No más mostrador, comedia original en cinco actos; representada por primera vez en el Teatro de la Cruz el dia 29 de abril de 1831 · Capítulo real 9 de 20
ACTO TERCERO
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 7 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ACTO TERCERO.
El teatro representa una gran sala de la casa municipal de Dublin; tres grandes puertas vidrieras de arriba abajo , y de vidrios de colores , cierran el fondo de la sala. Al fin del acto, y en d instante en que Dillon es conducido al suplicio, se abren estas tres puertas dejando ver una plaza pública, y enfrente la torre de una iglesia. A derecha é izquierda de los segundos á los terceros bastidores dos grandes puertas de dos hojas una enfrente de otra, adornadas según el gusto del tiempo, y hasta las cuales se sube por dos ó tres escalones. En la de la izquierda del actor dirá una inscripción: sala del. CRÍMEjr : en la otra : sala del cossejo. Algunos sillones antiguos.
Eduardo y Dermod. {Dermod sale precipitadamente de
¡a sala del crimen y al parecer trata de Ituir. Eduardo
sale detrás de el.)
Edu. Deteneos , caballero , deteneos os digo.
Der Con qtié derecho me soguis ?
Edu. Habéis de oirme, á vuestro pesar. Aqui, y en todas partes, solo, y en presencia de mil testigos, no podréis libertaros de la verdad. Eln ninguna parte podréis evitar la maldición de una familia inocente que vais á llevar al cadalso!
Der. Caballero, esa es una acusación que intentáis contra mi? I;;norais que al dirigirme esos insultos ultrajáis también la magostad del tribunal cuya senlemia no tardará en justificar mi conducta, condenando vue.stros arrebatos ?
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Edu. Y sobre qué pruebas pudiera nunca ese tribunal emitir tan horrible sentencia^ si vos con la mas horrenda y execrable acusación... si vos con vuestro sacrilego juramento no hubieseis obligado á los jueces á condeiiar sin poder , sin osar siquiera consultar su propia conciencia ? Podrian nunca las leyes mas sabias llegar á ser armas homicidas, si no hubiese monstruos, como vos, que se atreviesen á estraviar, á engañar , á sorprender á la misma justicia ? Habéis jurado descaradamente á la faz de Dios decir la verdad; he visto empalidecer á los mismos magistrados; y vos, desdichado, habéis podido atestiguar entre tanto sin horrorizaros que un padre habia degollado en vuestra misma presencia á un hijo que adoraba! ah! Si vuestro perjurio no ha provocado contra vuestra cabeza mil rayos vengadores, si la tierra asombrada de soportar vuestro infando peso , no ha temblado ni ha entreabierto sus profundos abismos debajo de vuestros pies , reconoced en eso mismo la infinita clemencia del Todopoderoso , que le deja á vuestro arrepentimiento tiempo para enmendar el mas horreJido delito. Der. Esto ya es demasiado !
Edu. Ah! Yo no soy dueño ya de mi desesperación. {Tomando un tono de súplica.) Escuchadme, estamos solos : bien podéis entenderme sin ruborizaros. Dillon es inocente, y vos lo sabéis... Yo leo en vuestra frente que no lo dudáis. Pues bien! Confiadme la causada vuestro odio : qué injurias habéis recibido de esos desgraciados ? Yo os indemnizaré. Os han perjudicado en vuestro honor, en vuestros intereses ? Yo conjprometo todos mis biene.s , yo os entrego cuanto poseo , y os juro ademas guardaros eternamente el secreto. Os turbáis? Ah ! Seguid, seguid sin vacilar la voz de vuestra conciencia. Venid , venid á retractar vuestra
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cnlpable declaración: detened á la muerte qne va á segar ya á un anciano, y la sangre del inocente no recaerá sobre vuestra cabeza , ni pedirá la vuestra en el dia del juicio terrible... Y yo os colmaré de riquezas , yo os ahorraré los horrores de un crimen, sus crueles remordimientos , y quién sabe si la próxima venganza de los hombres... Venid , venid... Triunfen por fin la justicia y la humanidad. {Trata de arrastrarle.)
Der. {Desasiéndose de sus manos.) Qné osáis proponerme ? Yo comparecer ante el tribunal para justificar á Dillon! Si vuelvo á su presencia, temblad vos mismo , será para añadir á las demás pruebas la que me presentan las ofertas criminales que os atrevéis á hacerme.
Kdu. Es decir que en tu alma no hallan cabida los remordimientos, es inaccesible al terror que esperimentan los mas empedernidos delincuentes?
Der. Nada tengo que temer; el lord diputado está convencido.
Kdu. \hl Monstruo... Bien sabias que no podia dejar de estarlo.
f)er. Acusáis al primer magistrado ? ¿u. No acaso mas que á tí ; y te acuso delante de Dios I Puesto que nada puede contenerte en la senda del crimen , puesto que obcecado por tu infernal rencor no conoces que el abismo donde vas á sepultar á Dillon no volverá á cerrarse sino después de haberte tragado á tí también , anda , desdichado, corro á pnr ¡pitarte en él. Pero oye el juramento qne hago. Si el padre de mi esposa llega á snbir al cadalso, ni las entrañas de la tierra te podrán e.sconder de mi venganza, y tu Sangre, totla tu sangre, sí, me res- {tonderá de la sangre inocente derramada.
fJcr. Corro á denunciaros.
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Edu. {^Arrastrándole hacia la sala del crimen.') Ven en buen hora, miserable; llega... {Las puertas se abren estrepitosamente : aparecen dos ministros.) Dios mió ! {Eduardo y Hermod se detienen ; sale un juez del tribunal.)
Dichos , el Asesor , poco después Jorge , Marx a y soldados.
Ases. La causa se ha terminado , y los jueces van á pasar al consejo , mandad que se abran las galerías. {Cruza la escena y entra en la sala del consejo. Los dos ministros salen cada uno por una de las galerías. Oyese al punto un ruido confuso de pasos y de voces en las dos ; y varios pelotones de soldados atraviesan de la una á la otra.)
Edu. Se acabó ! van á pronunciar la sentencia ! No o* estremecéis ? {Jorge y María acuden por una de las galerías.)
Mar. Ah! Padre mió, aqui está el señor Eduardo.
Jor. El es! Señor Eduardo, decidnos por Dios, decidnos...
Edu. {Conmovido.) Amigos mios, se va á pronunciar la sentencia.
Jor. y Mar. La sentencia ! {Una fila de soldados se coloca en toda la latitud del teatro, cerrando el fondo. Dos grupos del pueblo se agolpan d la entrada de las dos galerías ; pero sin entrar , por conté - nerlos los centinelas.)
Der. {riendo abrirse las puertas de las dos salas.) Alejémonos. {Se dirige hacia el fondo.)
El oficial que manda la tropa. Ya no se puede pasar. {Dermod se ve precisado d quedarse ; y viendo llegar de repente d Ana é Isabel , se queda en el fon-
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do junto á los soldados procurando ocultarse.) Der. Procuremos evitar las miradas ! Mar. Mi ama... Edu. Ah ! {Ana ¿ Isabel aparecen en la mayor tur~
bacion.)
Dichos, A^a é Isabéi.
^4na. {Arrastrando consigo á Isabel^ Ven , hija mia, ven ; gue nos encuentre también al paso.
Edu. Señora.'
Jor. y Mar. {Besándola las manos.) Señora, querida señora!..
Edu. Dónde vais ? Cuál es vuestro designio ?
Ana. Sois vos, Eduardo? Amigos míos, mi esposo es perdido! Van á condenarle... á condenarle! No, es imposible!... Héaqui sus jueces., miradlos... Quedaos, quedaos aqui conmigo! Arrojémonos de nuevo á sus plantas... imploremos su justicia. {Eduardo, Isabel , Jorge y María la arrastran hacia uno de los estreñios <fe la .•:ala. Dermod permanece en el fondo. Los ministros , los jueces salen de la sala del crimen , y se dirigen hacia la puerta de en/rente de la sala del consejo ; se detienen en medio de la escena para dejar pasar al lord diputado; los soldados están .tobre las armas .- el pueblo permanece en el fondo.)
ESCENA rv.
Dichos, el lord dipdtado, jueces, asesores, sirwis-
Tmns ¿ce. {En el momento en que el lord diputado alra-
'sa el teatro , Ana é Isabel se precipitan htivia él)
Ana. i Isab. Deteneos, detraeos ! {Caen d sus pies)
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Jar. y Mar. {Prosternándose también^ Perdón, piedad para nuestro amo !
Lord. Qué hacéis , señora ?
Ana. Mi esposo es inocente : lo juramos todos por lo que hay mas sagrado en el mundo ! En nombre de ese Dios , que os ha de juzgar á vos mismo , no consuméis la injusticia mas horrible!.. No deis crédito á un impostor , á un monstruo abominable ! Ah ! No condenéis al mas virtuoso de todos los hombres... mi esposo !
Isab. Mi padre !
Jor. y Mar. Piedad !
Lord. Alzad , señora. {A los jueces^ Señores , es la hora del consejo.
Edu. {Pudiendo apenas contenerse) Crueles! {Ana, Isabel , Jorge y María se levantan consternados.)
