Nuevas lecturas · Unidad 2 de 74

Unidad 2 · DOS JUANES 19

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DOS JUANES 19

que el fingido loco cargó sobre sus espaldas: cifra ante la cual se detuvo reverente, por no traspasar el número de los que por amor de los pecadores quiso recibir Nuestro Señor Jesucristo.

Trajéronle en esto un papel de mano del clérigo, con estas solas razones: «Basta ya la opinión de fingida locura para conservar la humildad. Conviene ahora deis á entender que estáis bueno, así por no desacreditar las virtudes que Dios ponga en su alma, como también para que podáis seguirme á Montilla, para donde estoy de camino».

Con lo cual recobró Juan de repente el seso que por su voluntad había perdido, y partióse á Montilla con cédula del mayordomo del hospital, en que su curación completa certificaba.

Recibióle allí amorosamente el clérigo Juan, y túvole consigo largos días ejercitándole en la oración y vencimiento propio. Hasta que al cabo llamóle un día á su recámara muy de mañana, y con grande autoridad le dijo:

— Hermano Juan, cumple que volváis á Granada, donde fuisteis llamado del Señor, y Él, que sabe vuestra intención y deseo, os encaminará el modo como lo habéis de servir... Tenedle siempre delante en todas vuestras cosas, y considerar que os está mirando, y obrad como

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en presencia de tan gran Señor... Y en llegando

á Granada, tomad luego un confesor que sea tal cual yo os he dicho y sea vuestro Padre espiritual, sin cuyo consejo no hagáis cosa que sea de importancia.

Con lo cual y la bendición de aquel santo hombre, tornóse Juan á Granada, flaco, roto, maltratado, descalzo y descubierta la cabeza, sin más norte ni más guía que su llamamiento de Dios y su humildad profundísima.

Cortaba de diario en los montes que cruzaba un hacecillo de leña, y vendíalo por las noches en los lugares de paso, para proveer así el necesario sustento. Hízolo de igual modo á las puertas ya de Granada, y cargado con su haz de leña entróse por la de los Molinos, y fuese derecho á venderlo en la plaza de Bibarrambla.

Conociéronle al punto algunos de los muchos ociosos que allí abundan, y formaron corro en torno, mortificándole con chafalditas y donaires.

— ¿Qué es esto, Juan amigo? — le decían. — ¿Qué os habéis hecho en tanto tiempo? ¿Qué mudanzas son estas? ;Todos los días ha de haber nuevo modo de vivir? ¿Ayer mercader de libros y hoy leñador? ^Cómo os fué con los enfermeros del hospital? ¿-Está bueno el juicio, ó está desocupado aún el cuarto de arriba? Bien