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Unidad 25 · FABLAS DE DUEÑAS 8 1
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FABLAS DE DUEÑAS 8 1
Entróse allí á mano armada el Conde D. Diego Díaz, en la iglesia de San Isidoro, proclamando á las Infantas, y el Obispo D. Rodrigo y otros caballeros hiciéronse fuertes en la Catedral á los gritos de ¡real, real por D. Fernando!
Viniéronse las dos Infantas á Castro-Toraj, al amparo del Maestre y los caballeros de Santiago, que las guardaban y defendían por encargo expreso del difuuto Rey Alfonso.
Llegó por su parte el Rey D. Fernando hasta León, acompañado de su madre D.a Berenguela, que en Orgaz se le hizo encontradiza (i); y las opiniones divididas, los ánimos excitados y las armas dispuestas, parecían esperar tan solo la señal de una de aquellas sangrientas guerras civiles que á cada paso detenían la reconquista, y afirmaban más y más, á la sombra de la discordia, el yugo de los Sarracenos.
Así las cosas, cundió la voz por León de que la Reina D.a Berenguela abandonaba la ciudad para apaciguar por sí misma los ánimos y diri-
(i) El Rey San Fernando recibió la noticia de la muerte de su padre, en Andalucía, donde acababa de tomar á Montesa y al castillo de Montiel, y tenía puesto cerco á Jaén. Envióle allí postas D.a Berenguela, encargándole que lo abandonase todo y volviese al punto á Castilla. Salió ella misma á su encuentro; viéronse en Orgaz, y entraron juntos en Toledo, Avila, Medina, Tordesillas, Villalar y Magán; fueron luego por Villar de Frades y Toro, y se dirigieron después á León por Mayorga y Marcilla.
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mir en favor de su hijo, sin gota de sangre, la contienda.
Y como sobresaltase esto á los parciales de las Infantas, pues de todos eran conocidas la prudencia y habilidad de la Reina, llegóse al Conde D. Diego Díaz, hombre testarudo y fiero, un truhán de la casa del Rey, que llamaban Payo (i), y por ver de intimidarle, dióle muy
(i) La Crónica de Arlanza hace mención de este mismo truhán Payo, refiriendo el siguiente curioso suceso: «Y el Rey D. Fernando entró en Sevilla á ocho dias por andar de Noviembre del año del Señor de 1248 años, é quedaron en Sevilla muy gran parte de los moros que en ella moraban, é todos los grandes que con el Rey allí estaban, acordaron al Rey que se partiese para Castilla, é dejase allí algunos de ellos por guarda de la ciudad, é el Rey fué de este mesmo acuerdo. E acaeció, que un truhán que el Rey allí tenia, que se llamaba Payo, subió un dia á la torre que oy es de la iglesia, é miró toda la ciudad, é vido como los barrios que los cristianos tenían, que no eran la tercera parte de la ciudad, porque en cada uno estaba el pendón del señor que allí posaba, é como vio en quan gran peligro quedarían los cristianos que en Sevilla quedasen después de la partida del Rey, fuese para el Rey, é díxole: — Señor, pues Dios tantas mercedes te fizo, que te dejase ganar esta ciudad, ruégote que me fagas una merced, é sea esta, que mañana quieras comer conmigo, é que mandes á tus ricoshomes, que sean también mis convidados. — Y el Rey le preguntó que dónde habia de ser el comer. Y el truhán le respondió que encima la torre de la iglesia Mayor. Y el Rey le dixo cómo en aquella torre podría caber tanta gente. Y el truhán le dixo: — Señor, en aquella torrecilla que tú ves encima, que parece tan pequeña, cabrán cinquenta hombres, é más. — Y él dixo que comería allí, é el truhán se fué; é á la hora de comer el truhán vino á llamar al Rey y á los ricos-homes, el qual subió á la torre acompañado de todos