No más mostrador, comedia original en cinco actos; representada por primera vez en el Teatro de la Cruz el dia 29 de abril de 1831 · Capítulo real 8 de 20
ESCENA XVII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ESCENA XVII
Dkrmod. (Abre de repente la verja , pero no da un solo paso.)
Un hombre asesinado en la casa de mi enemigo ! Ob.s«;rvemos. (Se ipiedn junto á la verja. Jorge y Mau~
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riéio salen del pabellón. Casi al mismo tiempo acude corriendo toda la familia ; JDillon detrás de Maria.) v.-; < ESCENA XVIII.
DitxON , Ana' , • Eduardo , Isabel , Jorge , Mauricio, í María t Dkrmod.
Jor. y Mau. {Salen dando un' gt^o de espanto.) Ah !
Jor. Es el señorito! ■
Dill. {Precipitándose en el pabelton.} tJn asesinato! En mi casa !
Jor. (Oponiéndose al paso de Ana , que acude con Eduardo.) Ah ! Señora , no os acerquéis , yo os lo suplico... Retiraos!
j4na. Yo no? Por qué ?
'Isab. {Llegando la última.) Madre mía , madre mia, ''^•Uni hermano no está en su cuarto.
Ana. {A quien fados tratan de contener.) Mi hijo ! Ah!
"i'Dejadn^e , dejadme! (Corre hacia el pabellón , pero al llegar sale DIlion en un desorden espantoso. Al verle se detiene , jr da un gritó de horror adivinan^' do su desgracia en los ojos de su esposo.) Ah ! Mi hijo ya no existe ! (Cae desmajada en los brazos de
• "iforge ; Eduardo la sostiene.)
JSíi¿. (Queriendo -entrar.) Hermano mió ! (Corre fiácia ^"'el pabellón ; Dillon la contiene cogiéndola un brazo. Consternación general. Dermod da algunos pasos , lo observa iodo , y cae el telan al completarse este cuadro final.)
\CTO SEGUIDO.
El teatro representa un vestíbulo que da sobre un jardín, en el cual se ve el j)abellon doude ha perecido el jóvan Dillon. Se conoce que eita decoración es correlativa á la piimera, y yue lá puerta del fondo del vestíbulo es la misma cuya fachada esterior se ha visto en el primer acto. A derecha é izquierda , en los segundos v terceros ba<;tidores, puertas de distintas habitaciones. Una lámpara de varios mecheros, colgada de la bóveda, alumbra todo el interior del vestíbulo; el esterior esta su— ■mcrgido en la oscuridad, ó solo iluminado por una lux azulada, efecto de la luna. Un sillón , un velador v una mesa.
DiiLON, SI" .MVGER , is.\B¿L Y Matíí.k- (yál levantarse el tetón ya están todos en escena. Dillon en pie delante de una de las puertas laterales , y mirando con inffuietud fuicia el fondo, parece estar allí para impedir que entre nadie en el gabinete. Al otro lado Ana está tendida sobre un sillón , Isabel d sus pies , y Marín le da á oler varios espíritus que Iiay sobre el velador inmediato.)
Dill. Me estremece el ra.is leve ruido que interrumpe el .Mlencio aumentando el horror de e^ta funesta noche. Si algnien de^e la muralla ó desde las casas vecinas nos hubie.se visto transportar aqui el cuerpo de naestro desgraciado hijo, ¡ahí éramos prdidos! (Ana ha - re un moiimienln de espanto) Silencio! (Llegándose d tila) Querida esposa , y íií, hija mia , eii nom-
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bre del cielo sofocad vuestros sollozos, ahogad los gritos de vuestro dolor; temblemos si inspiramos la menor sospecha. Ah ! Ignoráis que una ley severa condena á ser espuesto en un cadalso el cuerpo del infeliz que se ha suicidado ?
Ana. {Levantándose.) Es posible ?
Isab. Padre mió !
mu. Su cadáver sangriento es entregado al verdugo, ultrajado por un populacho bárbaro y furioso, arrastrado ignominiosamente y arrojado lejos de la ciudad, privado ademas de la sepultura.
Ana. Hijo mió !
Dill. Salvemos á lo menos , salvemos de esos horrores los restos de nuestro hijo , ocultemos su muerte , y esforcémonos, por un esceso de amor, á triunfar de la naturaleza.
Ana. Sí , sí , esposo mió : silencio ! No lloremos mas. {Procura contener las lágrimas.)
Mar. Pobre madre ! Qué desgracia , Dios mió , que desgracia ! {Jorge entra por el fondo con una linterna en la mano , da algunos pasos , se detiene, escucha , y parece lleno de temor.)
Jsab. Aqui está Jorge.
Dichos y Jorge.
Dill. Y bien , Jorge ? -
Jor. Ya son las dos ; no metáis ruido ; en medio del silencio de la noche, el menor movimiento podria despertar á los vecinos. {Deja su linterna en el suelo.)
DilL Pudo salir Eduardo sin ser visto ?
Jor. Sí señor. Lo primero que hice fue entreabrir con mucho tiento la puerta de la calle, y tapando mi
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linterna , asegurarme de que no pa«aba una alma al mismo tiempo. Entonces el señor Eduardo y Mauricio se fueron escurriendo á lo lar^o de la tapia ; nadie puede haberlos visto. (^Ana é Isabel le miran con asombro.)
Mar. {A su padre.) A qué ha salido Mauricio?
Jor. (Enfadado.) A «pié ? A acompañar á su amo... de noche !
liab. Eduardo nos ha dejado, padre mió!
Ana. Y en unos momentos fan terribles; !
Din. Ahí No le culpéis; es un modelo de amistad: le
he suplicado que fuese á verse con algún sacerdote
de nuestro culto, y que acordase con él sigilosamen—
' te los medios de poder dar sepultura en secreto a nnes-
tro hijo.
Jpr. Y para qae el señor Eduardo y Mauricio puetlan entrar sin tener que llamar, lo cual sería peligroso, he -dado á cada uno una llave, y al volverme he apagado las luces y cerrado las ventanas de todas las piezas que dan á la calle ; hasta ahora todo está tranquilo eu el barrio. (Aparte á Uilinn.) Querido amo¿ mientras que vuelve el señor Eduardo, os suplico que os alejéis de este sitio; la vista de eie gabinete es demasiado penosa para vos y para la señora.
Dill. Paradla, sí, Jorge; pero en cnanto k mífja debo... , ■• ■_ ' ) •-'
Jor. Nosotros nos quedaremos' aqili; MaVÍa fjo éñmpliremos con tan triste deber ! Obligad á las señoras á que hagan por descansar! ' • '
■OUl. {A su muger.) Ana , Jorge me dice qué sería mas
prudente retirarnos á nuestra habitación. Ana. Por Dios I Yo te lo snplico.j. déjami* al Jado de mi hij<f! Demasiado pronto .. {Sr (iít-i];e firicla el galfinete.y Dill. {Deteniéndola) No , querida esposa ; ese espec-
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táeulo es demasiado doloroso ! {Hace señas d los demas para que le ayuden.) Isabel... Isab. {Cogiendo la mano de su madre.) Os lo suplicamos , madre mia; venid, venid á vuestro aposento. {Dillon é Isabel se llevan no sin trabajo , á Ana\ Jorge se une á ellos para obligarla á retirarse.)
JoKGE , Mar/a , y poco después Mauricio. {Luego que Ana , su marido y su hija se han enlazado ^ Jorge corre hacia el jardin , como si se , le \hu^iet^i olvidado alguna cosa.)
Mar. {Corriendo detrás de él.) Padre, padre ! Ah !'No, no os vais á estas horas; no me dejéis sqla. ■ ;;
Jor Y por qué no ? Es preciso ir á observar lo que pasa por fuera.
Mar. Ay ! No , no , padre mió ; quedaos aqui , ó me voy yo con vos; tengo tanto miedo!...
Jor. Vamos, niña, es cosa de que... {Alto.) Chito! (Mauricio aparece en el fondo.)
Mar. Dios mió ! Q,ué. es aquello ?
Mau. {En el. fondo.) Chis!
Jor. Eh?
Mar. Llaman !
Mau. {A media voz.) Señor Jorge , estáis por ahí ?
Mar. Ah! Es Mauricio i
Jar. Mauricio!
Mar. Ven, ven... Aqui^ -estamos.
Jor. Y bien , Mauricio , qué hace tu amo ? Qué noticias nos tra,es ?
Mau. Nada bueno , señor Jorge. Si supierais !...
Los dos. Qué ?
Mau. Pobre señor Dillon ! Solo un milagro de la Proyidencia le puede salvar !
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Mar. Qué dices ?
Jor. Qué se sabe ya por la ciudad ?...
Mau. Si se sabe , eh ? Canario ! Todito... Qué digo ? Todo? De otra cosa se trata , pardiez !
Los dos- De qué ?
.IfíM/. No corre mas que una voz por todo Dublin ! Dicen que el muchacho ha sido asesinado \
Los dos. Asesinado !
Mau. Asesinado...
Jor. Pues qué, no hay mas qne... Y por quién ?
Mar. Sí , por quién ?
Mau. Por quién , eh ? Mientras tanto ^ ya conocéis <jue an asesinato cometido en una casa cerrada , de noche... Señor Jorge, somos perdidos, somos perdidos! (5* oje un rumor confuso jr lejano.)
Mar. Ay Dios mió !
Jar. Parece que se oyen voces alrededor de casa. (^Marta corre á escucJiar al fondo.)
Mau. Llamripos al señor 9illon !
Jor. Aguarda... A qué alarmar todavía á todo el mundo?
Mar. {Desde el fondo.) Oigo gente correr por la calle. Ah ! Alguien entra I
Jor. y Mau. i Entran !
Mar. Tranquilizaos... Es el señor Edaardo !
Jar. Ahora sabremos... {^Eduardo entra precipitadamente.')
Dichos t Edua&oo.
Kdu. (Con la mayor turbación.) Jorge! María! Dónde está el señor Diilon ? Mar. Señor Eduardo, qaé cara tan asustada traéis! Kdu. Os pregunto dónde está vuestro amo. /
Mar. En el caarto de la señor.i con la señorita.
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Kdu. No sabe todavía ?... No, ya lo veo. Santo Dios! Codiré r... .,' ,
Jor. CÁmOy señor Eduardo , será cierto lo qrle acaba de decirnos Mauricio ? Se cree que el señorito ha sido muerto violentamente ?
i'cíi/. Sí , amigos. Dichosos nosotros si no pasáii las conjeturas que sé' forman de tan horrible suposición ! Pero acusar...
Todos. A quién ?
Edu. Amigos mios, vosotros tenéis cariño á vuestro amo ; si se viese en peligro de perder la vida , haríais todo lo posible por salvarle?
Mar. Sí señor j sí , todo lo arrostraríamos.
Jor. Mi amo en peligro! " < ''' ''
Edu. Pues bien; Jorge , María , es preciso ayudarme por todos los medios posibles.
Jor. Pero á qué ?
Edu. No hay que perder tiempo ! Tú, Mairía , "enir a y procura con cautela sacaí:, aqui a Isabel;' es -preciso que yo la hable.
