Nuevas lecturas · Unidad 20 de 74
Unidad 20 · 68 NUEVAS LECTURAS
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68 NUEVAS LECTURAS
— El mejor trances, frailees es.
Distinguióse siempre Mina en todas sus épocas, por la solicitud severa, al par que amorosa, con que cuidaba de sus tropas, como si el soldado hiciese vibrar en su corazón de bronce la prudente severidad de un padre, junto á la blanda ternura de una madre. Duro y hasta cruel para castigar la menor falta de valor ó disciplina, era, por el contrario, indulgente y cariñoso para premiar los trabajos, prevenir las necesidades y remediar las miserias de cuantos militaban á sus órdenes.
Por eso eran grandes sus temores, y su preocupación muy honda, al promediar el mes de Octubre de 1 8 1 1 . Horrible y pavoroso se presentaba en efecto el invierno para los guerrilleros de Navarra. Los fríos arreciaban antes de tiempo, adelantábanse las nieves, y temporales tempranos y lluvias copiosísimas imposibilitaban las marchas y contramarchas, ataques repentinos y falsas huidas, que constituyen la estrategia de las guerrillas y habían de ejecutar aquellos infelices, hambrientos las más de las veces, sin ropa casi, sin abrigo siempre, y dejando con harta frecuencia entre las breñas y asperezas de las montañas, las abarcas de cuero ó las destrozadas alpargatas de esparto, que no podían reponerse.
LAS BORLITAS DE MINA 69
En situación tan crítica y angustiosa recibió aviso Mina de que el mariscal Masena salía de Vitoria por el camino de Irún, conduciendo un convoy de ciento cincuenta carros cargados de aquellos mismos pertrechos de guerra y vestuario que á los guerrilleros navarros faltaban. Escoltaban el convoy mil doscientos franceses de á pie y otros doscientos de á caballo, y conducían además mil cuarenta y dos prisioneros españoles é ingleses, que pensaban internar en Francia.
Se ha comparado, con acierto, la previsión de los grandes generales, á la mirada del águila que, remontándose en pleno día á inmensa altura, ve mil secretos escondidos á los vulgares ojos. Mas la del guerrillero Mina podía mejor compararse al vigilante acecho nocturno de los pájaros de la última escala carnívora que, desde los tejados, desde las cuevas, desde los picachos, torreones, ruinas y bosques, atisban la víctima descuidada y tranquila, para caer sobre ella.
Desde su agujero de Estella, donde á la zazón se hallaba, divisó Mina aquella rica y oportuna presa, y en silencio, sin manifestar á nadie su plan, ni despertar la menor sospecha, lanzóse sobre ella como se lanza la tempestad, que nadie sabe donde va á caer, y no es vista ni oída hasta