Lord. Las lágrimas ni las amenazas no tienen influencia sobre nuestros ánimos : hemos formado niiestra opinión ; nada puede cambiarla. Salga absuelto ó condenado, pronto sabréis la suerte de vuestro esposo. {A uno de su séquito.) Permito al acusado que espere en esta sala que debe permanecer abierta para s« familia. (A los jueces) Señores, vamos. (Todo el séquito entra en la sala del consejo. Los soldados se forman en pelotones , J el pueblo se retira : el oficial , despachando á los soldados por una y otra galería , da órdenes, que indican que se van á poner centinelas en las puertas esteriores. Dermod observa todos estos movimientos deseoso de salir , y mirando con cierto temor n la familia de Dillon. J£sta está sumergida en el estupor.)
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Aka , Eduardo , Dermod , Isabel , Jorge t María.
ib. Ah ! Madre mia , no perdamos ann del todo las •■sp«Tanzas. {Isabel y 'Eduardo tratan de llevársela.) ■ r. (Gracias á Dios , ya puedo salir... ?ío puedo soportar sn vista por mas tiempo ) {Trata de alejarse) I s ib. Salgamos al encuentro á mi padre.
Jos. {Con indignación reparando en Dermod.) Dermod .'.. {Este se ve rodeado por todas partes, y su turbación rnisma le deja inmóvil.) .ina. Cielos! Ya le tengo delante de mis ojos. Kdu. Cómo ? Te atreves á arrostrar las miradas de tus
víctimas ? ,//ja. Maldito calumniador! Vienen á cebarte en la sangre de mi esposo? De qué procede ese funesto aborrecimiento ? Qué te ha hecho Dillon , ni yo , ni esta hija desgraciada ? Te ha vomitado el infierno para esterminar toda mi familia ? /'. {Con la mayor turbación.) Señora... 'la. Tú eres el único que has acusado al inocente! Tú ijiiien le llevas al suplicio! Sobre tí caerá iu sangre; y nuestros gritos, nuestro dolor, nuestras eternas maldiciones te perseguirán hasta dentro del sepulcro. los. Si, hasta dentro del sepulcro! r. {Asustado.) Dejadme que me aleje. ¡u. {Persiguiéndole.) No , tú debes esperarlos ! Tu suplicio comienza con el de tu víctima ; pero el sayo va á ser el triunfo del justo, al paso que el tuyo no conocerá término jamas. Perseguiránte sin cesar los remordimientos vengadon-s ! Llorarás no« he y dia lágrimas de sangre! Y cuando .se cierren tus ojos á la luí , entonces la mano de Dios te entregará á lor-
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mentos sin fin , y la maldición celeste resonará todavía en la eternidad!
Der. {Huyendo^ Dejadme, dejadme... {Dermod huye con el mayor espanto. Dillon , conducido por algunos soldados , aparece en el lintel de la sala del crimen)
Isab. Ah ! Hé aquí á mi padre !
Jor. y Mar. Nuestro amo! (Todos corren d él y le rodean con mil señales de respeto y de cariño. Los soldados se retiran.)
Dichos Y Dillon.
Din. Cuan dulce es para mí vtrme de nuevo en medio de mi familia , rodeado de mis hijos... sí, de mis hijos, porque un amigo como Eduardo , criados como vosotros no piieden ser estraños para mí ! Y tú , querida esposa!... {A Isabél.)Tú, único objeto ya de nuestro amor ! Llegad. Mientras mas próximo considero el momento de nuestra separación mas se acrecienta mi carino , mas placer esperimento al estrecharos sobre mi corazón ! Lloráis! Ah! Si es cruel, si es horroroso el dejaros, bien conozco que aun debe serlo mas para tí... (A su muger é hija.) para vosotras, el sobrevivir á nuestra desgracia.
Ana. No, no creas queyo pueda sobrevivir á semejante golpe!
JDill. Qué diíes? Ana, y nuestra hija! No es bastante todavía para esa ¡nocente criatura perder en solo un dia honor, bienes, padre y esposo? Quédele á lo menos una madre !
Jor. Y nosotros , señor ? Nosotros también la acompaiiaremos ; mi hija y yo serviremos á la señorita haS" ta exhalar el último aliento.
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Edu. Cómo ? Querido amigo , no conocéis ya mi corazón? Si algún dia he querido á Isabel , Ka sido en este dia de aflicción !
Dill. Os creo , querido Eduardo ; pero si salgo condenado, la miseria... la infamia!...
Edu. La infamia ! Nunca recae sino sobre el crimen , jamas sobre la inocencia ! Qué digo ? El nombre de Dillon quedará ennoblecido por la desgracia , y yo participaré con orgullo de su mala suerte I Os roban vuestros bienes, enhorabuena! Los mios pertenecen á mi madre ; vuestras virtudes serán el patrimonio de vuestra huérfana. En cuanto á mí, yo he protestado de vuestra inocencia , yo la proclamaré sin cesar, aun con riesgo de mi vida. Oh Isabel! Y vos su cariñosa madre y la mia también, cualquiera que sea el desenlace que se prepara , no recojáis el don que os habíais dignado hacerme! Venid, amiga mia, y mientras que los jurados pronuncian la suerte de nuestro padre, pidámosle que nos una, que confie á nuestro amor á la mas cariñosa de todas las madres, y de hacernos partícipes igualmente de su infortunio, de so ternura , de su bendición paternal. (Se inclinan los dos á los pies de Di I Ion.)
Dill. Oh hijos mios ! Quiera Dios atender á mis oraciones, y ojalá que mis padecimientos, ofrecidos con resignación , logren para vosotros la felicidad que teneis tan merecida. (Ojéense pasos acelerados ; acude Mauricio.)
ESCENA VJí.
Dichos, Maur icio _;■ í/ Oficial.
Mau. (Al oficial que le impide el paso.) Dejadme entrar; repito que soy do la familia. Pardiez, es clara;
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me llamo Mauricio, y soy el jardinero del novio de la hija del señor reo.
Mar. Ah ! Es el pobre Mauricio.
Mau. Mirad, ahí están todos... preguntádselo si no... Pues está "bueno , eh !
Edu. Sí, sí; ese muchacho es mi criado; os suplico que le dejéis pasar.
Mau. Hola ! {El oficial le deja pasar.)
Edu. Qué quiei-es ? Qué traes ?
Mau. Chiten ! Señor Dillon , si supieseis lo que pasa en la ciudad !... "
Todos. {Con impaciencia.) Qué ?
Mau. {A Dillon.) Quieren libertaros !
Todos. Libertarle !
Ana. Habla , prosigue.
Mau. La gente rica, comerciantes, y sobre todo los católicos... todos se reúnen... y hablan, hablan...
Edu. Sigue.
Mau. {A Dillon.) Y hablan de \os\
Edu. Qué dicen?
Mau. {Vacilando.) Que... que os condenarán... {Movimiento de horror.) Pero ya hay mas de mil reunidos allá bajo , en la plaza ; todos los pobres lloran á su bienhechor; los trabajadores y artesanos os llaman su padre, su protector... y en fin están tan decididos á presentarse al lord diputado , y hacerle presente que no debe atropellar el negocio, sino aguardar á tener mas pruebas; saliendo ellos garjintes de vuestra inocencia con sus bienes, y hasta con sus vidas.
Edu. De veras?
Ana. Ali! Querido amigo...
Edu. Dónde, cómo has reunido esas noticias? Mau. Toma, en toda la ciudad no se esconden para decirlo; hablan, y gritan... y se lo dicen á todo el que lo quiere oir.
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Edu. Basta !
Dill. Qué decis ? Qué vais á hacer ? Edu. Voy á unirme á ellos.
2?í7i. (^Deteniéndole.) Deteneos ! Sea injusta , ó sea merecida , toda seutencia dimana de un principio sagrado! Edu. Sois inocente, y sois el padre de mi esposa. Dill. Deteneos os digo ; yo os prohibo... Isab. (Impeliéndole.) Eduardo, salvad á mi padre! j4na. Hijo mió , salva á mi esposo ! Dill. Deteneos !
Ana. y Isab. y Jor. Corred , volad... Edu. Sí; si el cielo no ha decretado la muerte del inocente, yo os restituiré el objeto de vuestro cariño. Dill. Deteneos, detejieos...
Ana. (Conteniéndole) Silejicio , Roberto , silencio ! Jsab. Querido padre !
Jor. Amo mío ! (Eduardo se precipita fuera de la sala. Dillon queda en medio de su familia , tfue le sujeta los brazos.) Mau. (Exaltado.) Marchó... Santo Dios! Jor. (Corriendo hacia él.) Prudencia, Mauricio , prudencia ! Mar. No grites de ese modo; todo lo vas á descubrir. Mau. No me importa: ya pierdo la paciencia: voy también... Afar. Mauricio, dónde vas ?
^íau. No te asustes, no es nada. Voy también á ofrecer mi persona y bienes. (Se escapa corriendo.) Mar. (Detrás de il.) Mauricio , Mauricio ! (Jorge la detiene.)
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ESCENA VIH.
DiLLON , Ana , Isabel, Jorgs y María.
Dill. Qué habéis hecho ?
Jor. Mirad á Ins jurados; ya salen del consejo.
Ana. Santo Dios!
Isab. Padre mió ! {Todos tiemblan.)
Dill. Enhorabuena , hija mia , querida Ana : no esperábamos su regreso? Ya está mi sentencia pronunciada y mi suerte decidida y debo resignarme á la voluntad del Señor.
Ana. Mi sangre se hiela toda.
