Nuevas lecturas · Unidad 22 de 74

Unidad 22 · 72 NT KVAS LECTURAS

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72 NT KVAS LECTURAS

tar, que consigue al cabo verse al frente, no de una partida rota y harapienta, sino de una tropa regular, decente y equipada.

Desparramáronse por todo el lugar los valientes mocetones del batallón navarro, ansiosos de lucir sus uniformes. Consistía éste en un pantalón encarnado sin franjas y un casaquín azul, que remataba por detrás en un pico y en otros dos por delante. De cada una de estas tres puntas pendían otras tantas borlitas rojas, con muy poca gracia dispuestas.

Aquellas inofensivas borlitas produjeron á poco un grave conflicto. Nadie supo dar la razón nunca; mas ya fuese que aquellos toscos montañeses encontraran afeminado el adorno, ya que alguna burla femenil lo hiciese á sus ojos ridículo, ya que su procedencia francesa se lo hiciera antipático y aun odioso, es lo cierto que las borlitas encarnadas desaparecieron como por encanto, y al caer de aquella misma tarde no había ya un solo casaquín con borlas, porque cada uno de los soldados del batallón se había comisionado de cortar las suyas.

Extrañóse Mina del caso, y como lo considerase falta indirecta de disciplina, mandó que no saliese al otro día de su alojamiento ningún soldado navarro, sin llevar en su casaquín las tres borlitas encarnadas.

LAS BORLITAS DE MINA 73

Obedecióse la orden por el pronto; mas no bien hablaron entre sí los navarros é hicieron sus comentarios, tornaron á desaparecer de los casaquines, con igual presteza y eficacia, las tres borlitas encarnadas.

Por dos veces repitió Mina la orden, con paciencia en él inusitada, y por dos veces se cumplió, y por otras dos tornó á desobedecerse; hasta que al cabo, fuera ya de sí el jefe guerrillero, al ver que la falta de disciplina se trocaba en rebelión abierta, intimó por tercera vez la orden bajo pena de muerte, y mandó abrir información sobre aquel ridículo saínete, que amenazaba terminar en drama sangriento.

Nada pudo, sin embargo, averiguarse, sino lo que harto patente resultaba: que á los voluntarios navarros no les gustaban las borlitas, ni querían tampoco llevarlas.

Todavía intentó Mina descubrir por medios indirectos el principal promovedor de aquella infantil rebeldía, deseoso de descargar todo el peso de su ira sobre una sola cabeza.

Mas el espíritu de compañerismo selló todos los labios, y ni ruegos, ni astucias, ni amenazas pudieron arrancar, á aquellos niños con barbas, otra confesión ni otra respuesta, que la de encogerse bruscamente de hombros.

Un cornetilla de quince años fué más explí-