Nuevas lecturas · Unidad 37 de 74

Unidad 37 · FABLAS DE DUEÑAS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

FABLAS DE DUEÑAS

Mudóse la color al fiero Conde, mas reportóse prudente, y con harta mesura en el rostro respondióle muy pausado:

— Catad, don hi de mona, que dije fablas de dueñas que desollan á os homes, ó non fablas de sanctas que doblan fasta los cielos.

LA VIRGEN DE LA PALMA

Ll VIRGEN DE LA PALMA

(fragmento de un libro no terminado)

Madre y Señora, Mística Palma, Tú sola eres Nuestra esperanza.

RA D. Antonio Azlor un honrado viejo solterón, aragonés rancio de su tiempo, franco y campechano, caballero como el Cid, católico á machamartillo, devoto de la Virgen del Pilar hasta la exageración, y aficionado á las corridas de toros hasta la locura.

Segundón de la casa de Guara, habíase conquistado por sus méritos propios una posición brillante, que fiel al respetuoso culto de los nobles de aquel tiempo hacia el tronco de su casa, utilizó siempre en provecho de su sobri-

IIO NUEVAS LBC1 IRAS

no el Duque de Villahermosa, que lo era de la suya.

Nombróle Fernando VI su ministro plenipotenciario en la Corte de Viena, allá por los años de 1750, y tan prendado quedó de las virtudes y talentos de la Emperatriz María Teresa, que desde entonces hasta su muerte estuvo suscrito a todos los Mercurios y Gacetas de Viena, á pesar de que apenas entendía el idioma en que estos se hallaban escritos; y como en 1765 afligiese á aquella señora una grave dolencia, mandó D. Antonio hacer por su cuenta rogativas á la Virgen del Pilar hasta su completo restablecimiento. «Admito gustoso, escribió entonces á su sobrino Villahermosa, la enhorabuena por el restablecimiento de la Emperatriz-Reina, de que es cierto que me he alegrado mucho, pues no ignoras cuántos motivos tengo para celebrarlo.»

Quedó Fernando VI muy satisfecho de los servicios de D. Antonio Azlor en Viena, y después de llamarle á Madrid y admitirle con mucho agrado á besar su real mano, envióle de gobernador político á Cádiz, adonde llegó á mediados de Octubre de 1755, á Dios gracias, según escribe él á su sobrino, y sin ningún contratiempo, después de doce dias de viaje y dos vuelcos de coche.

A los pocos días, una catástrofe horrenda,

LA VIRGEN DE LA PALMA III

que según escribe D. Antonio á Villahermosa, veinticuatro días después del suceso, yW el mejor bosquejo que puede darse del día del juicio, vino á poner á prueba las dotes de mando del nuevo gobernador político.

En la mañana del i.° de Noviembre de 1755, fiesta de Todos los Santos, sintióse de improviso un temblor de tierra, cuya violencia fué creciendo poco á poco, hasta derribar algunas casas y estremecer los más sólidos edificios con violentos vaivenes: mitigóse después lentamente con extraños y pavorosos ruidos y grande espanto de todos, durante todo ello por espacio de diez minutos.

Alborotóse la ciudad, y las gentes corrían por las calles espantadas, y acudían á refugiarse en los templos, dando alaridos de terror y clamando á Dios misericordia. Un viejo, de todos conocido, que vendía langostinos y bocas de la Isla, gritaba arrodillado en la puerta de San Francisco:

— ¡Señó! ¡Señó!... Si esto es castigo para los de Cáiz, que yo soy de Chiclana!

Con lo cual, los gaditanos, poco sufridos en medio de su terror, y creyendo importuna burla lo que solo era sencillez de aquel desgraciado, atropelláronle é hiriéronle sin piedad, dejándole muy maltrecho.