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Unidad 28 · FABLAS DE DUEÑAS 87
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FABLAS DE DUEÑAS 87
Valencia, frontera á Portugal, que más tarde se llamó de Alcántara.
Y fué gran maravilla que en todos puso devoción y pasmo, que con ser tan áspero el camino y sus penalidades tantas, ni un solo día dejó la Reina de rezar sus horas con alguno de los Prelados; y dos veces al día, al anochecer y al alba, cantaban en coro el Rosario de Nuestra Señora, sin detener la marcha, al modo de los rústicos de ahora.
Devoción esta muy nueva entonces, que había aprendido la Reina del mismo Santo Domingo de Guzmán, cuando la visitó en Burgos doce años antes de estos sucesos (i).
Hizo alto la comitiva en un montéenlo, como á un tiro de ballesta de las murallas, porque los vigías de la torre del Cubo dieron voces de alarma á la vista de aquella gente de guerra, y levantaron de golpe los puentes y cerraron las puertas.
Adelantáronse entonces cuatro jinetes con
(i) Santo Domingo de Guzmán vino á España en el año de 1218, y hallando á los Reyes D. Fernando y doña Berenguela en Burgos, les presentó la Bula de confirmación de su Orden, y les pidió licencia para fundar monasterios en Castilla. Así está historiado encima de la puerta alta de la iglesia Metropolitana de Burgos. De aquí pasó Santo Domingo á Segovia, donde dio principio al Monasterio de Santa Cruz. (Lupián Zapata.)
88 NUEVAS LECTURAS
D. García Fernández de Villamayor á la cabeza, y alzaron una lanza coronada de un capacete, que era señal de paz; alzaron otra los de la muralla, en la torre del Cubo, muestra de que la otorgaban, y con grandes voces requirió entonces D. García al alcaide de la villa Sancho Yáñez, para que abriese las puertas á la Reina doña Berenguela de Castilla.
Desplegaron al mismo tiempo los de la comitiva el estandarte real, de dobles astas, con moharras, y borlas, y rapacejos de seda y oro, y todo fué desde aquel momento en el lugar, gozo y alboroto. Sonó dentro gran ruido de trompetería, y poblóse como por ensalmo el adarve de hombres de armas.
Cayeron con gran estrépito los rastrillos de la puerta de las Huertas, que era la frontera, y desbordóse por ella, como torrente por exclusa que se abre, gran golpe de gente aclamando y voceando. Uníanse á éstos los que en aquella hora volvían de las faenas del campo, y en breve tiempo encontróse la comitiva en el puente, la Reina delante, rodeada de la muchedumbje que con ruda llaneza la aclamaba.
Abrióse paso entre todos un mancebo bien portado que llamaban Alvar Sánchez y era hijo del alcaide Sancho Yáñez, honrado viejo éste que adolecía á la sazón de unas muy rectas