Jor. y Mar. Aqui están. {Abrense las puertas de la sala del consejo , j se colocan varios alguaciles á los lados. Al mismo iiempo se abren las tres grandes vidrieras del fondo de par en par , j dejan ver la plaza llena de gente^ Entran soldados por entrambas galerías , y se colocan en el fondo , impidiendo al pueblo la entrada por las vidrieras abiertas. Entonces todo el consejo, los jurados , asesares etc. salen de la sala del crimen ; el lord diputado aparece en medio de ellos. Todo el mundo se coloca con el mayor orden. La música toca en todo este intermedio. El lord diputado llama á un dependiente , y le entrega una orden por escrito, señalándole á Dillon , y encargándole al parecer la mayor actividad. El ministro , sorprendido , echa una mirada de compasión sobre la familia de Dillon , y sale como á pesar suyo. Un oficial se acerca, y recibe también del lord diputado una orden relativa á la tropa, se dirige en consecuencia al fondo de la sala, y da varias órdenes ; al punto entran por las galerias varios pelotones de soldados, que desfilan por la otra , atra^'esando la plaza pú-
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blica. Durante estos diversos movimientos crece por momentos la zozobra y el espanto de la familia de Dillon , que lo observa todo con la mayor turbación. Dillon solo aparece sereno.) i* '
Lord. (Dirigiéndose aparte á dos ministros de justicia.) Y Dcrmod, el acusador? Buscadle , tengo que hablarle. {Los ministros salen en busca de Dermod.)
Lord diputado, Dillon, Aíí.\, Is.vbél, Jorge, María,
Jurados, Asesores, dependientes de justicia , soldados,
pueblo etc.
Ana. (Cielos! Qaé significan esas órdenes... esas disposiciones ?)
Lord. Señora , en nombre de todo el consejo os suplico qae os retiréis con vuestra hija. {Las dos se acercan á Dillon y le miran asustadas.) Me habéis entendido ? Alejaos.
j4na. No señor, no; mi hija y yo nos quedaremos aqui. Os declaro que no abandonaré á mi esposo! Soy inocente lo mismo que él. Nuestros sentimientos, nuestras acciones son las mismas! Nuestra suerte debe ser comnn! Si le condenáis, toda su familia le acompañará al sn($licio! Ven, hija mia ; amparemos con nuestros braios el cuerpo de tu padre! {Le abrazan.)
■''""'Milord , henos aq»ii ! Pronunciad la sentencia ; un int.smo golpe nos acabará á los tm ! {El lord diputado parece conmoí-ido ; todos los jurados hacen un gesto de compasión.)
Dill. {Con energia.) Y bien señor?
lyird. Os obstináis en negar el crimen de que sois reo'
Dill. Ningún crimen he cometido ; mis manos están tan puras como mi coraxon : vos sois el que vais 3( .i'o ,-i (->ntft«T nn'> , % nni> grande.
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Lord. Os obstináis igualmente, en callar vuestros cómplices ? Dill. Mal pudiera haber cómplices sin existir delito. Lord. Es decir que despreciáis por medio de ese culpable silencio la clemencia del cielo y la indulgencia de los hombres ? : Dill. Al contrario , las imploro ; el hombre mas justo las necesita. Pero vos , señor , acordaos también de que Dios os ve, y que va á oir vuestra sentencia! Lord. Oídla ! {Un jurado se acerca y entrega la senten^ cia al lord diputado , quien la abre lentamente, y como con terror. Dillon espera , con los ojos clavados en el cielo ; su muger y su hija , d su lado, parecen implorar al cielo con fervor. Jorge y María las imitan al parecer en el otro estremo de la sala.) Ana. {Con voz apagada.) Dios mió! Tú sabes que es
inocente; sálvale. Lord. {Se adelanta algunos pasos , y después de un momento de indecisión lee.) **E1 tribunal reunido, habiéndose asegurado de que se ha cometido un asesinato en la persona de Patricio Dillon ; sabida la causa y examinadas las circunstancias de este atentado , que le han sido descubiertas por el testigo Dermod bajo la l"é del juramento, y res»iltando de las otras tres declaraciones que nadie ha podido ejecutar este crimen sino Roberto Dillon; el tribunal por la mayoría de siete votos contra cinco, condena á dicho Roberto Dillon á la pena capital.'* {Ana, Isabel, María y Jorge exhalan un grito de dolor; aquellas dos se prosternan d los pies de Dillon, besando sus manos, que tienen cogidas , ahogadas por sus sollozos.) Ana. é Isab. {Pudiendo apenas hablar.) Esposo idolatrado! Padre mió!
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Lord. {Mas r«>ií/amín<c.) **Y teniendo en consideración las amenaias sediciosas de algunos perturbadores, opuestos á la creencia dominante de la Gran-Bretaña, el consejo determina , para dar un pronto escarmiento , y evitar cualquier consecuencia desagradable , que el sentenciado sea conducido inmediatamente al suplicio {Ana é Isabel se levantan , á medida que lee, en el mas alto punto de desesperación y de espanto^ ; y encarga á los magistrados que permanezcan reunidos hasta el momento en que la primer campanada de la torre anuncie la muerte del reo." {A dos oficiales.) Ejecutad las órdenes del tribunal {Movimiento general.)
Ana. Con que es cierto? Ah ! Yo te sigo á la muerte... Nadie podrá arrancarte de mis brazos ; el verdugo no se atreverá á herirte sobre mi pecho.
Dill. Santo Dios! Cara esposa, qué haces? Qné es ya de tu valor y de tu noble resignación ? Llegó el momento en que debemos cumplir con los deberes mas grandes y mas sublimes que ha impuesto á los hombres el Todopoderoso ! Sí ; mi muerte y tu vida servirán algún día de ejemplo , y esta idea debe llenarnos de un valor sobrenatural! Pensemos en la eternidad para poder soportar las últimas penas de este mundo ! Yo te precedo con mi desgraciado hijo.
Lord. Basta de dilaciones, que le lleven al suplicio.
Dill. Ah ! Dejadme siquiera que los abrace por la última vez. {Jorge y María se precipitan hacia eV, jr le besan las manos, que ¿1 les tiende afectuosamente.) A Dios... A Dios, amigos mios, hija niia, querida esposa... Dios mió, ampara á mi familia... Prohibo á Eduardo que trate de vengar mi muerte. Perdono á mis enemigos , perdono también á mis juc- ««•«: ojalá que los p<-rdonc el cielo... Vamos... Isabel, sosten á tu madre : á Dios , á Dios. {Quiere salir míen-
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tras que su muger está casi desmayada en brazos de Isabel.) ...
Isab. Madre íniá! Ya.le llevan... Ah !
Ana. (P^ulviendií en si , y corriendo hacia su esposo.) Detente ! Detente !
JDill. Santo cielo!
Jsab. Padre!
Dill. En nombre del cielo , abreviad mi snplicio ! (Separan por fuerza á Dillon de su familia , y le llevan ; se le ve pasar por la plaza por detrás de las ventanas de la sala. Entre tanto el lord diputado vuelve d entrar en la sala del consejo , y los soldados se retiran. Jorge ha seguido á su amo. Isabel y María han colocado á Ana en ttn sillón, ya desmayada. Isabel está á sus pies , y la tiene apoyada en sus rodillas ; María , detrás , tiene los ojos cubiertos con el pañuelo ó el delantal. Entonces Dermod , agitado de un secreto terror , aparece en el fondo de la sala, entra , y se acerca reparando en el grupo de las tres mugeres , que no le ven; al mismo tiempo un mozo con una carta en la mano se deja ver en la plaza mirando por una de las vidrieras de la sala.)
Ana, Isabel y María agrupadas en un lado; Dermod por el opuesto , y poco después y á su lado el Ministro que salió antes -á buscarle ; después el Mozo» que entra con aire tímido y como buscando d alguien, ' y luego Jorge.
Ministro. {A Dermod.) Esperad. {Pasa d la sala del
consejo.) Der. Qué me querrán ? Oh ! {Mirando al grupn) He
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aqaí mi obra! SatÍ5(ice mi odio... consumé mi veilg^nza ! Pero si llegase á saberse...
Moto. Gracias á Dios epe me han dejado entrar ! Desde las siete de la mañana ando buscando ocasión de hablar al... (Viendo á Ana.) Ah ! Qué veo ? No es aquella la pobre señora de Dillon ? {Se enjuga los ojos:)
Der. (Salgamos de aqui... Sufro un tormento espantoso!...) r.i
Mozo. (Tropezando con él.) Ah ! Perdonad... Para serviros, caballero.
JDer. Qaé quieres ?
Mozo. Nada, señor. Es una carta que traigo para el lord diputado.
Der. Una carta ! {Le aparta d un latió con bastan^ te inquietud.)
Isab. {Que sigue ocupada con su madre.) Ay demíl No vuelve!
Mar. {Desconsolada.) No hay nadie que nos socorra.
Der. {Al mozo.) Una carta para el lord diputado? De qoién es P
Mozo. Oh¡ No miento, no s<'Uor : miradla , esta es. {Sacándola del bolsillo y leyendo el sobre.) Al señor Fitz Willi.ims, lord diputado en Irlanda, porSu'iM. la Reina de Inglaterra...
Der. {Cogiéndola con desconfianza.) Cierto. Al señor Fit Williams... {El mozo está distraído mirando á Ana; Dermod dice aparte.) Qué e* esto? Yo conozco esta letra... sí... es la suya.
Mozo. Eh? Conocéis...
Der. A qué hora te han entregado esta carta?
Mozo. Pardiez! Ayer á las ocho, señor. Elstaba anocheciendo.
Der. En qué punto de la ciudad ?
