Nuevas lecturas · Unidad 48 de 74

Unidad 48 · I36 NUEVAS LECTURAS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

I36 NUEVAS LECTURAS

cogió el rabo del judío... Los demonios tiraban, tiraban, y arrancaron el rabo, que cayó dentro... Entonces, andando el rabo como una serpiente, se metió en un agujero del cuarto... El señor Marqués — ¡pobrecito! — lo vio todo, yerto, yerto, y del susto fundó las Beatas allá en la huerta... Por las noches viene el judío buscando su rabo, y los demonios defienden, y hay combate, y gritos y porrazos, y ya está todo pues...

— ¿Pero á qué vino allí ese judío?

— A robar las alhajas de la iglesia... y engañó al señor Marqués, y dijo que era cristiano, y escondió las alhajas en un rincón de aquel cuarto, y por eso el rabo corría, corría, á meterse en el agujero con lo robado... Los judíos son avariciosos pues — concluyó el Hermano sentenciosamente.

Despertóse mi curiosidad con gran viveza, porque aquel rabo que corría, y aquel tesoro escondido en el mismo agujero, parecíanme tener grandes puntos de contacto con aquel ruido y aquella luz que había yo visto correr juntos y apagarse á la vez en el mismo rincón del misterioso aposento. Parecióme, pues, descubrir en todo esto la pista de una de esas tradiciones que se encuentran entre el pueblo bajo, llenas de errores y absurdos, como se encuentran en una excavación antiguos objetos artísti-

EL SALÓN AZUL 137

eos, cubiertos de herrumbre y de barro: y así como limpios estos de toda inmundicia aparece á los ojos del anticuario el arte de otras edades, así también despojadas aquellas de sus errores y absurdos se encuentran remotos hechos, ciertos y comprobados, interesantes á veces para la historia. Este trabajo de depuración propúseme yo hacer con el rabo del judío, estimulada muy justamente mi curiosidad por lo extraño y maravilloso que yo mismo había visto.

Desgraciadamente no pudo el buen Hermano ampliar sus noticias: pregúntele la fecha del maravilloso suceso, y me contestó:

— Miles y miles de años hace.

Díjele si era muy conocida aquella historia, y con un movimiento amplio y redondo de la mano y del brazo, como si fuese á bendecir urbi et orbi, respondió:

— Hasta los no nacidos conocen...

A mis demás preguntas encogíase de hombros, ó contestaba á veces mostrando siempre la chocolatera:

— Chiquito, chiquito como este era yo entonces.

Pregúntele también si conocía en el pueblo alguna persona que pudiera dar razón exacta de esta historia, y después de un momento de reflexión, dijo con aire de triunfo: