Nuevas lecturas · Unidad 41 de 74
Unidad 41 · EL SALÓN AZUL
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
EL SALÓN AZUL
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EL SALÓN AZUL
(HISTORIA maravillosa)
Che pavore!...
N la curva que forma el Cantábrico entre San Sebastián y Guetaria, se asienta un pueblecillo pintoresco, mitad labriego, mitad marino, que reclina la cabeza en el arranque de la montaña, y extiende los pies sobre la playa, para lavárselos en el mar. La moda soliviantó, hace años, los cascos á este honrado guipuzcoano, y desde entonces, sin abandonar los aperos, ni dejar los remos, ni perder tampoco su sano perfume de manzanas y mariscos, vístese por el verano el smokin y la corbata blanca, y recibe en sus lindas casitas y elegantes villas á buena parte de
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la sociedad más Inippce madrileña. Faltábale al pulido labriego vasco un toque de supremo buen tono, y dióselo al cabo la proximidad de la corte en los meses del estío: desde entonces acuden á él todos los Metternichs más ó menos chiquititos que nos mandan las naciones extranjeras, y anidan allí embajadores, y se bañan plenipotenciarios, y se encuentran á cada paso rubias secretarias corriendo en bicicleta, y esbeltos agregados formando con sus cañas de pescar los dos lados iguales de un triángulo isósceles.
Por Agosto de 189** hallábase el pueblecillo aristocrático y labriego, marino y cancilleresco, en el grand complet de diosas y dioses del Olimpo nobiliario, divinidades más ó menos tunantes del calendario diplomático, y deidades de menor cuantía, de esas que no escalan el Olimpo, como los Titanes, porque les falta estatura, pero que lo invaden sin que se sepa cómo ni por dónde, y allí bullen y se agitan y aun alborotan, y si no son siempre las que más brillan, son á veces las que más escandalizan. Abundaban, pues, las fiestas, bailes y tertulias, con su séquito correspondiente de chismes y piques, historias y murmuraciones, y en este hervidero caí yo, mísero mortal, el 23 de Agosto, muy entrada ya la noche. Llevábanme asun-
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tos muy urgentes, y era mi ánimo dormir en casa de un muy grande amigo mío, y marchar al día siguiente de mañana, para Deva y Bilbao con otro amigo que veraneaba también en el acicalado villorrio.
No corría entonces el ferrocarril que hoy existe, y las diez daban pausadamente en el reloj de la parroquia cuando se detuvo mi coche, muy cerca de ésta, ante el vetusto palacio de mi amigo. Nada más triste que la entrada y el aspecto de esta antiquísima mansión señorial, que recuerda por lo artística y sombría una decoración de ópera romántica... Un gran parque semicircular de árboles seculares frondosos y copudos, sombreado en parte por la negra mole de la iglesia; bancos rústicos, un lago y una antigua cruz de piedra cubierta de yedra, á cuyo pie parecen resonar las lastimeras notas de Alice:
Mira il cielo che t'attende,
y las desgarradoras de Roberto:
¡Ah, pietá, pietá, di me!...
En el fondo el sombrío palacio, de carcomidos sillares, con sus balcones de pesado herraje, su enorme escusón en que campean cuarteles de las primeras casas de la Grandeza, sus pun-