Mozo. Señor, cerca de la casa del señor Dillon.
Der. Pues amigo, ahora no piie<les ver al lord diputado.
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Mozo. Lo siento, porque ya me canso...
Der. No obstante, dentro de un rato debo verle yo mismo; yo me encargo de ejitregarle esta carta... Pierde cuidado. {Ana empieza á volver.)
Mozo. De veras, señor ? Eh ! Pues si tuvierais la boudad...
Der. Dentro de muy poco quedará en su poder. Anda con Dios , anda.
Mozo. Muchas gracias, señor. Os suplico que no la olvidéis... (^Mirando á Ana.) Pobre señora... Qué lástima de familia ! (^A Dermod que le hace una seíta para que se va/a:) Ya me voy , señor , ya me voy, y tantas gracias. (F'dse.)
Isab. Ya respira!... Ya abre los ojos.
Mar. Señora !
Isab. Madre mia !
Der. (Que ha abierto la carta.) Veamos ; veamos. {Lee bajo.)
Ana. Dónde estoy ?...
Der. (Después de haber leído) Cielos! O Providencia! Si esta carta se entrega , soy perdido ! (Echa á su alrededor miradas de espanto y empieza á rasgar la carta.) Aniquilémosla !
Un dependiente de justicia. (Sale de la sala del co/iíc/o.) Caballero, el lord diputado me manda que o» lleve inmediatamente á su presencia.
Der. Ya os sigo. (Apañuscando la carta , y ocultándola en el pecho.) Que no aparezca nunca ! (Sigue al ministro á la sala del consejo.) r>
ESCENA Xf Ana, Isabel >' María.
Ana. (Let'antdndose sostenida por su hija j María.) Qué o.»CHridad ine ro<lea? Dónde está mi hijo?
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Dónde está mi esposo ? Qaé ? ya me han dejado sola!
Isab. No, madre mia. Aquí estaraos contigo.
Ana. {Mirándolas.) Sí... eres tú , hija mia ! Por qué lloráis ? (Las dos se vuelven para ocultar sus lágrimas ; entonces Ana mira á su alrededor , procura coordinar sus ideas , recorre la sala , lee sucesivamente sobre las puertas laterales sus respectivas inscripciones , y reuniendo todas las fuerzas exliala un grito doloroso.) Ah! Mi esposo va á morir. (Quiere precipitarse fuera de la sala.)
Isab. y Mar. Madre mia!... Señora!
Ana. (Arrastrando consigo d su hija) Ven, hija mia, veji. Girramos á morir con él.
Mar. (Deteniéndola.) Ah ! No salíais , señora , no salgáis. (Se ojen pasos precipitados y gritos.)
Ana. Cielos ! Qué rumor ! Qué tumulto !
Jsab. y Mar. Es Eduardo. (Este llega , j trae consigo al mozo , seguido de una multitud de personas y de Jorge.)
Dichos , Eduardo , Jorge , el Mozo , y gente que ocupa el fondo.
■Todos. (Saliendo al encuentro á Eduardo.) Y mi esposo ? Y mi padre? Y mi amo?
Edu. Ah! Señora, tal ver. traigo su justificación; una carta de vuestro hijo.
Todos. Una carta ?
Edu- (Al mozo qur tiembla.) Dónde está ese hombre á quien se la has entregado? Dónde está? Vamos! Dónde está?
Mozo. S<-iior, por Dios! Yo no sé. Aqui e.staba... Aguardad, habrá ido á llevarla al lord diputado.
Edu. Ah! Corramos... (Abrense las puertas y el lord
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diputado aparece ; al verle todo el mundo da un gfito y se detiene.)
Dichos, Lord diputado, Dermod, iodos los Jurados etc., jr poco después el pueblo y los soldados.
Lord. De qué procede ese alboroto ? Qué reunión es esta ? (Todos los jurados salen de la sala del consejo y van llenando la escena.)
Edu. {Al mozo á medida que los jurados van saliendo.) Míralos bien. Es ese ?
Mozo. No señor.
Edu. Y ese ?
Mozo. No señor.
Ana. Yo tiemblo toda !
Edu. Ten cuidado.
Mozo. {Observándolos d todos.) Tampoco, no señor, tampoco. Ah! (Sale Dermod.) Esees, señor, ese es; á ese fué á quien entregué la carta.
2hda la familia. Dermod !
Lord. Qué significa eso ?
Edu. Ese traidor tiene en su poder una carta para vos : según todas las apariencias justifica á Dillon; es de su hijo.
Ber. Yo !
Lord. Una carta í
Edu. Mandad que se la quiten, ú os hago responsable de la muerte del inocente.
Der. Deteneos.
Todos. Mandadlo , mandadlo.
Lord. Sivjetadle. {Los soldados obedecen ; se le registra.)
Ana. Daos prisa, daos prisa... Mi esposo va á mo-
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rir. {Eduardo levanta la caria en alto ensenándola d todo «/ mundo.) ,
Todos Ahí está !
Lord. Dádmela. {La abre jr lee precipitadamente.. Movimiento general d su alrededor.) **No se culpe á nadie en mi muerte. Dermod me ha conducido al borde del abismo, y voy á quitarme la vida/^ {F'oJviendose hacia Dermod.) Miserable ! Perjuro ! {A los soldados.) Prenderle.
Ana. Salvad á mi esposo.
Lord. G)rred , volad, !
Edu. {Apoderándose de la carta.) Dádmela , dádmela; yo seré el primero...
Der. (Soy perdido ! ) {Eduardo corre agitando la carta en señal de triunfo , todo el mundo se precipita detrás de él. El fondo entero del teatro no presenta mas que un grupo inmenso de personas. Al mismo tiempo que Eduardo va á arrojarse fuera de la sala se oye una campanada: todos se detienen. Un temblor general se apodera de todos , j la campana sigue sonando lentamente. A cada campanada todo el grupo retrocede fiasta llegar , con la mayor consternación , siempre en la misma forma, al principio de la escena. Alli Ana é Isabel caen de rodillas ; el lord diputado se arroja sobre un sillón tapándose la cara , jr todos los jurados , agrupados á su alrededor , parecen temer que las paredes se vengan abajo sobre ellos. Dermod se ve rodeado de soldados que vuelven con ademan furioso y rostro indignado las puntas de sus espadas contra él. El pueblo acude y llena la plaza pública.)
Edu. {Todavía con la carta en la mano.) Ya no hay remedio ! £1 crímejt está consumado ! £1 inocente espira . Ois esos ecos lú^^ubres, que resonarán elernamen-
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te «n vuestras almas ? Los siglos venideros los oirán también , y el nombre de Dillon quedará grabado en la historia con caracteres de sangre ! {Dermod , derribado por los soldados , cae una rodilla en tier'-^ fO- , jr se ve rodeado de espadas que le amenazan.) Madre mia ! Isabel ! Roberto Dillon va á recibir la coróiia de los mártires.
FIN.
POR
^^c^unba ^^biciott.
Madrid: 1858.
CALLE DEL AMOR DK DIUS, M MCRU 7.
PERSONAGES.
DONA ISABEL.
MATILDE, SU sobrina*
DON FERNANDO , vizconde de Blanca Flor.
FELIPE. FEDERICO. LORENZO. CRIADOS.
La Escena es en Madrid en casa de D.* Isabel.
■T— raoooc-j»
Csta comedia es propiedad de su editor, quien perseguirá ante la ley al que la reimprima.
ACTO PRIMERO.
El teatro representa ana hermosa habitación con nna puerta en el fondo y otras dos laterales ^ la de la derecha del actor es la del cuarto de Matilde ; la de la izquierda la del de Federico. A este lado un velador^ al otro una mesa grande con tintero, &c.
DoiÍA ISABEL Y MATILDE Sentadas. {La primera borda, la segunda deja un libro en que ha estado leyendo.)
Mat, Ir ero, querida tia , ¿as algnn delito acaso interesarse en la suerte de Federico? Es tan bueno y tan amable, tan desgraciado... Un joven bacrfano* aislado, que nunca ha conocido á sus padres... ¿Usted misma no le recogió en su casa desde su mas tierna infancia? ¿No le .ha dado usted nna educación nada común...
Isa. Eres muy niña todavia , Matilde. Es verdad que no es un delito querer á Federico; que lo merece, ^ah! sin duda; pero una joven de tus años debe ocultar sus sentimientos, y...
Mat. Señora...
Isa. Sí, hace dias que tenia g.inas de hablarte de «sto; noches pasadas fuimos á la ópera; yo le habia ofrecido mi palco á Federico , le habia hecbo este honor; pero estaba alli con nosotros
•el vizconde de Blanca Flor, mi sobrino. El vizconde , aunque tiene algunos defectos propios de la juventud , reúne las mas brillantes cualidades j y esto te lo digo , Matilde , porque quisiera que lo tuvieras presente. Tengo entre manos un proyecto de que te hablaré después. Pero volviendo á la ópera , tú no hiciste en toda la noche mas que reir á carcajadas ^ y chichisvear con Federico. El podria decirte cosas muy divertidas , pero y hija mia y en la ópera no parece del buen tono reirse de esa manera. Después al salir aceptaste el brazo de Federico ^ sin guardar respetos al vizconde , que te ofrecía el suyo. jUfat. Yo creí que podia... Es tan amable... Jsa. Ah, no, no; es preciso que te acuerdes de
quien eres, que consultes siempre la etiqueta. A/iaí. Ah , yo no hubiera consultado mas que á mi corazón... Federico le está á usted tan agradecido... la quiere i usted tanto... Isa. Lo creo, Matilde i y tendria un sentimiento si no lo creyese j pues á pesar de eso , dejando aparte mi clase, no veo en él aquellas consideraciones y respetos que yo pudiera exigir de un joven que debe á mí todo cuanto es... Sin ir mas lejos, ahi tienes, él vive en mi misma casa como un hijo , nunca le he negado la entrada en mis suarés j él pudiera venir todas las noches á formarse , á aprender los modales de la buena sociedad j las maneras del buen tono; pues tú misma lo ves, apenas parece alguna noche. Mat. Pero, tía , sea usted imparcial también. Esa sociedad será muy hermosa... pero no es divertida.