JJfar. Sí señor. ' ' .
Edu. Vos, Jorge , colocaos en lá' puerta' de la calle: tóucho me temo que haya un motih.'Si él trb^lse att^ mentase avisadme. i!.-: I . •. .
Jor. Entiendo. ''
Edu. Tú, Mauricio, sal de casa, corre á las casas consistoriales, observa cuanto suceda, y vuelve á avisarme.
Mau. Allá voy.
Edu. Andad, amigos, andad; quiera el cielo proteger mis designios ! {Los tres salen , Jorge y Mauricio jjor el fondo y María por un lado.)
U7)
íES^E^NA V.
, f DUAMM).
Acusar á un padre de la muerte i^e sa b^jo f O^^el pre-r vención... funesta y bárbara ignorancia, esios sOn tu5 efectos. Por tí lo& hombres, los; hermanos, los hijos de:un mismo Dios arden en el desea de derramar su sangre ! Y hombi^qs perversos, moustruoa execrables provocan estos odios insensatos ! Y combatiendo con estas armas saíjrílegas , encuentran^ómpUces cjue ensalcen sus delitos 1 Desgraciado: Dillon ¡..Sesenta anos de virtudes y una vida entera^ irreprcnsiblf; no . ha.9^^ á salvarte... Eres católico , y., una ^U..:pala- ^,J^^ tfjh* proacrital iílfoffa trae £(i^ig9^,^\Isab4l )
í^.PtfíA y}- 'n -ib ncbum s Eduardo, María é Is.%bjú^! ,.im,^
Mar. Sí señora, él es : el señor Eduardo es quiei;i quiere hablaros.
Jsab. Eduardo !
Edu. Ah , querida Isabel!
Isab. Amigo mío, porqué oorntrais á yer;á mi madre?
Os aguarda con tanta impaciencia! Att,!:,y^¥clf- vos
\.af:^ el único que podéis reanin^ar 4;.PÜs, pad**^.» ^
_ inspirarlpa algnn v^iqr, ., . , ,,■, ,j,, .1
]^t^u, ^]^yin valor! Ah,!j5abél, cuánto n^esit^n ! Estais muy lejos, de figuraros, la enormidad del peligro qut amenaza á y^iQstfp p^^e.
J$a^. A mi padre ? , \ .,
Kdu. Si, los gritos de un popalacho furioso no fuesen á instruiros dentro de poco »le tau horrible NriU.""! , of
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sería imposible, creerme : yo mismo dudo aun si mis sentidos me han engañado. Ali! Isabel , el odio es el rencor sin duda quien busca, quien reclama una víctima, porque no está en la naturaleza el acusar á un padre del asesinato de su hijo.
Isab. Cielos! Qné decis? " '
Mar. El seiior'Dillon' ?..!'' '''
JEdu. Isabel!- La ternura' 4e vuestra alma, lá'ínocén- €Ía de vuestro corazón , vuestra juventud, y sobre todo la prlidfcHcia de vueít ros padres, ha corrido hasta est« dia un velo entre, vos y las preocupaciones crueles de los hórribrés ! Nunca habéis sabido hasta qué estremo- puede llevar la prevención y la injusticia «na imaginación éistravíada' y privada de la lufc de' la verdadera 'religión' ? Nunca os habéis figurado siquiera á qué 'iii justicias puede arrastrar el error? Os estremecéis ! Sí , Isabel ; se dice que vuestro hermano iba á mudar de religión , y acusan á vuestro padre de haberle inmolado.
Isab. Santo Dios !
Edu. Sí, Dios... solo á Dios se puede invocar contra tan horrible suposición.' '' ' ' • • ■< >•
/sai. Un padre inmolar á su hijo! Eduardíj ,' íék jjíosible semejante crimen? imiii».-! .\\v..\
Edu. No, Isabel. .■■,...
Jsab. Pues bien ^ mi padre se' jtiitSficará.
Edu. Es perdid(y'si tío conseghini¿S libíarle de sus acusadores, de sus jueces, del populacho de esta' ciudad. Yo he contado con vuestro 'cariño, t;on Viiiísti'O H^alor, c6ñ él'ihiperio que os ffa el amor 'dé' Vuesíífoi padres para salvarlos de la fihTma desdichil.'" '"^^
Isab. Sí, Eduardo; hablad : qué' hay quehacer?"'''
Edu. Es preciso convencer á vuestro padre para '^e abandone su (:asa , que huya , que salga de Dublili.
Isab. Durante la noche ?
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Edu. Al momento; pero al mismo tiempo que unamos nuestros esfuerzos para llevarle lejos de aqui, respetemos el corazón de un padre; que no sepa nunca que, se le acusa de un parricidio ; no tendria valor para resistir á tan horrible acusación.
Isab. Oh! No, no, que lo ignore... mi madre sobr.- todo! Eduardo, cuánto me conmueve vuestro amor á mi familia !
Edu- Vamos, Isabel, no perdamos- uu instante.
Jsab. Venid. (Van á entrarse en las habiiacinnes , pero de repente se njre una confusa vocería , jr se detienen espantados.) '
Edu. é Isab. Santo cielo ! {Jorge lle¡;d corriendo con el Ttiajor espanto.)
DlCHOS' Y JORG¿.
Jor Ah ! Señor Eduatdo , • somos perdidos.
Edu. Qué hay ? '
Jor. La calle se llena de gente que se agolpa á nuestra puerta; todos hablan y se agitan. Alli es.. SÍ... no... si señor... en casa del señor Dillon... repiten mil voces confusas. En fin, todo anuncia una catástrofe, v no estrañar^ que dentro de poco nos okligrteta á abrir las puertas.' ''^ ^'
Tsnb. Qnv sería entonces de nosotros?
