Nuevas lecturas · Unidad 4 de 74

Unidad 4 · DOS JUANES 23

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DOS JUANES 23

lentísima Señora, Sa?¿ Juan de Dios, fundador y patriarca de aquella esclarecida Orden.

Y aquel clérigo predicador, que le aconsejó y guió con tan curiosas y peregrinas trazas, era nada menos que el apóstol de Andalucía en su época, consultor nato de todos los santazos de aquel glorioso siglo XVI.

Era, en fin, señora mía, el Beato Maestro Juan de Ávila, que acaba de beatificar, aún no hace dos años, Nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII.

# * :i:

Y aquí pondría punto final, Excma. Sra., dando ya por satisfecha su consulta y cumplido mi encargo, si no me creyese obligado á darla gracias muy reverentes por las hermosas fotografías que me ha hecho el honor de enviarme, con tanta bondad de su parte, como de la mía extrañeza.

La idea de retratarse V. E. vestida de religiosa es, en verdad, peregrina, y por tan famosa y devota la tengo, que me extraña y maravilla no se la aconsejase al propio San Juan de Dios, su sabio Maestro Juan de Ávila, como medio de propaganda mística.

Porque la verdad es que el cuadro mueve á compunción y resulta patético... Aquel claustro

24 NUEVAS LECTURAS

ico que se pierde á lo lejos en melancólico paisaje; la figura de V. E., todavía esbelta, arrodillada á los pies del devoto Cristo, y hasta los ondulantes pliegues de la cola del hábito, que con exquisito sentido estético no escogió V. E. entre los de monjas rabicortas, sino entre los de monjas de cola larga, claman y gritan y vocean el espíritu de humildad y desprecio del mundo que ha inspirado la composición artística, y la hacen medio el más á propósito para indicar los grados de preparación que tiene ya V. E. para recibir encargos del cielo.

Temóme, sin embargo, que cualquier impertinente de los que por ahí abundan, recuerde á su vista lo que cuenta D. Diego de Agreda y Vargas de un famoso predicador de su tiempo. Lo cual, por si el caso llega y quiere meditarlo V. E., le traslado sin quitar punto ni coma.

«Celebraba en la iglesia de un lugar una fiesta muy lucida cierto hombre que en achaques de su vida andaba mal reputado. Viole el predicador en el discurso de su plática, pintado en un retablo, de rodillas y muy devoto, y encarándose con la pintura, la dijo:

— Fulano; ó vivid como os pintáis, ó pintaos como vivís...»

Y con esto, señora mía, Dios me la guarde