Nuevas lecturas · Unidad 3 de 74

Unidad 3 · DOS JUANES 21

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DOS JUANES 21

lo heis menester, que con eso no tendréis necesidad de alquilar posada.

Y él, sentado sobre su haz de leña, sosegada la voz y el corazón humilde, respondíales en son de chanza:

— Hermanos, este es el juego de Virlimbao: dos galeras y una nao; del cual, cuanto más viereis, menos habéis de entender.

Y con esto volviéronle todos la espalda con desprecio, y pudo él trocar su haz de leña á una morisca del Albaicín por una escudilla de lentejas.

Y pasaron días y días sin que nada indicase á Juan lo que Dios quería de él en Granada. Hasta que una tarde, estando en oración en la catedral ante un cuadro muy devoto que se venera aún en el arco del Sagrario, sintió á deshora un júbilo muy grande y celestial que le subía de lo hondo.

Salióse luego del templo con grandes ímpetus de amor divino y una como ciega confianza de que había de encontrar lo que esperaba, y encontró, en efecto, á los pocos pasos que dio por la calle de Lucena, una casa en que, atada á una reja, se leía esta cédula: Esta casa se alquila para pobres.

Y allí, Excma. Sra., allí fue donde halló Juan lo que esperaba y donde cargó con la cruz que el Niño divino le mostró en la sierra. Porque sin tener blanca en la bolsa, ni esperanza humana de maravedí roñoso, concertó aquella misma tarde con los dueños de la casa el alquiler de ella, ofreciéndose á pagarlo cuando llegara su tiempo.

Y tan segura fué su esperanza, y tan constante su fe, y tan poderoso el auxilio divino, que en dos días alhajó la casa con cuarenta y seis camas de anea, con buenas frazadas y almohadas de lana, y todos los demás enseres que para el cuidado de un enfermo son necesarios.

Salióse luego por calles y plazas en busca de pobres, y á los que podían venir por sus pies, les ayudaba; á los que no, cargábales sobre sus hombros, y no tomó descanso ni se dio punto de reposo hasta que, ocupadas las cuarenta y seis camas y constituido él en enfermero de todos, quedó con esto puesta, á 8 de Noviembre de 1537, la primera piedra de aquella gran religión, alcázar fortísimo de la caridad, gloria de la Iglesia y amparo de los pobres, que se llamó más tarde de los Hermanos tíospitalarios.

Porque aquel pobre Juan de las alpargatas y la caperuza, de la jaula y los azotes, era, Exce-