Isa. ¡ Cómo 1 Matilde.
Mat. Qaiero decir, para un joven como él... no oir hablar de otra cosa luas qae de la antigüedad de nuestro apellido, de los yeros y cuarteles que entran en nuestro escudo, de las proezas de los Hartados de Mendoza... yo misma) y eso que soy de la familia, le aseguro á usted qae muchas veces...
Isa. Matilde...
Mat. Con que con cnánta mas raíon se fastidiará ese pobre Federico, j<5ven, vivo, atolondrado... ello es verdad, yo lo confieso, tiene los casco» ligeros ; pero tiene tan buen corazón I j Ab. Créame Dsted , nos hemos criado juntos, y lo conozco perfectamente. No se puede usted figurar basta dónde llega el agradecimiento , el cariño que le profesa á usted. Isa. ¿Lo crees asi, Matilde?
Mat. Ciertamente , y si no lo que hizo el día que se desbocaron so? caballos de usted. Mi primo el vizcondp »le Blanca Flor se estaba en la acera á una distancia respetable , dando voces y pidiendo socorro^ pero Federico se arrojó á detener los caballos con riesgo de ser atropellado, y los detuvo. ¿Quién sabe si le salvó a usted la vida? Pues para que usted no se asnstára viendo »u vestido roto y sus manos llenas de sangre, se escabulló entre la gente, y me TÍno á encargar que no dijera una palabra.
isa. Y tú lo ha^ callado.* has hecho muy mal, y yo no sabia nada. ¡Pobre Federico!
3/aí. Yo creo, aqni para entre las dos, que el rango de usted le intimida. Cuánta» vec«» me dice... porque conmigo tiene sos conTeriariono» muy tiradas.
(6)
ha. ¡Hola I
Mat. Sl'i no le debo de parecer tau imponente como usted... Pnes, cuántas veces me dice: "¡Ah! ¡que no tuviera yo una ocasión para probarle á mi bienhechora mi agradecimiento ! Con qué placer daria mi vida por ella... Si al menos estuviese casada , yo podria ser útil en aljro á sn esposo... si fuese militar yo leseguiria á la 'Tuerra y mi cuerpo le servirla de escudo...'*
Isa. ¿Eso dice?
JMat. Si señora ; y por cierto que eso me ha hecho pensar muchas veces en una cosa... ¿Por qué no se ha querido usted casar nunca^ querida tia?
Isa. (Sorprendida.) ¿Por que? Porque... esa es una pregunta pueril ; y...
juat. Pues á mí me parece que siendo de tan buena familia y con dinero y no hubieran faltado muchos que...
Isa. Sí... de buena familia... por lo mismo es preciso casarse con un igual , y estos son pocos. Tú piensas como mi hermana ; reconozco en tí las ideas de tu madre , que en lugar de seguir mi ejemplo ^ escogió en una clase muy inferior un marido que tenia dinero, pero nada mas.
Mat. Verdad es j dicen que mi padre no era noble, y que era millonario; pero para eso queria mucho á mi madre , y la hizo tan feliz que...
Isa. Ab , no , esa nó^es ana disculpa ; la felicidad á que puede conducirnos una falta no basta para justificarla.
Jtlat. Pues á no ser por esa falta no tendría usted ahora á su lado á una sobxina que la acompaña, y la quiere , y...
Isa. Yo te lo agradezco, Matilde; pera... Algaien viene, será' Federico , á quien he enviado á llamar- V qoe ya tarda demasiado. No , ei Felipe.
DICHAS y FELIPE coTí unos popeUs en la m ano.
Isa. ¿Qné es eso, Felipe?
Fel. El correo y las cnenta» del mes y porque hoy es el 1.0
Isa. Bien , bien. ¿Para qné las he de ver ?
Mat. Bien se pnede fiar en Felipe : no es nn mayordomo adocenado.
Isa. j Oh ! Felipe es todo nn hombre de bien. Yo, gracias á sn celo, tengo fama de ser dos veces mas rica de lo qne en realidad soy, gasto mochísimo, no sé lo qne son deadas, y siempre tengo dinero á mi disposición...
Td. Señora, no hago mas qne lo qae debo: mire V.
Isa. Es inútil , Felipe.
Fel. La señora nunra qniere ver lo qne firma; paes «so es muy mal hechor vamos, léalo usted , leilo nsted, es preciso. {Isabel pasa junto á la rnesa para examinar los papeles.)
Mat. Es particular , en toda la casa nadie se atreve á hablar á mi tia con ese tono, y sin embargo no se enfada. Estos criados antiguos tienen derecho para todo.
Fel. ( Acercándose á Matilde. ) Hago mal... lo conzro, señorita, pero un antiguo militar no puede hablar como un cortesano.
Isa. i Qoé es «sto? ( Leyendo. ) Limosnas que ha dado la señora y tres mil reales. Esto sube muchísimo mas que otros meses.
(8) . . ,
Fel. Señora, es usted tan caritativa... y los tiempos están tan malos; que todds acuden aquí, artesanos indigentes y sin trabajo y soldados pobres que han darramado su sangre en los campos de batalla j en fin , compañeros antiguos de armas, benéficos también cuando podian, como yo,
Isa. Ah, sí, sí; á Felipe debemos en cierta época el habernos salvado de algunos peligros.
Mat- Entonces / qué estraño es que le esté usted agradecida?
Isa. Acabemos... Asistencias de Federico , miL reales. Esto es demasiado para un mes.
Fel. /Demasiado , señera , para usted que le ha criado , que le protege... Es preciso hacer las cosas completas.,, que se instruya , que aprenda , que tenga maestros.,, ya sabe usted que el que no posee bienes de fortuna, necesita tener algún mérito.
Jsa. Eso es precisamente de lo que el deberia estar couTencido... Yo te he puesto á su lado, Felipe , para que le sirvas de ayo , de amigo. Y no estoy nada contenta con él , ni contigo tampoco: tú le echas 4 perder, le mimas, no tienes carácter: yo sé que muchas noches se recoje á d«shoras...
Fel. Señora...
Isa, Ayer noche no le ví.
Fel. ( ¡ Dios mió ! )
Isa. Esta mañana le envié i decir que bajase, y aun no ha parecido.
Fel. Salió muy de mañana: tiene un repaso de leyes , creoj en fin, trabaja tanto, que á vece» se pasa la noche...
Mat. ¿Lo ve usted? Al fin enfermará.
(9)
Isa. Ah , no, no; de ningún modo: tampoco quiero qne trabaje tanto : yo se lo prohibiré.
Fel. ( No , no es menester. )
Isa. {Cojiendo una bolsa. ) Toma, aVii tiene su trimestre ; dáselo de mi parte , y encárgale sobre todo la economía y la buena conducta.
Fel. Bien , señora: pero ya pedia usted tener nn poco mas de indulgencia: tiene sus faltas, pero si es un muchacho : es atolondrado , pero es pundonoroso j y en fin , «i yo estuviera en su lugar puede que fuera peor que él.
Viz. [Dentro.) ¿Todavía no han almorzado? Perfectamente.
Isa. Esta es la voz de mi sobrino.
DICHOS y el vizco>DE. {En un elegante negligé. )
Un lacayo. ( Anunciandp. ) El señor vizconde de Blaca Flor. ( Felipe arregla los papeles junta á la mesa.)
Viz. Querida tia , siempre á los pies de usted : á Dios , prima \ hoy estoy muy madrugador : yo mismo estoy absorto de verme en pie casi á la misma hora que todo el mundo.
Isa. ¿Pues c<5mo ha sido eso?
Vil. ¡Oh! Lo he tomado desde mas atrás: no me he acostado esta noche.
Fel. ( No se le puede pedir mas arreglo. )
Mat. EUcelente conducta , vizconde.
f^it. Verdad es que podía ser mejor; pero hija, hay tantos baile* este invierno ^ las noches son tam cortas , la vida te pata en un momento.
(10)
Isa. í Almuerzas con nosotras? Matilde, anda ^
dispon que no tarden. Mat. Voy , tia. Primo , con tu permiso : á Dios,
Felipe.
TELiPE, ISABEL, y el VIZCONDE. {Isábcl Sentada JirmaTid O los papeles que le va presentando Felipe.)
