Nuevas lecturas · Unidad 43 de 74
Unidad 43 · I2Ó SUEVAS I K<"| TRAS
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I2Ó SUEVAS I K<"| TRAS
parque, con los cristales también abiertos y las persianas entornadas para dar entrada al fresco de la noche. Frente al balcón, y en el centro del testero opuesto, había una preciosa cama del siglo XVII, muy alta, con puntiagudos remates y caprichosas labores de ricas maderas y bronces dorados. A la derecha de ésta, una chimenea de mármol negro y una disimulada puertecilla de escape que daba al cuarto de P*i:, el cual se comunicaba á su vez por otra puertecilla idéntica con el de su hermano X**. Los cortinajes y sillería eran de reps de seda muy claro, con flecos y anchas franjas moradas de terciopelo, y entre el balcón y la cama había una mesita de escribir, sobre la cual ardía la lámpara á cuya luz rezaba yo los maitines de San Bartolomé correspondientes al 24 de Agosto, aniversario de histórica y terrible catástrofe, misteriosamente empalmada con la espantable visión que iba á presentarse ante mis ojos.
Los ausentes tardaban, y terminado mi rezo, ocurrióseme examinar aquel misterioso salón azul, que no había yo de olvidar nunca, por muchos años que viviese. No se notaba allí el lujo que reinaba en el resto del palacio: la tapicería azul parecía desteñida, y pálido y marchito resultaba también este mismo color azul en los muebles y cortinas rameados de blanco. Tenía
EL SALÓN AZUL 127
el salón una puerta á la ancha galería que da vuelta á todo el palacio, y otras dos muy grandes frente á frente: era una la de mi cuarto, y daba la otra á las habitaciones ocupadas por la Reina D.a Isabel II, las varias veces que se hospedó en aquel palacio, cerradas entonces y amuebladas siempre, como si esperasen aún á la augusta huéspeda. Colgaban de las paredes varios cuadros y retratos antiguos, de los cuales llamaron mi atención tres de ellos. Fué el primero uno muy grande, italiano, oscurecido todo por la patina: representaba el sueño de Jacob, y veíase en primer término al Patriarca, muy blanco y rubio, guapo y repolludo, con coleto de ante ceñido á la cintura, nagüetas recamadas y al aire las piernas, durmiendo como en colchón de plumas sobre los pelados riscos. En el fondo veíase la escala mística, por donde subían y bajaban rechonchos angelitos, y en el último peldaño apoyábase un diminto Padre Eterno, que parecía vigilar las subidas y bajadas de la celestial chiquillería con la mano levantada y el dedo tieso, como imponiendo orden y silencio.
A derecha é izquierda de las habitaciones de la Reina, y frente á frente por lo tanto de la mía, había dos retratos muy notables. El de la derecha, de primorosa factura y estilo muy antiguo,