No más mostrador, comedia original en cinco actos; representada por primera vez en el Teatro de la Cruz el dia 29 de abril de 1831 · Capítulo real 10 de 20
ACTO SEGUNDO
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ACTO SEGUNDO.
BEDBnico sale de su cuarto.
-*- ocas horas me quedan de estaren esta casa;
ya no me falta mas que dar el último á Dio» á Matilde; si estará todavía en su cuarto... {Mirando por la cerradura.) Sí ¡Matilde I ¡Matilde! ¡Resolución!
ESCENA IL
MATILDE y FEDERICO.
Mat. ¡ Ah! ¿Es usted , Federico? Perdone usted si después de lo que ha hecho no me atrevo a conservar la misma intimidad que nos ha unido hasta aqui , y si en cumplimiento de las ordene» de mi tia evito una conversación que usted ha hecho peligrosa con su imprudencia. {Yéndose.) ( ¡ Pobre Federico ! ) {En el momento en que va d entrar en su cuarto Federico pasa á su derecha y la detiene.)
Fed, Matilde , Matilde , dos palabras : por favor.
Mat. { Junto á lá .puerta. ) No puede ser.
Fed. Yo se lo suplico á usted ; eigame usted.
Mat. Ya es imposible : mi tia... el vizconde...
Fed. {Mirando por la puerta del fondo.) Poco me importa su cólera : solo temo la de usted...
. y cuando una sola palabra pudiera disculparme...
Mat. Disculparle... ¡Ojalá!
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Fed. Ese secreto no debiera baber salido nunca de mi pecho. Lo sé, y si me determiné á revelarle fué porqne estaba decidido á hnir para siempre de esta C8sa, á morir...
M^at. ¿ Qué dice usted?
Fed. Y ese es el único partido que puedo tomar en esta situación.
Mat. (^cercánrfo5e. ) ¡ Cielos ¡ Federico... |Ah! ya sé que no tengo derecho para exigir nada de usted. Pero si , como usted dice, me ha ofendido, si usted quiere que le perdone , renuncie usted ¿ esas ideas , prométame usted conserrarse p^ra sus amigos.
Fed. Amigos ya no los tengo.
Mat. Mas de los que usted piensa.
Fed. ( Arrojándose á sus pies. ) ¡ Qué escucho! Matilde, acabe usted de hacerme feliz.
DICHOS y el VIZCONDE , que entra por el fondo con una libranza en la mano.
V^iz. (^Al verlos.) ¿Qué es esto ?
Rlat. ¡ Ay ! ( Huye á su cuarto. )
Viz. ( Hiendo. ) Magnífico... Ese es el patético mas sublime... Felizmente esta escena no ha tenido mas testigos que yo.
Fed. Caballero...
Viz. Basta. No hablaré una palabra de esto á mi tía; tal vez le privaría ^á usted de este último beneficio. ( Le da la letra. ) Ahi tiene usted esa libranza; tómela usted , y aléjese. Témela usted repito.
Fed. Jamase la mano que infla ofrece sería muy suficiente motivo para que yo la zehusase.
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Viz. ¿Qué quiere decir eso?
Fed. Que debo mil consideraciones á mi bienhechora , pero á usted , caballero , no creo deberle nada... y no sé con qué derecho se ha tomado la libertad de... J^iz. ( Riendo. ) ¿ De sorprenderle á los pies de mi prima?
Fed. No señor , de apoderarse de una carta que no era para él , esa es una acción digna solo de un hombre sin principios y sin educación... me parece que me esplico.
f^iz. ¡ Hola , bola ! Caballerito , me parece que está usted abusando de su posición y mi delicadeza: se prevale usted de la ventaja de no tener un estado en el mundo ^ ni representación alguna para iasultarme... eso es poco generosOí, Yo no puedo aceptar semejante contrario.
Fed. Sin duda : su apellido de usted, su cuna harían el combate muy desigual.
f^iz. No me ha entendido usted •, no hablo de esas distinciones: al fin con la espada en la mano no seríamos mas que dos hombres simplemente^ hablaba solo de la posicioíide usted en esta casa.
Fed. Ya no estoy en ella, me han echada. ,
f^iz. Debiera usted, recordarla , asi como lo» respetos...
Fed. Usted me lo hace olvidar todo ; he recibido los beneficios de la tia y los ultrages del sobrinoj estamos pagados , y si usted no es cobarde...
Viz. ¡Caballero! Basta, ya me ciega mi cólera^ usted necesita una lección , se la daré.
Fed. Veremos quién la da ó la recibe.
Viz. Necesito una satisfacción.
Fed, Ese es mi deseo.
J'^iz. Corriente : ¿ qué armas ?
(SI)
Fed. Cualquiera.
^iz. ¿ La espada ?
Fed. Sea la espada.
Viz. ¿Testigos?
Fed. No los necesito.
Viz. ¿ El sitio ?
Fed. Fuera de la puerta" de Atocha.
riz. ¿ A qué hora ?
Fed. Ahora mismo.
J^iz. Perfectamente.
Fed. Le sigo á usted.
FEDERICO.
Bravo! El tira muy bien-) yo en mi vida las he visto mas gordas: mejor, cou eso acabaremos mas pronto, y me veré libre de una existencia que me es odiosa. Y ya que no he de volver á /vsr á Matilde, ya que es preciso abandonar esta casa...
FEDERICO y FELIPE.
Fel. (Que ha oido las i'dtimaS palabras.) ^Abandonarla? Todavía no.
Fed. ¿ Qué dices ?
Fel. Que acabo de hablar por usted.
Fed. ¿No te lo había prohibido?
Fel. Óigame usted : usted ha hecho muchos disparates : el primero amar á la señorita don* Matilde^ el segundo escribirle^ y el tercero, sobre todo , no haberme dicho una palabra.
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Fed. ^Ati?
Fel. Sí señor \ esta es una idea como otra cQal-t quiera; si yo la hubiera sabido antes se hubiera obrado con arreglo á ella.
Fed. ¡ Qué dices ¡ ¿' Es posible ?
Fel. ¿ Si es posible ? Sepa usted que hace veinta años que no ha pasado un solo dia en que yo no haya pensado en su prosperidad de usted, en supervenir... nunca tendrá usted tanta ambición como he tenido yo para él.
Fed. \ Querido Felipe '.
Fel. Sí , y para llegar al término es preciso dejarse llevar. Usted se queda en casa.
Fed, ¿Cierto ? ¿ cómo te has compuesto para lograrlo ?
Fel. Con dos condiciones , de cuyo cumplimiento he respondido yo por usted.
Fed. Desde ahora las apruebo.
Fel. Primera, que evitará usted relaciones con Matilde , y que no volverá en su vida á decirla una palabra acerca de la carta.
Fed. \ Dios mió ! Esto es hecho.
Fel. ¿Qué?
Fed. Nada, nada : ¿y la segunda?
Fel. Guardar consideraciones al vizconde , hacer las paces con él , y para empezar darle una satisfacción , pedirle mil perdones acerca de lo que ha pasado , puesto que como novio de Matilde debe estar ofendido.
Fed. ¿Yo pedir perdón? ¿ y á mi rival? ¿ al autor de mis desgracias , á un hombre de quien solo recibo ultrages? ^perdón? Cuando voy á batirme con él...
Feí. i A batirse !
Fed. Síi aunque eso haya de costarme la rida, no
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puedo escachar mas que la voz de mi resentimiento. Hemos empeñado entrambos naeetra palabra , estamos citados , y esto ha de ser. Fel. ¡ Citados I
Fed. Si, j es preciso qae me encuentre ya allí cuando vaya: quiero ser el primero. ¿Qué, tiemblas? ^Es de miedo? Fel. Tal vez ; por mí mismo no be esperimentado nunca lo que ahora por usted. : Batirse ! J Y sin saber coger una espada! Fed. ¿Qué importa?
Fel. j Y con un hombre que tiene tal seguridad! Fed. Me es indiferente. Fel. Es correr á una muerte cierta. Fed. Enhorabuena: ¿qué importancia tengo en el mundo? Solo en la tierra, como un ente caído del cielo, sin saber quien soy, debiéndome avergonzar tal vez de mi origen, sin padres^ sin familia... Fel. ^'Qué, yo no soy nada para usted? Fed. {Cogiéndole la mano.) Si ^ Felipe, si ^ tu, tú solo me has querido, lo sé: ahora mismo te reo conmovido; tus ojos están arrasados en lágrimas. Fel. {Conmovido.) Pues en nombre de este carino tan antiguo, por estas lágrimas que su peligro de U8te(k me arranca , renancie usted á tan funesto designio. Fed. I Renunciar!
Fel. {Con energía.) ¡Federico! Amigo mió, yo •e lo suplico á usted, se lo pido de rodillas: no por la señora, cuyos beneficios quiere utted pagar con tal ingratitud \ no por Matilde . á quien va usted á hacer mil veces mas desgraciada, •iro por mí , por el pobre Felipe , que le ha tisto á usted nacer, que le ha recibido en su*
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brazos , olvide usted los despropósitos de un atolondrado y un loco.
JFed. ] Olvidarlos I Jamas.
Fel. Pero ¿sobre qué fué la disputa?
Fed. No sé ; solo sé que debo vengarme.
Fel. ¿Qué le ha dicho á usted?
Fed. ( Enagenado. ) No lo sé ^ nada j pero debo vengarme de él ; de su amor y de su boda con Matilde. La hora se acerca y vamos , Felipe, mi espada.
Fel. {Con frialdad.) No se5or.
Fed. t Cómo que no ?
Fel. No va usted.
Fed. ¿Qué te atreves ¿proponer?
Fel. Que ya que es usted sordo á mis ruegos y á la voz de la amistad, ya que olvida todos sus deberes , yo cumpliré con los mios : usted no - saldrá de aquí.
Fed, ¿Quién me lo ha de iinpedir?
Fel. Yo.
Fed. Eso lo veremos. {Se acerca á la mesoy coj'e sus guantes, su sombrero y su bastan: al mismo tiempo Felipe va á cerrar la puer - ta y coje la llave.) ¡Cómo! {Se vuelve y lo ve.) ¿Te atreves...
Fel. Sí señor , á salvarle á usted , mal que le pese; si señor, le he dicho á usted que no saldrá de aqui... y no saldrá usted.
Fed. ¡Qué osadía! (ConmoJ-'/í/o.) Felipe , vuélveme esa llave.
Fel. No señor.
Fed. {Colérico.) Teme mi furor.
Fel. Nada temo ; y le prohibo...
Fed. ¡Prohibirme! Esto ya es demasiado, y una insolencia semejante...
Fel. ( Queriendo contenerle, ) Téngase usted.
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Fed. ( Enarbolando el bastón. ) Yo la castigaré.
Fel. \ Pega , desgraciado , pega á ta mismo padrel
Fed. I Mi padre ¡ ( Deja caer su bastón. )
Fel. Sí , yo soy tu padre : ¿coál otro origen podía tener este carino de que no ceso de darte pruebas desde que naciste? Este es el secreto de que he sido víctima j secreto fatal que debia haber muerto conmigo ; secreto que he guardado hasta ahora religiosamente por tu misma felicidad ; secreto , en fin , que me has obligado á descubrir para librarte de un crimen horroroso.
Fed, No me atrevo á levantar los ojo».
Fel. Te avergüenzas sin dada de deber tu existencia á un criado.
Fed, Yo avergonzarme ^ nunca ^ y esa idea...
Fel. Solo una cosa me resta que decirte ; este criado era soldado cuando naciste: en la flor de mis años, en la edad del valor, me esperaba una carrera brillante en una época tempestuosa en que el amor á la independencia de la España y la intrepidez bastaban para encontrar los grados y los honores en la trinchera enemiga. Pne» Taien , gloria, ascensos , fortuna, hasta la esperanza de morir honrosamente por el Rey y por la Patria en un campo de batalla , todo lo sacrifiqué para permanecer al lado de mi hijo : para cuidar de su infancia no temí esponerme al menosprecio , á la humillación , abrazando un estado... en fin , ciñéndome á ser tu mismo criado. Y esto sin sonrojarme , porque muchas voces me decia á mi mismo : ** Federico me amará , y esto me basta."
Fed. I Padre mió, perdón! {Se arroja en sus brazos.) ¿Cómo pagar tantos benehcios? ¿Cúmo espiar mis faltas? Querido padre , *cuán dulcemente suena en mis oidos este lítalo sa-
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grado! Ya tengo un amigo f una familia^ ya nú estoy solo en el mundo.
Fel. {Enjugándose los ojos.) Hijo mió, cálmate.
Fed. j Ah ! Por favor esplícjneme usted...
Fel' Silencio eterno acerca de este misterio j una promesa sagrada , un juramento me liga que no sospeche nunca nadie que le he violado. ¿Te negarás ahora á obedecerme?
Fed. No , no i estoy dispuesto á todo : hable V.
Fel. Entra en tu cuarto.
Fed. ¿Y el vizconde, que me espera? ... ..
Fel. ¿No tienes confianza en mí? : oVI .\v
Fed, Sí-, pero huir, ocultarme... ahora meriás (Jue nunca ^ mi honor es el de usted también.
Fel. Eso me toca á mí 5 un militar antiguo skhei tan bien como tú lo que el honor exige. .-T
Fed. ('Cielos! Y no hay mas puerta que esa;, es imposible escaparme.) Se lo suplico á usted.
Fel. Entra , Federico \¡ te lo ruego.
Fed, ¡Querido padre!
Fel. Pues bien , te lo mando.
Fed. Obedezco. {Se inclina con respeio^y entra en su cuarto. Felipe le observa.) : :
TELi^E. ( F'a á poner la llave en la puerta. )
¡ Ah! Conozco cuánto debe padecer, y ya le quiero mas... pero no , nadie me privará del único bien que rae queda, y debo antes de todo... aqui está la señora.
FELIPE y DOÑA ISABEL.
■ }■ .
Isa. ¿"Le has visto, Felipe? ¿L¡e has indicado mi voluntad?
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Fel, Hable usted bajo , señora : está ahí.
Isa. •¡Federico! Pero ¿(jné ha habido? estás pálido , demadado.
Fel. He llegado á tiempo: se iba á batir.
isa. ¿A batirse?
Fel. Sí, con su sobrino de usted.
Jsa. j Cielos! Debiste estorbárselo, prohibírselo.
J<'e/. Eso es precisamente lo que he hecho ;¡ le h« encerrado en sn cuarto , y hasta nueva cJrden nada hay que temer; pero al hacer uso de mi autoridad ha sido preciso probarle que tengo derecho para tenerla: ya sabe que soy sn padre.
Isa. ¿Qué has hecho?
Fel. Tranquilícese usted, no sabe mas; la »egunda parte del secreto no me pertenecía , la be respetado ; pero desengañémonos , señora , estas medidas de nada sirven j ellos se han desafiado, y tarde ó temprano...
Jsa. ¿A pesar de tu prohibición?
Fel. A su edad y en hombres de honor esas prohibiciones no hacen mas que aumentar el deteo de batirse: yo me acuerdo de lo que sentia y de lo que siento aun con solo la idea de nn ultrage: no hay mas que un medio de estorbar esta desgracia, y usted sola puede emplearle.
Jsa. ¿Yo , Felipe?
Fel. Sí señora , quitando la causa.
Jsa. ¿Y cómo?
Fel. Federico ama á Matilde.
Jsa. Bien , ya lo sí.
Fel. El vizconde no tiene amor sino á su dote; no le será dificil renunciar á ella , y deponer todo proyecto de venganza si usted se lo manda ; en cnanto á Federico, yo respondo de ¿1, s» obtiene la mano de Matilde.
Jsa. ¿La mano d« Matilde? Felipe...
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Fel. Señora, es preciso.
Jsa. ' Has creído que yo podía consentir en se-
mejante unión? JTeZ. Repito que es preciso. Isa. Tú estás loco, Felipe: humillarme hasta ese
punto , dar armas contra mí. Fel. ¿Y qué , cuando en ello va la vida... Jsa. Se podrá hallar otro medio de salvar á tu
hijo ^ pero casar á mi sobrina con un hombre
oscuro... Fel. Se lo suplico á usted. Isa. Repito que es imposible, y acabemos, te-
lipe ; eso es olvidar lo que me debes, y quien
Fel. {Indignado.) ¡Quien soy! Usled es quien lo olvida, pero yo se lo recordaré.
Isa. ¡Felipe!
