más viviente que todos ellos.
Gracias á él puede nuestra vida individual ser el cumplimiento del deber y transcurrir sosegada, tranquila y bienhechora por enmedio de todos los escollos, rompientes y sirtes que oponen á su curso regular la masa de errores, de pasiones, de iniquidades, de inmoralidades que amontona en su lento y doloroso decurso la semi-bárbara y semi-civilizada humanidad.
Gracias también á ese deber de los deberes, podemos llegar al punto de conciliación á que aspira la moral racional, punto desde el que se podrá contemplar sin calofríos de conciencia, la indiferencia medio estúpida y medio cínica, indiferencia de idiota por una parte, de epicúreo por la otra, con que se contempla la escandalosa contradicción que en la vida particular y general de humanidad y hombres se nota entre el desarrollo físico y el desarrollo moral de la civilización.
Ese punto de conciliación á que por ahora restringe su objetivo la moral, es el á que se llegará cuando, reconocida esa disposición de la conciencia á cumplir con el deber, no como un caso indiTÍdual, ya de naturaleza, ya de educación, sino como una fuerza positiva de un órgano positivo de nuestro ser, adquiramos la costumbre de tener en algo esa disposición de la conciencia, y establezcamos imperceptiblemente la costumbre de
cumplir con los deberes que noe imponga nuestra vida.
Nada más pide por ahora la moral. Día, aunque lejano, llegará que, conociendo la agencia corrosiva de la costumbre, pida el cumpiimiento del deber, no porque se haya adquirido la costumbre de cumplirlo, sino por concienzudo conocimiento del bien que conlleva y por esta vigorosa y benévola conciencia de la dignidad humana. Por hoy le basta acostumbrar á la práctica y á la idea del deber; y en su anhelo de restablecer el orden moral, que sólo existe mecánicamente sostenido por -la fuerza con que á él contribuyen en la economía del mundo social los deberes parciales que se cumplen, especialmente en la relación de necesidad y en la de derecho, hasta se resigna á acostumbramos á que conozcamos, no ya ios deberes concretos de cada momento, sino el deber de cumplir con los deberes.
Hace bien en resignarse. Dado, eso, lo demás se le dará por la fuerza de las cosas.