Edu. 'No , no se atreverán antes de la venida de los magistrados ; podemos aprovecharnos ' de ese mismo desorden ; pero es preciso darnos prisa. {JSe oyen dt' repente grandes voces , y el' ruido de varios vidrios ratos como á pedradas. Todtts dan un grito de eépanto) V .V
Edu. Isabel, por Dios, couKTvad vneslro valor... Yo
(40),
cOTTf^i.,. (Se.qx!^ ruido también en las habitaciones.) Isab. {Deteniendo á Eduardo.) Deteneos. {Dillon y >su muger (ntrq/i, precipitadamente.)
'E§e^rÍA..v«í, . ,. ..,,,,,.,^
••;«>;í.'í; >i onp ,i.íi ,•»/! ! il< > «dutl; ., Dichos, DitiON i Altík,!.) .oí.Tr.nía
! i ilflíK.'S
Dill. Sanio Dios! Qué tumulto es e&e? ■ uvV .v.A
Ana. {Corriendo hacia /sa6e7.) Hija, mk» !;:,.. , o-.^A
¿"di/. {Precipitándose hacia DUlon , que al par^scer quiere salir.) Deteneos ; que no os vean.
^im^^jySu muger. 'EÁVL&rá.ol
Edu. é. Isab. Silencio! i ,v
Jor. Querido amo ! Somos perdidos.
Ana. {A su e,s/?oso.) Roí^erlo ,'.>np entregues á nuestro hijo. '
Dill. Entregar á mi hijo , nnnc» í, {Se oyen golpes fuertes afuera.)
■Mar. {Entrando) Señor , seuor , qjiieren echar las. puertas abajo, quieren romper las vejitanas. {Se oy^tf. gritos , del populadlo. El espuntft de la famHia,>d^, pUlon llega á su colmo-; cada cufil parece buscar un medio de salvarse. De repente suena un estrépito espantoso de ventanas forzadas y vidrieras hedías pedazos. Todos dan un grito df horror» Ana se arroja en los brazos de su esposo ; Isabel Sf,ia.mpara de Eduardo ; María cae sobre una silla,; Jorr ge perrna.hece en el fondo. Momentos de sileneio.J^Of dos escuchan con la mayor zozobran el f!^i4A^va disminuyendo.) ■■ • !•• 'i-.
Jor. Parece que se alejan. {Se oye el ruido de las armas de los soldados, que se suponen llegar hasta la puerta y dispersar la multitud. María se levanta y se acerca d su padre.) ' "'
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Mar- {Escuchando.) Sí, sí; traQqailizaos ,. señor -. oigo pisadas que parecen de soldados.
Todos. Soldados! ; - . -i -
Mar. Si-.- Y una vo* ha gritajdei y ré/i rao*,.. {Escucha.') Sí... retiraos dicen.
Din. Ya no hay remedio ; es púhlica nuestra desgracia. Eduardo , habéis visto, á aquel sugeto. T Nos puede quedar alguna esperanza? . ' : /
Edu. No, amigo mío; ninguna: vuestra desgracia,. lia llegado al colmo ^ y sobreptija .todo lo que la imaginación mas exaltada puede llegar á temer. No sé qué voz, qué espíritu infernal". empeüada en vuestra perdición ha revelado la mueJ-,te de vuestro hijo. El odio, 1^ ignorancia, el fanatismo, el furor la han pintado al momento con el mas negro colorido ;' se. han supuesto las circunstancias mas atroces. .Lostaiagisvtrados están instruidos, y reunidos ya eii las casa» consistoriales se disponen á daro.s el golpe mas Sensible.
Dill. Los magistrados lo sabei^! 3a^ta, Eduardo, basta, cierta es nuestra perdición. Sí, todo el, oprobio que puede humillar á los hombres va á recaer sobre n* anciano, sobre una madre, sobre una hija inocpjote. Crueles! Pond rái^ efi im cadalso el cuerpo de mi hijp, y harán apurar las heces de la ignominia á una familia espjraikte! Será preciso abandonarlo todo, amigps,.pa%- rienles, patria... Sexá forzoso huir, é ir á esconderá un desierto nuestra vergüenza, nuestra, miseria y nurstro dolor. ^,^^
Jidu. Ah !,íí i aim .pocéis sospechan^.., .,«».
Isab. Eduardo!...
Edu- Sí, amigos raios, es pr^iso huir; no os queda otro recurso.. Unid; mi .familia oiioírece un asilo ea Edimburgo; yo misitio os conduciré á sos brazos, y nape* os abandonaré. Soy vuestro hijo, soy el espo.v> de Isabel; nuestra suerte será una misma. Venid, amigo.
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■ :"-veiiid... Padre mió, favorecido por las tinieblas, aun podréis escaparos por entre la muchedumbre, ó bien por la muralla. Sí ; hasta ahora no se puedte haber dado ninguna orden. Vtnid, probaremos estte ultimo arbitrio. ...i-i!,» .. .v^ ,"v\ k ; ...,-
Isab: Síy querido padre,: venid. ''itasi xt.d "¡t n'f .W ,'•
l>i7/. Qué. hacéis, hijos mios ? Y tói íS<Ji9*íí ?,'>&•><'." I'!
JEdu. No os abandonará. .';-•. r.iivJr.-^-ti.u
Ana. Y porqué hemos de salir de ésta casa? Quie'n cuidará del cuerpo de mi hijo ? Quién implorará la piedad de los magistrados? ■ '; : t>! ,iií /o •
J-or.. f Mar. Nosotros,' señoí«,nbá<)*í¿S;
j£¿M. Acordaos de que pü^Etíen privaros dé' la libertad, y separaros para siempre de vuesti^ ospóHó:^'
Ana. De mi esposo! ' ' ' ' " ' "i'
J)ill. Pero, Eduardo... ' -i
Edu. En nombre de lo que mas amci*, ceded ámis ruegos.
Isab. Padre mió, si me ámais , si tenéis cóiHpasion de ■ mi suerte , déjaos llevar por Eduardo'. ^
Dill. Queréis.!.' oí 4 /th .ü. i i .v.7 r.nl¿-iym i.»
Istib., Edü., Jof: f «foM"(Coi* ÍI^7iaffíW"/trwr.) Os lo suplicamos. •<'' , > !• •'■ '.í>u-m!.v. ,<\
Ana. {Sorprendida.) CórúoTTodoi..
Dill. Qué misterio! ■
JEdu. Un solo instante' puede completar vuestra ruina.
Ana. Su ruina! (A Isabél.)VeTO qué, t^ríre tu padre
"tiáífeun'otro riesgo? '^'i* .>;xt<' ",mv f 'i ts-rvii .
Jsab. Sí , madre mia , $í... Va*en ello su vida.
Ana. Su vida ! Marchemos, marchemos. {Se oyen pasos precipitados.)
JEdu. Silencio!...
Jtfttt/: '(/?e/i<ro.) Señor Drllon ! Señor Dillon !
jtítfK" Este es Mauricio. '
-h • n ■-. , ojid u-í '
.« í '' .» fü'.iut 6M"
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Dichos y MAuaiao.
Mau. Señor Drllon ! Ah ! estáis aquí... Gracias á Dios! No puedo mas... he...
Edu. Y bien , qué ?
Mau. Señor Dillon, vienen á prenderos.
Todos. A prenderle! '
Dill. A mí? •
Mau. Toda la justicia viene detrás de mí. Oh ! y hay justicia en Dublin, hay justicia... Eso estremece. {Consternación general.)
Edu. Tan pronto !
Mau. Y el mismo señor diputado de la corona en persona, estaba en el consejo deliberando asunto de lá mayor importancia , y el ruido del motin le hacé.tjl^
• mar cartas en el juego. i^»^
Isab. Dios niio ! ■■■ji^:í ..-■
Mau. Con que asi, ya podéis cerrar y atrancar bien lai
' paertas. '"^
Mdá. Querido amigo , es preciso tratar de salir de aquí á
••"toda iíosta.. ■ ' ' '»' "' = ■'
Isab. Sil
Mbu. Salflr? Qué! Por donde? Toda lá casa está rodeada de soldados... Ahora mismo, delante de tní , aca-
"''ban de dar orden de no dejar salit- á nadie.
Eda. Ya lis tarde !
fíttb. Quf tVa á s«-r de el !
;fór. Pobrr señor! ^'Aha. Qué hacemos?
Dill. {Con serenidad.) Resignémonos S la vohhrtad del Sí'ñor , y roguémosle que se digne ablandar rii favb^ «le mi hijo el coraron de los magistrados. {Se ojen varios golpes.)
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Una voz. {^Dentro.) En nombre del diputado de la corona , abrid. {Movimiento general de espanto!)
Dill. Jorge , ves á abrir la verja del jardin. {Jorge vacila jr mira á Eduardo que íe dice que no con la ca-
' bfzfi. Jsabél estfí.^umfirgida en' la WPáj'^r:. desesperación. Ana parece tratar de adivinar, por quién debe temblar.) . ; i- ,■ ■ '
Din. {Después de un momento de st/£/í|c:;i().)iAhdad, Jorge, andad; es forzoso obedecer. ' ! . ! ;: ■, . /
Jor. {Mirando á Eduardo.) Es forzoso... Querido amo,.. ., ,Voy. {Sale consterne/^Q-) ." ■•
Dichos^ menqs JqrókI' ','■',
Isah {A . Eduardo en voz baja.) £d,qar^ ^-$erá, pre-
.ciso instruir á mi padre?; , >rrr: i, .1 .
Edu. {A Isabel en voz baja.) Ab ! Tal vfizjij^-.se: atreverán á acusarle... Esperemos. ' j,¡,,, ¿^^¡(1 ^,;
Isab. EíSperemos. ,,;t)'. . <.\ I»»; 1/ ,»>•.;• •>uii íuO .vn
Din. Ana , valor ! Nuestro hijo fué culpable, al; disponer de una vida que el cielo le habia dado; perpnosotroa somos inocentes. Por grande que sea la prevención que puede existir contra nosotros, no hay corazón tan empedernido que pue^a resistir al espectáculo que va á presentarse á Ips ojq^ de los jueces. {Abre el gabinete.) Alli, el puerpo frió de un jóve^, la esperanza y el objeto del amor de su familia..* A sus pies, «na madre, una hermana suplicándoles que resper; ten estos restos preciosos , y que no mai^quen en oprobio los últimos años de un anciano ! Si permanecieren insensibles , el mismo Dios se ofendería de 911 dureza.
lígb. (//orrori .sacia.) Ya e,.stan aqui ! Madre mia ! {Se ,q.cr.rca á ella.) ., ,,, ., i .,¡) ,,, .-¡o-» i> . >.: :. ■
Ana. Mis fuerzas y mi valor me van^á abandonar.
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' ESCENA XK-i»^->í-) •
Dittos, Aká , Etdüardo , DermoiS , Usisét, Lorü diputado, Jorge, Mari a, Algüacices, Mauricio, do4- Cirujanos , Escribatsos etc. y guardias. {Jorge entra el primero , enseñándoles el camino-. Siguenle dos hombres ton hachones encendidos y los soldados que se colocan en el fondo. En seguida los alguaciles , el escribano , dos jueces y dos cirujanos. Dermod se ha entrado confundido entre todos, y está en observación entre algunos grupos: El lord diputado aparece el último, entra con viveza , y se detiene en medio del vestíbulo. Ana y su hija sh arrojan á sus pies ; Jorge, Mauricio y Maria se inclinan respetuosamente. Dillon, inmediato al gabinete , señala la puerta abierta. Dermod , en el fondo , imitando el ademan de Dillon, señala también el gabinete á los jueces. El lord diputado dirige á todo el mundo una mirada seeera. Eduardo se mantiene al lado de Ana y su hija , dispuesto á levantarlas.)
Dill. Señor, no tratamos de disfrazar la verdad, 'mi hijo no existe; tien hubiera querido ocultar su xírti. meii ; la naturaleza, mi ternura paternal lo exilian asi de mí. No creo que haya en el mundo un solo padre que me condene... Mirada vnestras plantas auna familia sumida en la desesperación, cuyo honor, cuya suerte futura va á depender de vuestra humanidad.
lórt/; (A Ids Señoras) Alzad señoras. (Eduardo las ■ ayuda d levantarse) {A Dillon.) De un mag^trado no debéis esperar sino justicia, ni otra cosa de las leyes qne el castigo del crimen.
^JUill Del crimen ! .\h ! Señor , no está bastante espiadi»?
'línrd. Es preciso qne á la sociedad se la dé una satis-
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facción (^ los cirujanos.) Señores , entrad en osa habitación... (Señala- el gabinete.) Registrad el cuerpo del desgraciado que ha dejado de existir, y dad vueJítro informe arreglado á la verdad, (yinu hace un movimiento como para dirigirse al gabinete,) Señora quedaos aqui. {Los cirujanos , precedidos de algunos soldados, entran en el gabinete: en seguida un jue- se adelanta como para recibir instrucciones del lord diputado ; este le hace señal de que aguarde y se vuelve hacia Billón.) Entregad al señor todas las llaves de vuestra casa, y las de los muebles donde tengáis vuestros papeles. ¿ill. A qué fin, señor ? Ninguna relación tiene esa orden con el suceso que os trae á mi casa. Lord. Obedeced. ' ^ i n ,
Bill. Jorge, mi antiguo criado, os entregara las llaves, hace veinte años que es el dnico depositario de ellas. Lord iAl juez) Ya tenéis mis instrucciones; acompañad áese hombre. {A Jorge.) Vos, guiad al señor. V eiecutad sin rcfpüca cuanto os prescriba. Jar Perdón , señor diputado; pero en casa de mi' amo no puedo recibir órdenes sino de mi amo; si el señor me lo manda... entonces... |,.| .,:, y-A. . >\
Bill. Sí , amigo mió; obedeced á lo6 wgistr^o,, . jTcr Basta... {Al juez.) Espero vuestras o.rdenes {En consecuencia de la orden del lord diputado el juez, dos soldados../ Jorge delante, salen por la puerta que da á las habitaciones. Buranle esta salida. ; aue ha causado unr movimiento general . se coloca una mesa, á que se sienta un escribano , y un juez ', se queda á su lado en pie. como para dictarle. "Eduardo hace sentar d Ana en un f ^-/^«^^^' María . Mauricio y él se quedan á su alrededor: Billón está al otro lado. Los dos criados que traían hachones los han apagado; dos soldados quedan a
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¡a puerta del gabinete. Dermod se va aproximando poco d poco al lord diputado.)
Dichos, menos Jorge , los Cirujanos, el Jókz jr los soldados- {Otro juez ó asesor entrega al diputado un papel desdoblado ; este le recorre dando algunos pasos hacia adelante.)
Dill. Cuáles son , señor , vuestras intenciones acerca de mí y *1p nii familia ? No parece sino que hemos cometido alguna acción culpable.
Lord. Elso vos lo sabréis. (^Eduardo é Isabel le arrojan una mirada llena de horror.) Tened la bondad (^Después . de registrar el .papel que tiene en la mano.) de responder á las preguntas que voy ¿ haceros. No es cierto que solia vuestro hijo pasar faera de casa la mayor parte del día ? , .■..i¡. ,
Dill. Sí señor.
Lord. Y salió ayer? No señor; no se separó de nosotros en todo el dia. (E/ lord hace sena al juez que está cerca de la mesa , j este al escribano para que escriba ; á cada respuesta de importancia se repite el mismo juego escénico.)
lA)rd. Recibisteis gentes por la noche? A qué hora se retiró la concurrencia ?
Dill. A las nueve.
Lord. Y á qué hora murió vuestro hijo ?
Dill. Mi hijo! Ah ! Creo que fué hacia la misma hora.
Dird. Estabais entonces con vuestra sociedad ?
Dill. Sí señor ; toda la familia se levantó para despedir á las gentes.
Ana. Querido, te equivocas... Nuestro hijo no eslaJba entonces ron nosotros.
Dill Cierto, perdonad.. Estoy tan turbado!...
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Lord. {Al juez.) Notad qoe se contradicen.
Edu. Cómo, Milérd... «n padre abrumado por el do-
lor, pued; tener presentes hasta las mas mmimas cr-
cunstancias del horroroso acontecimiento que le ha
privado de su hijo ? Habéis -^ado acaso que trate .
r de engañaros? Qué consecuencia podéis deducir de tan
iolT'Sl^lrcarilero, que yo soy -f;];^!;^^^^ tenoo derecho para hacer preguntas? (A Bdlon.) , En^dóude decís que ha perecido vuestro hi,o ?