Fel {Cogiendo su mano.) Óigame usted. L.uando en una época tempestuosa se hallaba usted en un pueblo de provincia , comprometida toda 6U casa por la adhesión á un partido de su des-
V craciado padre-, cuando sola, abandonada, iba
.'{usted á ser la víctima de un populacho sediento
. de sangre, á pesar de su sexo y de su edad^ cuando iba usted á pagar con la cabeza la funesta fama de un apellido demasido comprometido, ¿á quien acudió usted entonces para que la amparara? Un pobre sargento eifa tal vez el Único que podia salvarla en aquella circunstancia dificili se acogió usted á él, y. este pobre sargento no desoyó la voz de la piedad : en medio del furor de los bandos , del riesgo de parecer traidor á su partido , este pobre sargento no se contentó con guarecer su persona de nste4 , sino que también defendió su casa : enton-
" ce» ¿lo ha olvidado usted ya? la muerte nos
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amenazaba a todos y y no veía usted tanta distancia entre un soldado y la orgullosa...
Jsa. ¡ Felipe ¡
JF'eZ. Sí ; entonces yo era joven , era t aliente j pero no era nada mas que un soldado , y sin embargo usted lo olvidó un momento... el agradecimiento tal vez ; la situación , todo produjo el amor , y desde entonces su libertador de usted riño á ser su esclavo.
Isa, ( Asustada y señalando la puerta de Federico.) ¡Por Dios! mas bajo.
Fel. Entonces, conmovido por sus remordimientos de usted , por su desesperación , á todo me sometí ; quiso usted , romo era justo , reparar el estravío de un momento ^ su conciencia exilia que la religión santiBcase su falta , y exigió usted de raí que vínculos sagrados y eternos borrasen aquel error : á nada me opuse , nos catamos , aun roas, por el decir de las gentes, por ese mismo orgullo inconsiderado , exigió usted de mí que nuestro matrimonio fuera y se conservase eternamente secreto: yo consentí, y desde aquel día tu esposo , Isabel , ignorado , confundido entre tus mismos criados , nunca ha proferido una queja, una sola queja. ¿Y sabes sin embargo todo lo que sacrifiqué? Nunca te lo he dicho, pero... en una aldea feliz , al lado de mi anciano padre , una joven bella y virtuosa aguardaba el regreso del infeliz soldado... había recibido mi juramento ; en £n , me amaba aquella , y me amaba con orgullo , se envapecia con mi amor \ ella hubiera hecho mi fortuna: pues á pesar de todo , yo la escribí que ya la había olvidado, que no contase con mi corazón, qoe nunca me volvería á ver. Hice aun mas; por permanecer al lado de mi hijo, me resigné
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á verle huérfano en la casa de los autores de sus días f criado por compasión en casa de sa madre, que para ocultar una supuesta falta le priva de sus derechos ; me condené á no estrecharle nunca en mis brazos , á no amarle sino á hurtadillas como si fuera un crimen ; y en premia de tanta resolución, de tan grandes sacrificios, solo una cosa te pido , una sola , ¡ Isabel ! la felicidad de tu hijo , y me la niegas.
Isa, jAh! Tú no sabes cuan á mi pesar, pero me es imposible, y estraño este rompimiento : después de veinte años de silencio, no esperaba yo que tú exigieras una cosa que puede arrebatarme en un dia lo que mas estimo en el mundo, el aprecio y la consideración de los que me rodean ^ si esta boda se hiciese me acusarian de olvidar mi cuna , y Dios sabe si le darian una interpretación siniestra , si adivinarían la verdad : I ah ¡ si la pública malignidad llegase á traslucir aquella falta , si se llegase á saber este vergonzoso secreto , ¡ cielos ! solo de pensarlo me estremezco, yo no sobreviviría, Felipe, asemejante afrenta: en fin, concluyamos, esta boda es imposible , y no se hará jamas.
FeL I Jamas !
Isa. Felipe, déjame. (Quiere irse.)
Fel. ( Deteniéndola con fuerza.) Ño , Isabel, no te dejo.
Isa. ¡ Ah ! Por Dios , acuérdate de nuestros convenios : muda ese' estilo , que te pueden oir.