Viz. He venido en primer lugar á almorzar con usted , y en segundo , querida tia , á darla las gracias. ¿Ha visto usted ya al del caballo? Isa. Demasiado á menudo le veo. yiz. Como ha de ser, tia mia^ esos malditos caballos ingleses no tienen precio. Yo , la verdad, los caballos y la ópera... si el diablo me ba de llevar será por ese lado. JFel. El señor vizconde cambia tan frecuentemente. yiz. Cierto , es lo que yo digo : yo gasto lo mío y lo de mi tia, y lo de... pero ¡qué diantre. es preciso brillar en el mundo, que hablen de uno y no ajustar nunca cuentas. Fel. (Sobretodo cuando el dinero es de los demás.) yiz. No hay otro camino. Si siquiera tuviéramos una gerra , sería un ahorro para mí^ porque entonces , ó me matíirian pronto , ó yo daría que decir , y de este modo me saldría mas barato. Isa. ¡ Cómo ! Esponer tu vida, ¿estás loco? El Último vastago de la familia... de ningún modo; y ahora que viene á cuento debieras acordarte de quien eres muchas veces, y tener mas moderación... ¿qué lance era aquel de que se hablaba tanto ayer?
Kiz. ¿Qaé, sabe nsted... ¿Y eso ha podido incomodarla á asted?
Isa. Y mucho.
riz. Sin embargo , bien sabe usted mi destreza^ y lo que ea en ese lance tenia yo razón. Yo habia risto en el teatro... ya sabe nsted donde me pongo siempre ^ tia j desde alli asesto mi anteojo: pues bien , habia tisto á una bailarina... un cuerpo, unos ojos, un alma, señor , un alma , y sobre todo nn piececillo... ya puede usted figurarse , tia, quién.
Jsa. \ Fernando I
Viz. No tenga nsted cuidado. Pues señor, es la sal del mundo : quisieron hacerme creer que tenia un rival.
Fel. \ Cómo es posible ¡
f^iz. Yo pensaba como Felipe , no quise creerlo j pero en estos tiempos suceden tantas cosas in— creibles... Pues señor, vuelo á casa de mi bella, que estaba en su tocador, voy á levantar el pestillo... buenas nocbeg , estaba echada la llave, y oigo una vocecilla de -primo haSSO que me responde : **¿quién va?"
Isa. • Ay Dios mió !
Viz. No quedaba duda ; otro hubiera alborotado, hubiera dado una campanada: yo por el contrario , no pudiendo remitir mi cartel á mi hombre, escribo en la puerta con el lapicero de mi cartera: ** El amante de mi querida es on necio, y le aguardo en el Prado: fulano de tal. "
Isa. lYiuél
Viz. ¿Cómo sifué? Fueron tres: «egun parece todos habían ido leyendo uno tras otro mi epístola , que por lo visto ha venido á ser una circular.
(12}
Isa. ( Levantándose. ) ¿Y os habéis batido?
f^iz. Inmediatamente , y con mis tres paladines : herí al uno ^ desarmé al otro ; y almorcé con el tercero y un joven escelente y que no me quiso dejar j porque en los desafios , es delicioso j se hace uno amigos á todo trance : este me Ueró después a una casa y donde hemos pasado una noche divina y una casa de... en fin, una casa... y allí por mas señas encontré á su amigo de usted Federico.
Fel. ¿ Federico ?
Jsa. ¿Qué dices j Fernando?
Fel' El señor vizconde se equivoca ; eso no puede ser.
^iz. ¿ Me equivoco , y le he hablado yo mismo V Por cierto que estrañé mucho verlo en aquel sitio : y cuando yo salí á las seis de la mañana aun quedaba alli.
]^el. ( : Que no se te secara la lengua ! )
Isa. (Mirando á Felipe.) Habia salido temprano esta mañana para trabajar. ,, Bien está. ¿ Y esa casa es...
Viz. Qué sé yo.
FeL Pues el señor vizconde estaba...
J^iz. Si y yo... pero amigo mió , yo... es muy diferente ; pero nn pobre diablo como él , que no tiene un cuarto... esto pudiera ser muy alarmante ; eso es todo lo que puedo decir ) no quisiera tampoco ofenderle.
Fel. Ah , no , no i hable usted por Dios y no nos haga usted sospechar mas de lo que tal vez habrá : aunque hubiera ido á esa casa por divertirse ^ por alguna muchacha, como la del sejior vizconde... {Sorpresa del vizconde. ) qué sé yo : y ¿por cpié no ? á su edad...
. (13)
Isa. Felipe, el señor TÍzconde no te ha dirigido la palabra.
Viz, Sí , pero el señor don Felipe la toma por sí y ante sí : es elocuente , eso siempre compone parte del lujo de un mayordomo j también le costará á usted mas caro.
Fel. I Por vida de !
Isa. Felipe, calla; ¿olvidas... Fernando, vamos, y sobre todo delante de Matilde nada de aventuras , ni relaciones , ni... cuando estamos á pan — to de manifestarla nuestros proyectos , no convendrie que tus locuras...
Viz. jBa! ¿Eso qué importa? Mientras ^e sea soltero... ahora , en casándome...
Isa. ¿Serás mas prudente?
Viz, Oh , entonces sí.
Isa. ( A Felipe al salir. ) ( Estoy descontenta.) Fernando, dame el brazo. {Saliendo.) (Muy descontenta. )
FELIPE-
Muy descontenta ; yiues, ú eso no hay que responder i hablador, hacliiller, con sus relaciones y •u aire de desprecio... | despreciar á Federico ! Comete faltas, es verdad , pero eso nada le importa á él , sino á la señora y á mí, {Tomando en peso la bolsa.] ¡ Pobre muchacho I So trimestre... no pesa gran cosa ; y por esta vez no hay qne esperar suplemento : esta es la ocasión de socorrerle sin que el lo sepa. {Mira al rededor , y busca en su faltriquera.) Precitamente aqni traigo algunos ahorros qae iba á
(14)
imponer... no soy un ricachón , pero al fin con un poco de arreglo nunca faltan algunos cartuchos para servir á los amigos ( Coge un rollo de monedas.): se encontrará con su paga algún tanto aumentada, pero creerá que es la señora. {Mete algunas monedas de oro en la bolsa.) ¿Dónde diablos puede haber pasado la noche? No venir á dormir, ponernos en cuidado... ¡oh esto es muy mal hecho ; no veo de cólera, {taciando todo el paquete. ) ¡ Eh ! echémoslo todo y se acaba mas pronto. (Fa hacia la izquierda.)
FEDERICO, LOREPfZb y FELIPE.
Fed. {En el fondo á Lorenzo.) Anda, que no te vea nadie;, entra en el cuarto de Matilde, pon estacaría sobre su almohadilla, ó en su cartera de dibujo: toma, es el último dinero que me queda. {Lorenzo entra.) Fel. El es.
Fed. { Dejando su sombrero y su bastón sobre la mesa de la derecha.) Si, lo sabrá todo; pero cuando yo esté lejos. {Atraviesa el teatro y se arroja sobre un sillón junto al relox. ) Fel. {Que está en el fondo á derecha observándole, se acerca.) ¡Cómo viene ! Abatido, estropeado, parece que acaba de andar cien leguas á marchas forzadas : ¡ pobre Federico. Fed. Puede ser que me tenga lástima. ¡Ah.tehpe. Fel. {Mudando de tono.) ¡Gracias á Dios. ¡Voto
va I V No. le da á usted vergüenza ? Fed. Felipe , por Dios , te suplico que dejes esas reconvenciones : no estoy para oírlas.
Fel. Y las tiene nsted que oír sin embargo. ¿Qné significa esto? ¿Qaé vida es esta? Poner á toda la casa en cuidado , y sobre todo á mí y á la señora.
Fed. {Levantándose.) ¿La señora dices ? ¿Pues qué. Felipe, sabe...
FeL, Todo lo sabe : por mas que he mentido para disculpar á usted , que no hubiera hecho otro tanto por mí, no ha querido oirme, está furiosa con usted.
Fed. No me faltaba mas qne esto: todo lo hubiera arrostrado ; yo habia tomado ya mi resolución f pero su cólera... | ah ! no , jamas ; yo qne daria mi vida por ahorrarle un disgusto...
Fel. Bien está: pero qué- no teme usted también desazonarme á mí , que soy su apoyo , que ausente ó presente estoy siempre á la mira para Telar sobre usted , para defenderle? ¿Para mí no hay agradecimiento ?
Fed. Sí, Felipe, sí^ te pido mil perdones \ soy un loco , un ingrato , ó mas bien soy un desgraciado , eso es lo que soy , nada mas.
Fel. ¡Desgraciado! [Con frialdad.) Ya lo entiendo; ¿Qsted ha hecho algún disparate, eh ?
Fed. Sí , ano , uno solo primero , que me h* hecho cometer después otros veinte.
Fel. Demasiado es para empezar; pero ramos por orden.
Fed, Estoy Enamorado , pero...
Fel. • Enamorado !
Fed. F< de una persona tan superior á mí...
Fel. I Bah ! Siendo joven , estando bien , no hay distancia que valga : ¿y esa persona...
Fed. Ah , si tu supiera».,, pero no , no^ quisiera podérmelo callar á mí mismo, Felipe : ¡ qué
cruel es sentirse capaz de distinguirse f y encontrar un obstáculo invencible! ¿Qué puede hacer un hombre que no sabe quién es? Felipe, ¿cuál es mi familia? ¿cuál es mi apellido? ¿de quién soy hijo?
Fel. De sus obras de usted, y eso basta y sobra. Un hombre de bien , un hombre de mérito no necesita para nada un apellido ilustre.
Fed. Por mas que digas , es una humillación insoportable i todos los jóvenes que concurren aqui afectan mirarme con desprecio... yo no puedo permanecer mas tiempo; esta casa se me ha hecho odiosa ; he llegado á desanimarme : no sé en qué estravagancias he dado; se ha apoderado de mí una ambición frenética de hacer suerte , de tener bienes ; me ha parecido que esta sería una compensación, una especie de mérito^ hay tantos que no tienen otro... en fin, con esa necia esperanza he jugado.