Bill {Señalando.) Alli, en aquel pabellón.
l„rd Y dónde dabais YXiestra función?
~ ote en que vuestra tertulia se recoje, y
1 que vos estabais delante de ese pabellón., en- fin, ' Ip^ra vuestro hijo casi á vuestra vista ? Y queréis 7Ln.r^..loi,.or^h.is. {Dermod s. acerca y habla ^l oido al lord diputado) n;?; Nada hav mas. cierto señor.
" '■ SVi'- ■1-°""» criados fueron tos que „o» ^ ...unciaron .»« »orroroso aco,uec,»,>e...
mo espantada) , / ^ T^r,hél v Eduar-
iTA.. ÍA María) Qué tienes ? {Ana ; Isabel y J^auai irniraná Maria con asomWo. El diputado no ha domuan a Ma ^^ -^^^^ en escuchar
7^or;::ZrLso ..... .. - r.spue.as
^^T7^aTií:"^^^'^^^^-^'
putado!
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y4na. Dermod ! Qué vendrá á hacer aqui ?.. María, mira si puedes avisárselo á mi esposo ! Mar. Dejadme á mí. {Se hace un poco atrás procurando no ser vista ; pero Dermod la sorprende , y se lo luice reparar al lord diputado.) Lord, {y^ María.) Quién sois vos ? Mar {Temblando.) Yo ! Yo, señor... yo me llamo María, soy la hija de Jorge, y la novia de Mauricio... V... y la criada de la casa. íord. Y á dónde ibais?
Mar. SeSor... iba... {Ana , Isabel y Eduardo procuran luiccrla senas para que calle.) ¡jnrd. {Reparándolo.) Dejadla hablar , señora : Maria,
respondedme y decidme l.i verdad. Mar. Pardiez I Iba á decir á mi amo que se anduviese
con cuidado. Lord. Con cuidado ! Por qué ? .1/or. Porque... porque eslá ahi el seRor Dermod. jAtrd. Está bien ! {María vuelve atrás.) JJer. Ya lo oís , milord. {Todos están asombrados , esctpto Isabel y Eduardo y cuyo liorror se aumenta. Los cirujanos salen del gabinete , y se fija sobre ellos la oierKÍon general.)
Dichos , los Cirujanos , y pocí» después JovÍgf. , el ^\:a. y los soldados que salieron anteriormettte {Kl jiiCi entrega el reconocimiento firmado por ¡os ciru- /tinos al lord diputado , quien le lee por lo bajo. Suspcnsion general.)
Ijord. {A los cirujanos.) Señore.*, .vmios »le un misroo parecer : hal>ei.5 verificado ex.irtampnte las circunstancias notadas en la muerte violenta de ese )<»ven ?
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{Responde enn la cabeza afirmativamente.') No queda la menor duda! {Echando d Dillon una mirada seiyera) Qué horror ! {Movimiento general de sorpresa. Jorge , el juez y los soldados entran al mismo tiempo. El juez entrega varios papeles al lord. Jorge se acerca d su amo.)
Jar. {A Dillnn.) Señor, todo lo han registrado, pero en particular el cuarto de vuestro hijo, de cuyos papeles se han apoderado.
t)ill. Ah ! Jorge , mi sorpresa iguala ya á mi dolor !
Lord. {Dando d un juez un fragmento de una car" ta , que este último enseña d Dillon.) Reconocéis en ese fragmento de una carta la letra de vuestro hijo?
Dill. Sí señor ; sí... esta es su letra.
Lord. {A quien el juez ha devuelto el papel.) Oid... Esta prueba es fulminante! {Lee.) **Exigis de mí que renuncie á la religión de mis abuelos... Ah ! Si me dejase llevar de mi inclinación... {La sorpresa y el asom' bro de la familia de Dillon llegan al estremo.) cuan dulce me sería volar á vuestros brazos! Pero ¡ ay ! qué vínculos es preciso romper para formar esos tan deseados ! Y tendré valor para romperlos ?.. No : provocaría la ira de mi padre, y esta ira sería el decreto de mi muerte.*' {Devuelve la carta al juez.)
Ana. De su muerte!
Edu. Infeliz!
Isah. Qué has hecho , hermano mió ? {El lord los observa d todos.)
Ana. {A su esposo.) T^oherlOf comprendes tú ?...
Dill {Al lord.) Cómo ? Señor , mi hijo ha escrito ésas palabras ? A quién ?
Lord. Puerto que insistis en vuestra supuesta ignorancia voy á cerraros todas las salidas. La profunda tristeza que todo ol mundo ha reparado en vuestro hijo, era efecto de nt deseo de abjurar...
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Dili. V su muger. De abjurar ! Lord. Y del miedo , del temor qae le inspirabais. Dill. y su muger. Nosotros 1
Lord. Blsta noche misma debía abjurar. El templo estaba ya abierto, los ministros avisados, todavía arden los candelabros que debian alumbrar esta augusta ceremonia ! Ahora bien , según resulta de vuestra propia confesión no le habéis dejado salir ; á las nueve os quedasteis solo con vuestra familia... y entonces pereció vuestro hijo precisamente cuando se lé estaba esperando ya al pie de los altares! Ese fragmento nos revela el resto del misterio ; y esta declaración , resultado del reconocimiento de las heridas, confirma la idea de que no se ha suicidado. Quien, pues , le ha muerto ? Ana. Santo Dios ! Dill. Quién le ha muerto '. Lord. Vos!
