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Unidad 36 · FABLAS DE DUEÑAS J03
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FABLAS DE DUEÑAS J03
ciembre de 1230 (1), y así quedó consumado, por la industria y prudencia de dos santas ancianas, el hecho de más trascendencia política que registra la historia de España, desde la derrota de Rodrigo en el Guadalete, hasta la expulsión de los moros de Granada.
Honra y gloria todo ello, de aquellas ilustres Reinas que iluminaban con su piedad los cálculos de su política, y comprendían y practicaban esta máxima de un santo de tiempos muy posteriores:
«Emplead en vuestros asuntos cuantos esfuerzos y medios puede dar de sí la noble prudencia humana; mas nunca prescindáis de Dios, y encomendadle siempre el resultado, como si, no de vuestra industria, sino de su sola y so-
(1) Estas estipulaciones, aunque convenidas entre las dos Reinas en Valencia de Alcántara, no se firmaron sino en Benavente, adonde fueron las dos ilustres ancianas después de su entrevista, y adonde acudió también el Rey San Fernando, con sus dos hermanas D.a Sancha y D.a Dulce. Firmáronse, como en el texto queda dicho, á 1 1 de Diciembre de 1230, y fueron aprobadas por los Prelados y ricoshomes, y corroboradas por el Sumo Pontífice Gregorio IX. Terminado esto, quedóse en Castilla la Infanta D.a Sancha con la Reina D.a Berenguela, y tornóse á Portugal á su Monasterio de Larvaón la Reina Santa Teresa, llevándose á su otra hija D.a Dulce. Acompañólas el mismo San Fernando hasta Setúbal, donde tuvo una entrevista con el monarca portugués, á quien devolvió entonces el castillo de San Esteban de Chaves, que le había usurpado su padre Alfonso IX.
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berana voluntad dependiese. Cuidad, que hay aquí grave riesgo de particulares y polític Manus )iostrae excelsae et non tua, Domine, fecerunt Jiaec omnia (i), dijeron aquellos impíos, y les perdió su soberbia.»
Y sucedió entonces, que habiendo llegado á León aquellas venturosas nuevas, que la Reina D.a Berenguela se apresuró á enviar, acudieron al palacio muchos ricos-homes para besar la mano al Rey D. Fernando, y vino también entre ellos el Conde D. Diego Díaz.
Atisbóle el truhán Payo, en una cuadra de paso, frontera á la real cámara, donde posaban á veces las dueñas y damas de la Reina. Viole venir el truhán; guardóse tras D.a Urraca Pérez (2), ama del Infante D. Alfonso, que era muy obesa dueña, y pegado á su pellote, gritóle al Conde en son de fisga:
— Decid vos, D. Diego Díaz... ¿Doblan fablas de dueñas á las espadas loberas?...
(i) Nuestras poderosas manos, y no la tuya, Señor, hicieron todo esto.
(2) Así llama á esta señora el mismo Rey San Fernando, con motivo de una donación que la hace por haber criado á su hijo D. Alfonso. Vobis Urracae Pelri, finiría donus Alphonsi prijnogcniti ?;ici.