Fel. ¿ Ha jugado usted ?
Fed. Como un loco, como un desesperado.
Fel. ¿Usted, Federico? ¡Ah! es muy mal hecho: no es necesario preguntarle á usted si ha perdido.
Fed. Mas de lo que puedo pagar.
Fel. Deberia reñirle á usted, pero eso será después; tal vez no perderá usted nada en demorarlo, acudamos á lo mas urgente : aqui está el trimestre , no puede llegar mas á tiempo. ( Le da la bolsa. ) .
Fed. ¡ El trimestre ! ¡ Ah ! no basta.
Fel. Mírelo usted bien :, creo que ha de haber mas que otras veces : la señora me lo ha entregado para usted, encargándome que le echase una l)eluca, que tiene bien merecida. (He acertado en aumentar su pensión. )
(17)
Fed. Vaya , siempre lo recibirán á buena caenta.
Fel. I Como I ¿A buena cuenta?
Fed. Sí; he jugado , he apostado , por mejor decir, toda la noche con ese maldito vizconde de Blanca Flor, á quien no puedo tolerar; sola su vista me ofende: me empeñé en llevarle siempre la contraria: me hubiera alegrado tanto de humillar su presunción... pero ha sido al revés^ ha tenido una suerte tan sostenida , tan insolente como su facha : he perdido veinte mil reales.
Fel. ¡ Veinte mil reales , Dios mió I
Fed. Si f Teinte mil reales , que he pedido á mis vecinos , á mis amigos , al dueño de la casa... y es preciso pagarlos hoy mismo : ya conoces que no me queda mas recurso que el de levantarme la tapa de los sesos.
Fel. ¿Qaé dice usted? Tiemblo todo.
Fed. Cuando ge debe , cuando es forzoso vivir deshonrado, avergonzado, no hay otro recurso.
Fel. Sí señor , le hay.
Fed. ¿Cuál, Felipe?
Fel. Pagar.
Fed. ¿Pagar? veinte mil reales: ¿estás en tí? ¿de qué modo?
Fel, Wo sé, no hay ahorros que basten; pero.OA preciso pagar.
Fed. He buscado a todos los amigos. , \
Fel. Amigos, ¡ah! cuando se trata de dinerd nunca se les encuentra en rasa. Solo una perapna puede sacarle á usted del pato. \
Fed. /Quién , mi protectora?
Fel. Es preciso conffsárselo todo.
Fed, Jamas, araigo mió, jamas; la quiero mU'», che V pero la temo tanto...
Fel. No importa. jVoto va! Vamos^ resolución
(18)
lor: es preciso pasar ese mal trago: eso I® «ervlrá á osted de castigo. Aqai viene precisamente.
DICHOS y DOÑA ISABEL. Fcderico y Felipe se retiran hacia el fondo.
Fed. ¿No me dejarás solo , Felipe? Fel. No tenga usted cuidado r, yo me quedo aqui detrás, como cuerpo de reserva, para auxiliarle en un caso. {Doña Isabel entra distraída sin verlos.)
Fed. No nos lia visto ^ está distraida j pero tiene una cara tan seria...
Fel. No importa, ya conozco esa seriedad; adelante , sin miedo.
Fed. {Da algunos pasos y retrocede.) No , no me atrevo-, es demasiado: primero sufriré mil muertes. {Echa acorrer hacia su cuarto^y^ cierra la puerta.) ''.
Fel. Vamos. {Mira alrededor , y le ve huir.)
. ¡Bravo! Escapa y me deja soló- en las hastas del toro.
Jsa. {riendo á Felipe.) ¿Eres tú, Felipe? ¿Pareció ya Federico?
Fel. Sí señora. -,
Jsa. {Viendo que Felipe mira á todas partes.' j Qué es eso? ¿.Qué tienes?
Fel. Miro si viene alguien : {Se acerca.) no quisiera que me interrumpieran.
¡Sn, ¿Pues qué hay ?
Fel. Nada , un pequeño contratiempo , poca cosa. •Qué diantre! La juventud es un momento de fiebra que dura mi» ó menos , y cnando el acce-
(Í9)
ao ba pasado, lo caal desgraciadamente saele suceder demasiado pronto... Isa. ¿Adonde vas á parar con esos preámbnlos? Fel. £n nna palabra , señora , ( Bajando la voz.)
el chico ha jugado. Isa. ¿ Federico ?
Fel. Sí señora , ha jagado f ha perdido , debe dinero. (Asi , asi , el mal trago pasarle pronto. ) Isa. ¿Qoé dices? ¿En esa casa donde le vio mi
sobrino? Fel. Era una casa de jaego; pero del gran tono, sociedad de alto coturno ^ es decir , que el chico ha perdido rancho j y ahora , señora , es precisb pagar. Isa, ¿Pagar? ¿Td has creído que yo consentiría en;.. ¿Yo contribuir á semejante desarreglo, pagando nna deuda de juego ? ¿Darle alas... Fel. Si señora , veinte miL reales. Isa. ¿Y qué me importa la cantidad? ¿Cuándo me has visto reparar en el tanto menos cuanto para Lacerbien? Me parece que acostumbro hacerlo con nobleza; pero despaes de nna conducta como esa... No, Felipe^' no; estoy decidida',; ntf^ Ib pagaré. ^ '•
Fel. ( Animado. ) ¿ No lo pagará usted? Isa. No señor, no: ¿que diría mi familia, qué diria todo el mundo si los bienes de lo8< Hartados de Mendoza no sirviesen mas qne para enmendar las faltas de un atolondrado? Fel. ¿Su familia de usted? ¿ El mundo? Le tiene uste4 demasiado miedo , señora ; le ha sacri^ca-^ do nsted y.-t tantas co«a»... ha. -Felipe! I.
Fel. No tenga nsted cuidado , mis labios no se despegarán ; 'sé lo que h« prouiPtido ,'v lo sabré
( 20 )
campUr; nunca lo olvidaré 5 pero es preciso que cada uno cumpla con su obligación; acuérdese usted de que ese pobre muchacho no tiene nadie á quien volverse mas que usted 5 y 8Í usted le abandona, si permite que viva deshonrado , :ah! nadie sabe de lo qne es capaZ; tiene pundonor, no es cobarde... atentara contra »u vida. Isa. ] Dios mío ! ^ , . ^ j ■)
Fel. Sí, está determinado. ¿Que qmere usted/ , Qué apego puede tener k la vida? Como me decia él mismo no hace mucho s «Yo *stoy solo en el mundo, sin parientes , sin esperanzastodo lo que tengo lo debo á la compasión. Isa. /Eso decia?
Fel. Sí señora , y otras cosas decia tambie^n que me hacian saltar las lágrimas. ¡Pobre Federico . Yo le contemplaba, y decia para mi... {Uona Isabel hace un movimiento para taparle la hoca.) Bien, señora, bien , nada ; pero tema el cora.on en un puño... ; Ah 1 usted no siente nada de eso... Usted es feliz , y vive tranquila. Isa. ¡Feliz yo ! No , Felipe , no lo soy. ^ Fel. :Ba! Señora... en esos salones rodead-a de personis que la respetan á usted , y de una famiha aue dirií^e á su placer... Isa 'Y crees que en el fondo de mi coraron no siento algo mas que «««? ^^^^ ^^ ^'^ ^'\ "" " ejemplo á todos los que dependen de mi. Fel. /Cómo? .Insiste usted..»
Isa. No , no : yo lo pagaré todo, sí , te lo prometo- pero chiton ; ni Federico ha de saberlo. FeL Y por qué no ? ¿Teme usted por ventara que llecrue k cobrarle á usted demasiado car.no/ Isa. No , Felipe i pero mi sobrino pudiera estra-
(21)
ñarlo y llevarlo á mal : ya sabes qne es mi lieiedero.
Fel. Tanto mas motivo para indemnizar á ese pobre Federico mientras usted viva : ademas de que no volverá á reincidir en semejante falta. Habrá de contentarse con su pensión f que aunque no es exhorbitante...
Isa, i De veras? ;Te parece escasa? Porque en ese caso se le pudiera aumentar.
Fel, Sí, sin duda^ con otro tanto... Ademas , todot sus amigos tienen caballos ^ trenes... [Sorpresa de doña Isabel.) No, yo no soy exigente, pero me parece que na baria usted nada de mat en regalarle un bonito caballo con un criado para servirle y acompañarle.
Isa. ¿ Y no eres exigente , Felipe ?
Fel. ¡Qaé diantrel Mire usted, señora...
Isa. Bien , vaya, bien; cómprale ese caballo, lo que necesite^ pero sin derrochar, sin...
Fel. Basta ; compraré lo mejor , lo ma« caro , y cuando usted le vea encima, veremos si le pesa. ¡Oh! el bribonznelo , ei viera usted qué bien monta. Usted , como no le hace caso... pero, sin ir mas lejos , el otro día en el Prado habia una» ciertas señoritas, pero señoritas dül gran tono, que se paraban para verle pasar , y á cada vuelta repetian: "jQue aire tan bonito) elegante figura ; qué buen ginete!"
Isa. ¡ De veras ?
Fel. Sí señora , como usted lo oye ; y yo tenia tanto gusto en oirías , que toda la tarde me ful insensiblemente tras ellas.
