Nuevas lecturas · Unidad 34 de 74
Unidad 34 · FABLAS DE DUEÑAS 99
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
FABLAS DE DUEÑAS 99
Encerráronse luego en la cámara de D.a Teresa, y á solas ambas Reinas tuvieron su plática primera. Expuso en ella la de Castilla, con rara discreción y tino, los derechos de su hijo D. Fernando á la corona de León, como primogénito del Rey difunto, primero; y por haber sido jurado y reconocido por éste cuando la ruptura de su segundo matrimonio, á mayor abundamiento.
Y dejándose llevar luego de su corazón de reina y de madre de sus vasallos — que tan cariñosa lo fué siempre — pintó con su natural elocuencia los fieros males que de la guerra habían de seguirse; los pueblos asolados, la sangre corriendo á torrentes, la gente llana oprimida, la altanería de los grandes en auge, la majestad real abatida, la fe cristiana humillada, y solo la morisma alzándose entre tanta discordia, gozosa y pujante.
Oíalo todo la santa Reina D.a Teresa con grave sosiego y atención muy profunda, anudando de vez en cuándo el cordón de su hábito, como para grabar algo en la memoria.
Y tan poderosas fueron las razones de la una Reina, y tan honda mella hicieron en el ánimo de la otra, y tan rectas eran las intenciones de ambas, que al terminar D.a Berenguela su plática, no hizo D.a Teresa réplica al-
IOO NUEVAS LECTURAS
gima en favor de sus hijas, ni mucho menos alegó razón ni derecho que se fundase en las armas de sus parciales ó en el testamento del Rey D. Alfonso.
Limitóse á decir á D." Herenguela, con humildad muy grande, que harto conocía estar la razón y el derecho por su hijo D. Fernando; pero que la permitiese meditar aquellas verdades á la luz de la oración y en la presencia divina, antes de dar una respuesta que pudiera tener fuerza de compromiso.
Accedió gustosa la Reina D.* Berenguela, y es fama que toda aquella noche la pasó en subida oración D.* Teresa, en la iglesia de Nuestra Señora. Y es fama también, y los cronistas antiguos lo aseguran, y los historiadores modernos lo refieren, que aquella misma noche, mientras oraba la santa Reina en Valencia, acaeció allá en León un extraño prodigio.
Y fué ello, que hallándose Diego Díaz, el más terco y poderoso parcial de las Infantas, desvelado en su lecho, oyó cantar los gallos antes del amanecer, y sintió á deshora un muy recio temblor en todo el cuerpo, y un como á modo de frío de cuartana, y vióse delante, cuando menos lo cataba, á San Isidoro bendito, cuya iglesia había tomado él por armas á nombre de las Infantas.