Todos. {Horror liados.) Ah! (Ana se deja caer sobre su asiento ; su hija se cubre la cara ; no pueden ser majares el horror y la consternación^ Dill. Santo cielo! Qué he escuchado? Yo degollar á mi hijo ! {Volviéndose hacia el gabinete.) Oh ! Hijo mío, levántate; ven, ven á responder á los acusadores de tu padre ! Edu. Es posible? Y esa odiosa mentira se ve repetida
en la boca de un magistrado ? Dill. Bárbaro ! Sois padre , y os atrevéis á suponer ese
delito ? X/)rd. Suponerle ! Miserable... Tuvisteis un testigo I Todos. Un testigo !
Lord. {Señalando ú Dermod.) Hele aqui I Todos. Dermod I Dill. y Edu Impostor!
Mau. {Apartando d todo el mundo) Esperad... Sí , sí...
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Toma , cierto , el señor estaba... Me acuerdo de sa vestido... le conozco... Ayer noche le vi detrás de la verja... Todavía estaba allí cuando el seiior Dillon salió del pabellón. Edu. Qué dices ? Lord. Da testimonio.
Mau. Sí señor ; y el señor , que lo ha visto todo ,- puede decir lo mismo que yo cómo ha pasado.
Dill. {A Dermnd.) Ah ! Si eso es cierto , caballero... si fuisteis el amigo de mi desdichado hijo, debéis tener compasión de su padre ! En nombre del cielo decid la verdad í
Der. Oidla, pues. A las nueve salí del templo, donde se esperaba ya á vuestro hijo , y me dirigí á esta casa para llevarle conmigo y conducirle al altar. Lle^o, y oigo á lo lejos gritos y gemidos... Empiezan á agitarme horrorosos presentimientos... Acudo temblando, y apenas llego á la verja, cuando oigo resonar las voces de muerte y asesinato ! Entro. La señora y su hija aparecen y se precipitan hacia ese pabellón; dirijo JO también mis miradas hacia él, y veo salir á Dillon trémulo, pálido, desfigurado: á ^u aspecto todo el mundo se detiene ; y la señora , adivinando en sus facciones el crimen que acaba de cometer, esclama: mi hijo ya no existe! Asombrado entonces de tantos horrores, me apresuré á alejarme de esta guarida del crimen , creyendo que el cielo y que los hombres me mandaban reclamar la venganza : juro no haber dicho una sola palabra que no .sea verdad.
Edu. Miserable ! La calumnia mas atroz no sería tan funesta como tu pérfida verdad. (^Dillon / su rnuger se (/uedan anonadados.)
Lord. Qué podéis responder á eso ?
Díll Nada , señor.
tsab. {Precipitándose en los brazos de su padre.) Pa-
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drc mió ! Os dejaú acasar por ese monstruo ? Ah ! Todos somos testigos de que adorabais en mi hermano.
Jor. , Mar. y Mau. Si , sí señor , todos.
Edu. Milord , no podéis insistir en tan espontosa acusación; la naturaleza os lo prohibe, y ultrajáis al cielo si no la desecháis. Hacéis á los hombres mas feroces que los mismos monstruos de las selvas! Ama el tigre los frutos de su amor , y un padre los degollaria ! Una madre deja ria destrozar el hijo que ha criado en su seno! Una madre, y la mas cariñosa, la mas respetable ! Será posible ? Sesenta años de virtudes nunca desmentidas, la mas inalterable dalzura , el amor de padre mas puro , el mas ardiente, no serán bastantes á librar á un hombre de una sospecha que ultraja á la humanidad, y cuya verdad, si fuese posible, trasfomaria el orden de la naturaleza? No, no es posible... Vos mismo no lo creéis. No podéis creerlo... Ningún magistrado admite semejante delito.
^na. Ah , señor , desechad tan horrible calumnia. (Toda ¡a familia jr los criados tienden sus manos há" cia el lord diputado.)
Jjord. Nada puedo escuchar , ni menos separarme de mi deber. Sois acusado , los hechos hablan ; podéis defenderos en los tribunales. (A su séquito.) Asegúrese al señor y á su familia, y que se traslade el cuerpo de la víctima á las ra.sas consistoriales.
j4na. Santo Dios !
Jsab. Padre mió !
Jor. , Mar. y Mau. {Echándose á los pies del magistrado ) Señor , piedad !
lAird. (A los su^os.) Obedeced. (Los tres criados se levantan sumidos en la mas profunda aflicción. Un juez j varios soldados j otras personas entran en
{S4)
el gabinete. Dillun se. ve al mismo tiempo rodeado de soldados que deben conducirle.) JOill. Querida esposa , hija mia , soy inocente. Tranquilizaos sobre mi suerte. Dios no permitirá que el justo sucumba : empero si tal fuese su voluntad... ¡ah! solóle pido que aparte de vosotras esta prueba cruel. {Las dos se deshacen en lágrimas) Amado Eduardo, vendréis á defenderme ? Edu. Yo juro perecer con vos , ó Justificaros. {El lord diputado y cuantos le acompañan salen. Dillon se coloca él mismo entre sus guardias , jr sale echan - do sobre su familia miradas llenas de amargura y de dolor. Su muger quiere dar algunos pasos para seguir á su esposo , pero al mismo tiempo el juez y los soldados que entraron en el gabinete salen de él: síguenlos dos hombres que llevan el cadáver. A sem^ejante vista , Ana exhala un grito de dolor f apartando la vista^ y el telón cae en el mo~ menta en que los mozos salen del gabinete , y antes que el cuerpo del joven Dillon ofenda la vista de los espectadores.)