Nuevas lecturas · Unidad 21 de 74
Unidad 21 · 7° EVAS LECTURAS
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7° EVAS LECTURAS
que el trueno que espanta y el rayo que aniquila revelan su presencia.
Por fragosas veredas y vericuetos horrendos llegó Mina, en marchas forzadas, hasta el monte Arlaban, en los lindes de Álava y Guipúzcoa, y allí se emboscó á poca distancia de Vitoria. El día 25, muy cerca ya de las ocho, apareció en el camino el primer trozo de la vanguardia francesa, arrogante y desprevenida, por aquella fatua confianza natural de los imperiales, que tan bien supieron explotar los guerrilleros españoles de aquella época.
Dejó Mina pasar libremente la vanguardia, y dejó pasar también el centro, para no alarmar el resto de las fuerzas que custodiaban el convoy. Mas cuando apareció éste, haciendo resonar lentamente las clásicas campanillas, un fuego infernal y horroroso se rompió por derecha é izquierda del camino, con tan extremado acierto y buena puntería, que batida la escolta por completo y no dándose cuartel á nadie, quedaron libres los prisioneros, y en poder de los españoles todo el rico botín que conducía Masena. Retrocedió éste en vergonzosa fuga hasta Vitoria, y retiróse Mina á Zalduendo, lugar distante seis leguas del sitio del ataque. El botín fué tan rico y tan abundantes los despojos, que con ellos surtió Mina á sus guerrilleros de cuan-
LAS BORLITAS DE MINA 7 1
tas prendas de vestuario les faltaban, y aun pudo uniformar de pies á cabeza al antiguo batallón de Odoyle, que era su favorito, por haber sentado en él plaza de soldado en 1808.
Era de ver aquel Napoleón de las guerrillas, como con justicia le ha llamado la historia, aquel fiero Mina, en cuyas heroicas hazañas de entonces se descubría ya el fondo de sanguinaria crueldad que había de hacerle más tarde fusilar á la madre de Cabrera (1), repartiendo por su propia mano en la plaza de Zalduendo mantas y alpargatas á sus cansados guerrilleros, y estirando el faldón de los flamantes casaquines del batallón navarro, para ceñírselos mejor al talle.
Tenía aquello mucho de la orgullosa ternura de la madre que á costa de propios trabajos logra vestir galanamente á su hijo, y no poco también de la vanidosa satisfacción del guerrillero campesino, sin instrucción ni escuela mili-
(1) El fusilamiento de la madre de Cabrera, María Griñó, lo mandó D. Agustín Nogueras, comandante general del bajo Aragón, al brigadier D. Antonio Gaspar Blanco, goberuador de Tortosa. Este se negó á cumplir la orden de Nogueras, y elevóla á consulta del capitán general de Cataluña D. Francisco Espoz y Mina, el cual contestó que se cumpliese la orden de Nogueras y fuese fusilada la inocente y anciana María Griñó. Mina es, por lo tanto, el verdadero responsable de este bárbaro atentado, que manchará siempre su memoria.