Isa. Eso es verdad ; tiene una fisonomía roay..*
Fel. Muy espresiva, sí señora, muy agradable; y si le animasen un poco... si usted de cuando en
(22)
cuando le dirigiese la palabra con cariño , con predilección... porque la verdad... está usted siempre tan seria con él...
Jsa. ¡Yo!
Fel. Delante de usted está cortado , tiene miedo.
Isa. ¿ Miedo Federico ? /A mí...
Fel. Sí ; por ejemplo , ahora debia usted perdonarle está falta, usted misma hablarle , y... ya veo que usted lo desea tanto como yo.
Isa. ¿ Pero estás seguro de que no vendrá nadie?
Fel, Nadie , nadie vendrá. Voy á llamarle.
ESCENA VIH.
DICHOS y FEDERICO.
Fel. Salga usted: ya isalimos del paso^ esto va perfectamente. '
Fed. Es imposible... >
Fel. Varaos ^ háblela usted , pero con gracia , con despejo.
Isa. Federico.
Fel. {Empujándole.) Vaya, otro esfuerzo: mas cerca , mas.
Fed. (Yo tiemblo.)
Isa. Venga usted aqui, señorito y venga usted aqui: todo lo sé; pero no tenga usted cuidado, no^ nada tengo que añadir á lo que usted mismo conoce: por esta vez yo enmendaré esas locuras , pero contando con que no perderé el fruto de esta lección.
Fed. En mi vida olvidaré tanta bondad.
Fel. ( Bajo. ) Perfectamente.
Isa. Federico , te suplico que no te hagas jugador.
Fed. Jamas, señora, jamas. (Yo no estoy en mí. ¡Qaé bondad ! )
(23)
FeU Se supone que ya no jugará.
Isa, No sabes el sentimiento que me dariás.
Fed. Ab, no señora^ primero quisiera dejar de existir que darle á usted un sentimiento... y mas cuando recuerdo cuántos beneficios he recibido en esta tasa, yo que no tenia en el mun — do quien pudiera interesarse por mí.
Isa. Tienes amigos que no te abandonarán mientras no te hagas indigno de sus favores.
Fel. Nunca lo será: yo respondo por él.
Fed. {Besándole la mano.) Es verdad , nunca. {Doña Isabel se vuelve para ocultar su cotí' moción.)
Fel. { Bajo. ) Asi , señora , asi. ( Me parece qne yo en su lugar ya le hubiera... ) {Hace el nto -
, , vimiento de abrazarle.)
Isa. ¿Y tus estudios? /á qué altara te hallas? ^piensas en adquirir un nombre? ¿en formar tu suerte ? '
Fed. Solo me falta recibirme de. abogado-
Fel. Lo ve usted, señora: j abogado!
Fed. Ah , eso no es nada hasta que ano . no'< «dV quiere reputación. -^
Isa. Dice bien.
Fel. Oh , eso creo que no es tan fácil i pero de todos modos , siempre es una bonita carrera encontrarse abogado hecho y derecho i su edad. ¿No es verdad, señora? > "I
Isa. No hay duda: conozco abogados que son muy bien admitidos en las easas mas principales.
Fel. Yo lo x-reo.
Isa. { Observando á Federico.) (No decia xaál Felipe. Tiene una ligura nuiy. interesante , un aire muy señor.) {Selevaniay y le dice á Federico.) E.cucha , Federico; I yo pioneo en t^i
( 24 )
porvenir f en tu felicidad. Solo te pido que no le opongas obstáculos tú mismo con tu con^ ducta. ( Felipe pasa á la izquierda de Federico. )
Fed. Ah) señora, disponga nsted de mí; sería dichoso si pudiera consagrarla mi vida.
Jsa. Me alegro ^ es decir que no encontraré ninguna oposición á mi volnntad.
Fed. Suscribo desde luego á perder el fruto de su bondad si vacilo un instante en obedecerla.
Fel. Yo respondo de él.
Jsa. Pues bien , en ese supuesto voy a descubrirte mis intenciones: voy á proponerte un medio de empezar brillantemente tu carrera : he pensado colocarte con una rica heredera de diez mil duros de dote : pones tu bufete y tienes asegurada tu subsistencia.
Fed. ¡Dios mío !
Jsa. Ya le he hablado muchas veces á su tio: fú le conoces y don Jorge Bustillos : ha aceptado el partido y y creo que... ¿No te alegras?
Fed. Señora...
Isa. ¿Qué veo? Esa tristeza... mírame.
Fel. Cuando se le propone este fortanón deshecho • ese silencio.
Isa. Vamos, habla , Federico : ¿puedes oponer alguna dificultad... responde.
Fed. Señora , lo conozco , soy nn ingrato.
Jsa. I Cómo!
Fed. Me es imposible aceptar.
Jsa. y Fel. ¡ Imposible !
Jsa. \ Estoy admirada ! ¿Y qué motivo racional...
Fed. Ninguno , señora ^ permítame usted que calle ; no puedo decir mas j pero es imposible.
Fel. ¡ Qué imprudencia!
(25)
Isa. i Qaé dices ? Pues yo lo exijo , lo mando: esta boda se ha de hacer.
Jped. Dígnese usted escucharme: conozco que no debiera pagar de este modo sus beneficios ; pero permítame usted que los rehuse todos si para merecerlos es preciso concluir una boda...
Jsa. Enhorabuena , señorito y supuesto que no se puede hacer carrera de usted , yo tomaré mis medidas ; tiemble usted mi cólera.
Fel. Reflexione usted lo que hace.
Isa. Déjale : tú te acordarás de este dia.
DICHOS y MATILDE acudicndo al ruido.
Mat. jJesnsjtia! ¿Qué sucede? ¡Qué enojada está usted.
Jsa. Me parece que tengo razón para estarlo.
Mat. ¿Con Federico?
Isa. Sin duda; y nsted , señorita, que toma siempre su defensa , no sé como podrá disculparle en esta ocasión. ¡Rehusar nna boda de esta especie \
Fel. ¡Un dote de diez mil duros!
Isn. ¡Y una joven muy liermosa !
]\'Iat. ¿De veras, Federico?
I^a. ¿ Y por qué razón ?
Fed. ¿ Y si no me creyese yo libre... si mi corao íOn estuviese...
Isa. \ Cómo ! ¿Es por eso?
F^l. Sí señora, se me habia olvidado, está enaw morado. '-^
Fed. \ Por mi desgracia ! Pero esto no me autoriza para hacer, casindomc, la de otra persona.
(26)
Mat. Querida tia, á lo menos es hombre de bien , y usted no le puede obligar á...
Isa. Puedo obligarle á ser racional, sí señor... acabemos. ¿Y quién es esa belleza que le impide á usted obedecer mis...
Fel. Responda usted. ¿Quién es?
Fed. Permítame usted que lo calle, es mi secreto^ nadie lo sabrá '■, puedo amarla sin delinquir , y sería culpable si la nombrase.
DICHOS y el VIZCONDE.
J^iz. ¿Dónde están nstedes? Todos me ban dejado solo... Te buscaba , prima.
Mat. ¿ A mí ?
^iz. Yo, como me duermo cuando estoy sin bacer nada , me divertía en registrar tu cartera de dibujo. ¡Qué países tan bonitos ! Estaba acabando ya , cuando de pronto cae á mis pies esta carta cerrada.
Isa. ¿ Una carta ?
J^iz. Con el sobre para Matilde.
Fed. (Turbado.) (¡Es la mial)
Jsa. ¿Qué quiere decir esto?
Afat. Yo no sé , tia. Véalo usted.
Fel. {A Federico, que se estremece.) (¿Qoé tiene usted?)
Fed. (¡Soy perdido!)
Jsa. Una declaración.
Viz. (Leyendo con su tia. ) Firmado; ** Federico."
Mat., Jsa. y Fel. ¡Federico!
Jsa, ¡Qué insolencia! ¿Tiene usted valor...
FeL ¡ Imprudente !
( 27 )
Fed. Todo se ta perdido. jDesgraciado!
Isa. ^ Qué te parece, vizconde?
Viz. Dé usted alas á estos niños... ahi rerá nsted.
Isa. ElfectivaHientej mi escesiva bondad j mi indalgencia tiene la culpa de todo.
Tel. Señora...
Isa. Déjame... este es el pago de mi protección.
Fed. (¡Que no me confunda nn rayo!)
Isa. Enhorabuena: usted lo ha querido j usted se lo ha buscado ; yo he hecho todo lo posible por atraerle á usted al buen camino , todo ha sido inútil. Basta de stifrimiento i saldrá usted de mi casa.
Fel. ¡Cielos I
led, :Qué escucho!! .
Isa. Vizconde , esta es la liare de mi papelera; estiecde una libranza de un año de pensión contra mi banquero.
Fed. ¿Piensa usted , señora , que puedo segnir aceptando sus farores?
Fel. (5a/o.) Calle usted.
Isa. Matilde , entra en tu cuarto: Felipe, ten conmigo.
Fel. Señora, hágase usted cargo...
Isa. Ni una sola palabra quiero oír sobre este particular, {f^áse.)
Fed. ¡Infeliz de mi! Ya está fijada mi suerte: enhorabuena. ¿Qué importa? ¿No estaba ya decidido? Todo e\ mundo es mi patria ; sí, corranos á disponer la marcha. ¡ Ah ! \ No he podido hablarla! ¡Matilde! ¡Matilde! Partiré:, pero ya que dejo esta casa para siempre « ya que no he de voWer á verte, tú sabrás al menos mis •eatiraientos; tú conocerás el sacrificio que bago por tí.