FeL Bien , señora, le mudaré; será un sacrificio mas , pero con una condición. Yo he podido inmolarme á su tranquilidad de usted , á su or-
'' guio... pero en cambio de tantos tormentos, de tales humillaciones , necesito la felicidad de mi hijo... me es indispensable, lo e;iijo, y la logra-
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ré por cualquier medio que sea , aun por los
qne usted tanto teme. Isa. ¿Qué oigo? ¿Y tu deber, tus juramentos ? Fel. Y nsted qne me reconviene , cumple usted
por ventura los suyos? Isa. Gente viene ; ¡ silencio por Dios ! ( Felipe
vuelve á tomar una postura reverente. Do^
ña Isabel se aparta hacia la izquierda. )
ESCENA -VIII.
DICHOS y LORENZO.
Lor. Señor Felipe.
Isa. ¿ Qué hay , Lorenzo ?
Lor. Nada , señora j es para el señor Felipe.
Fel. ¿Para mí?
LtOr. Si señor ; este papel para usted que acaba de subir el portero : si yo hubiera sabido que estaba aquí la señora no hubiera entrado asi...
Fel. No tiene sobre.
Lor. No importa , no importa , e» para usted; un mozo le ha traido hace ya un buen rato^ diciendo que se le entregase al instante.
Fel. Es particular.
Isa. Basta. Anda con EKos j Lorenzo.
FELIPA y DOÑA ISABEL.
Fel. No té por "qué me estremece esta carta. ( Recorre la carta j y da un grito.) ¡ Ah !
Isa. ¿Qué es?
Fel. ¡ Federico ! ¿ Será cierto? ( Suelta la caria y se arroja en el cuarto de Federico. )
(^2)
Jsa, ¡ Federico! ¿Qué dice? ¿qne nueva desgracia... ( "Recoge la carta y la lee rdpidamen^ te.) "Padre mió, perdóneme usted si le desobedezco j pero ahora menos que nunca puedo vivir afrentado. Hijo de militar , nadie podrá llamarme cobarde; ha llegado la hora. A Dios. Dentro de poco j ó quedaré vengado , tí ya no existiré." {Dirigiéndose hacia Felipe. ) ¿Es posible? I Federico 1
Fel. ( Pálido. ) Esto es hecho ; la ventana que dá al patio estaba abierta... se ha escapado.
Isa. ¡ Dios mió !
Fel. Marchó ; y tal vez en este momento... ( Sollozando.) I Hijo mió! I querido hijo!
Isa. {Sosteniéndole.) ¡ Felipe !
Fel. {Cayendo sobre un sillón.) Ya no le veré mas; le metará.
Isa. {agitada.) No,, no; tal vez será tiempo todavía ; es preciso seguirlos.
Fel. ¿Y adonde? ¿Dónde estarán ahora?
Isa. No importa , es preciso hallarlos. {Corrien-
,,. do á la puerta, del fondo , que abre y llama.)
_,, Lorenzo, Pepe, Antonio , {Toca la campanilla ) venid todos , pronto , al momento.
DICHOS, i^oKZVfzo , varios criados y matilde.
Isa. ¿ Dónde esta mi sobrino ?
Lor. ¿El señor vizconde? Ya ha rato que salió.
Isa. ¿Y Federico , quién le ha visto salir ?
Lar. Yo estaba á la puerta cuando salió ; subid
sin reparar en nada en un coche de alquiler de
los que están en fila en la calle... Isa, ¿Qué dirección tomó? lior.fio puse cuidado , péñora ; y no aé...
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Mat. {Entra.) ¿Qué es eso, querida tia? ¿qué hay?
Isa. Nada , hija ; quisiera hablar inmediatamente al vizconde. {A los criados.) Montad á caballo todos, id á casa de mi sobrino, á casa de sus amigos , bnscadle donde quiera que esté, decidle que le espero , que quiero verle al momento} vamos al instante.
Lor. Pero señora...
Isa. Sin dilación, y traedle eon vosotros. {F^ánse.)
Mat. ¡Dios mió! Nanea la he visto á usted tan inquieta por el vizconde. ¿Es cosa tan urgente?
Isa. Sí: qwitate : ¿me dejarás en paz ? Te lo mando : ¿no puedo yo estar sola?
Mat. Me voy , tia , me voy. ¡ Jesnsl ¡ Jesús! ¿Qué será esto ?( j^oíe.)